EL RIESGO DE SABER DONDE IR

EL RIESGO DE SABER DONDE IR

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El miedo al fracaso nos impide a veces luchar para conseguir aquello que deseamos, por grande que sea el anhelo de conseguirlo. La comodidad nos incapacita para reaccionar ante lo contrario a nuestras aspiraciones. La desesperanza mutila todo intento de realizar las quimeras que soñamos. Y el cansancio inhabilita la voluntad de alcanzar los proyectos que ambicionamos.

Esa es la realidad: miedo, comodidad, desesperanza y cansancio, son los ingredientes del cóctel que alimenta nuestra frustración, y el alimento que nutre la desgana para caminar en la dirección correcta que nos llevaría al lugar donde veríamos cristalizadas nuestras aspiraciones.

Solo arrojando por la borda el lastre del pesimismo, la desgana, el desánimo y la desconfianza en nosotros mismos, lograremos alcanzar ambiciosas metas que fortalezcan nuestra identidad personal, acercándonos a la realidad sustantiva individual que aspiramos ser, sin contaminaciones externas derivadas de flujos e influencia que determinan nuestros comportamientos.

Ser más nosotros mismos sin injerencias extrañas es ambición legítima, como legítimo es encender nuestra vela en la oscuridad sin apagar la encendida por otros, sino colaborando a dar más luz a todos aquellos que caminan con el cirio apagado siguiendo el rastro de las velas que van delante.

Pero sabed que tener claro el camino a seguir y seguirlo abriendo paso a los demás, tiene el peligro de ser condenado por quienes van en dirección contraria, y el peligro de ser amordazado si los opositores tienen el poder, la fuerza y la voluntad de invertir el rumbo de los rebeldes.

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