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Etiqueta: corruptos

CANSANCIO

CANSANCIO

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Un entrañable amigo activista, que se ha dejado la piel por los demás en mil combates, me confesaba ayer con dolorida frustración su cansancio por tanta lucha estéril y esfuerzo baldío, con la toalla de la mano, a punto de arrojarla sobre el cuadrilátero social y retirarse a un lugar perdido donde el sol marque el horario de su jornada.

Cansado está mi amigo y cansados estamos muchos de ver las cicatrices que deja el látigo en la espalda, tornándose en profundos cortes sobre la piel de la miseria, en camillas abandonadas en pasillos de hospitales, colas del paro, contenedores de supermercados, tribunales de la pobreza, interminables desahucios y corruptas sonrisas a las puertas de los juzgados, mientras los mandamases discuten sobre líneas rojas, las suyas, claro, no las del pueblo que contempla atónito el esperpento.

Cansados estamos de ver tantos lobos humanos merodear por los consejos financieros de administración, tantos depredadores en libertad, tantos elefantes en cementerios institucionales y tantos carroñeros blindados ante la justicia, mientras nuestros mandamases discuten poltronas en abrigados despachos.

Cansados estamos muchos de gritar por los que callan, de clamar por conseguir lo que sería innecesario pedir, de echar abajo las tapias de las baldosas y de componer manos rotas, mientras los mandamases van con orejeras por la calle sin mirar al pueblo que ocupa las aceras, ni oír sus abucheos.

Cansados estamos de la corrupción que nos corrompe el alma, del cinismo de los corruptos, de la impunidad de los corruptos, de las risas de los corruptos, de la coraza de los corruptos y de la complicidad de los corruptos, mientras los mandamases debaten sobre la supervivencia de los batracios en el Orinoco.

Cansados estamos de ver como se juega al escondite con la ilusión de un pueblo que soñaba con recuperar el futuro, viendo ahora que la esperanza en la resurrección colectiva se esfuma al silbo de intereses que nadie comprende, en mesas de negociación donde se posterga el innegociable rearme moral que la sociedad necesita, uniendo todos los esfuerzos para conseguir el bienestar que deseamos.

¿DEMAGOGIA, SEÑOR DIPUTADO?

¿DEMAGOGIA, SEÑOR DIPUTADO?

Paro

En un momento de enajenación mental transitoria, tan frecuente en ciertos políticos, uno de ellos ha declarado que es demagógico hablar de millones de parados porque todo el mundo sabe que no es cierto debido al trabajo negro que la encubre, añadiendo que nadie se come los puños de hambre en este país, lo cual es cierto porque no es posible llegar con los dientes a esa articulación.

Si él y los que con él mueven los hilos de las marionetas que deambulan por la piel de toro, dicen que «España va bien», será que tienen razones para negar una realidad que hace daño a la vista. Pero querríamos que este visionario nos respondiera a una pregunta, al hilo de sus declaraciones sobre la demagogia que existe con el paro en su país, que casualmente es el nuestro, para que mire hacia donde está verdaderamente el engaño.

¿Es demagógico decir que con el dinero despilfarrado en obras faraónicas paralizadas; con los euros que gastamos en el inoperante cementerio de elefantes que representan el Senado y las innecesarias Diputaciones; con el dinero robado a las instituciones por los corruptos y con los eurazos entregados a las Cajas de Ahorro junto a multimillonarias indemnizaciones a los cajeros y pensiones vitalicias otorgadas por ellos mismos, se hubieran evitado todos los injustos recortes en sanidad, educación, justicia y dependencia?

Demagogia es lo que usted hace, señor diputado, con un cinismo que espanta incluso a los propios depredadores que comparten con usted mantel.

EVIDENCIAS Y PRUEBAS

EVIDENCIAS Y PRUEBAS

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Todos los mortales, salvo los jueces, sentenciamos sin temor a equivocarnos que un líquido blanco embotellado dentro de una vasija, es leche fija. No necesitamos más pruebas, ni controles, análisis o reconocimientos, para tener certeza absoluta sobre el contenido del recipiente.

Los jueces, no. Bueno, sí; pero para dictar sentencias condenatorias necesitan pruebas delictivas que el sentido común de los ciudadanos pasamos por alto, porque nos rendimos a la evidencia de unas circunstancias concluyentes para profanos y lerdos en Derecho, aunque sepamos los derechos constitucionales que asisten a todos los ciudadanos, incluso a los delincuentes.

