Condeno la pena de muerte con la misma fuerza que rechazo la pena de vida para las personas que expresan libre y conscientemente su voluntad de ser ayudados a dejar este mundo sin dolor y cuanto antes, cuando el revisor del tren de la vida les ha picado el billete para el gran viaje, porque nada reporta el sufrimiento gratuito si el dolor no lleva a curación alguna, ni cuestiona la sagrada misión del médico por salvar la vida del enfermo, cuando ésta es insalvable.

No conozco persona desenfadada, indulgente, bienhumorada y feliz ocupada en hacer daño a los demás. La maldad, el rencor, la incapacidad de perdón y el espíritu vengativo son propios de espíritus infelices y moralmente mediocres que dañan a los demás, sin percibir que el perjuicio ocasionado es un búmeran que los hunde cada vez más en la infelicidad, la frustración y la amargura.

La comida de ayer me trajo recuerdos infantiles de “cuarto y mitad”, “cuartillo”, “perras” y “rubias”; “ultramarinos” con olor a especias, donde se cortaban las bacaladas con enorme cuchillo, pesadas en la “romana”; “mandiles” y “fardeles”; aceite servido a golpes de émbolo y manivela; “achicoria” despistando al café; licorería de “quinados”; y “cocidos” en pucheros templados con carbón, en fogones encenizados.

No confundir domicilio con vivienda, ni casa con hogar, ni hospedaje con morada, ni cocina con fogón, ni intimidad con cama, ni confidencia con charla, ni vistazo con mirada, ni queja con suspiro, ni caricia con palmada, ni mirar con ver, ni oír con escuchar, … porque el amor altera diccionarios, conceptos y palabras.

No quiero ilusionarme con que el nuevo año detenga la rotación de la Tierra para que se baje de ella todo lo indeseable, porque volverán las oscuras golondrinas, habrá equinoccios y solsticios que marcarán los biorritmos, las modas fijarán los atuendos, las tradiciones mantendrán sus costumbres, las enfermedades dolores y las muertes quebrantos; pero también habrá quien merezca un abrazo, alguien que sentar a nuestra mesa y la felicidad seguirá manando en la fontana del amor.

Sabemos que algunos libros no volveremos a leerlos; que ciertas miradas nunca las recobraremos; que los desfiladeros de la piel olvidarán las caricias; que la soledad acompañará las vigilias del insomnio; que habrá encrucijadas donde perdamos lo inalcanzable; y ecos de voces perdidas vibrando en la memoria; pero esto no debe malograr la esperanza en redentores guiños inesperados de la vida.

Un organismo vírico microscópico, dependiente y simple, formado solamente por ácidos nucleicos rodeados de proteínas, tan limitado que necesita las células que invade para reproducirse, nos ha volteado la vida, haciéndonos comprender que la salud es más importante que el armamento y la investigación el camino al bienestar. Pero no os hagáis ilusiones porque quienes tienen que saberlo siguen sin enterarse de ello.