Es decir, que los jueces no pueden condenar a nadie si carecen de las pruebas que acrediten el delito. Esto es así por mucho que nos empeñemos en defender que las infracciones evidentes no necesitan señales y que un juez puede obviar las trampas legales para sancionar fechorías percibidas hasta por el más tonto del vecindario, aunque por esa ventana se escapen muchos delincuentes de guante blanco, ciertos políticos astutos y abundantes cínicos sin escrúpulos.

Esto es algo que sorprende a los ciudadanos, a los animales domésticos, a las plantas silvestres, al empedrado de las calzadas romanas y a las truchas de los ríos, pero también a los propios jueces que ven con frustración conculcados sus propios deseos por la ley que tienen obligación de respetar, aunque algunas veces este respeto les cueste sangre, sudor y lágrimas al redactar sentencias absolutorias a consumados corruptos, defraudadores, evasores, corruptores y tramposos que se les escapan de las manos por rendijas legales abiertas en las leyes que deben aplicar.

HÁBITAT CORRUPTOR

HÁBITAT CORRUPTOR

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De la misma forma que no es posible la existencia de osos polares en zonas ecuatoriales, porque el hábitat natural para la supervivencia de estos mamíferos exige bajas temperaturas propias de zonas heladas del hemisferio norte, no sería posible la corrupción que nos invade si el medio social en que se desarrolla no permitiera su existencia.

Es decir, en contra de la culpabilidad que muchos atribuyen de la corrupción a corruptores que corrompen y a corruptos que se dejan corromper, ni unos ni otros hubieran proliferado como hongos en otoño si el ambiente social no les hubiera facilitado el crecimiento, como hacen las arenosas dunas del Sahara impidiendo que broten setas en ellas.

Tampoco es cierto que la corrupción forme parte de la condición humana, como el error y los demás atributos que definen a los seres racionales, pero tan nefasta cualidad estaría reprimida y controlada si el clima social impidiera su crecimiento, rociando con spray moral hasta el último rincón, como hacemos en los hogares para exterminar insectos y roedores.

Resolveremos el problema cuando en la sociedad domine una cultura de honestidad, compromiso moral, ética social, solidaridad compartida y generosidad fecunda, lo cual no es previsible que suceda mientras tengamos grotescas princesas del pueblo, basura en los televisores, especuladores sin escrúpulos, leyes con rendijas, usureros de guante blanco, politiqueros en los escaños, periodistas manipuladores y ciudadanos aplaudiendo a los defraudadores a la puerta de los juzgados.

No obstante, podemos ir cerrando algunas vías de agua putrefacta, saneando el espacio social público con fuerzas y cuerpos de seguridad que pasen la bayeta por todos los rincones, sellen las grietas y pongan ratoneras para que nadie escape de las togas judiciales, para que estas  sacudan el polvo social con todos los ácaros que lleva dentro en una isla desierta donde se extingan corruptos y corruptores.

DERECHO A PROTESTAR

DERECHO A PROTESTAR

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Los intentos del Gobierno por impedir manifestaciones ciudadanas, silenciar protestas públicas y censurar ciertas opiniones vertidas en redes sociales, van por el camino de la represión pura y dura, que tan nefastas consecuencias tiene para represores y reprimidos, como ha demostrado tantas veces la historia a lo largo de los siglos.

Pretender superar un conflicto con leyes opresivas que autoricen detenciones arbitrarias, pelotazos mutilantes y porrazos magullantes, es algo tan inútil como intentar navegar bajo el mar en un submarino descapotable, porque la solución a los problemas no está en el palo limpio, sino en la intervención directa sobre el origen del conflicto, erradicando su causa.

Dado que la disgregación de los trabajadores y la falta de unión ciudadana provoca una sensible desigualdad de fuerzas entre opresores y oprimidos, a los rebeldes no les queda otro recurso que la protesta en forma de pataleo, vociferio, insulto, blasfemia social y palabra injuriosa contra los causantes de la desgracia y el pequeño grupo de estafadores y corruptos beneficiarios de su infortunio.

Cuando se ha perdido el trabajo y el sueldo en la maleza de recortes y guadañazos legalmente limpios y humanamente insolidarios, al mutilado apenas le queda su voz para gritar, y nadie puede quitarle el derecho a desgañitarse clamando justicia social en las pancartas y redes sociales.

Quien carece de mendrugos para llevarse a la boca reseca, está indultado por el séptimo mandamiento. Para quien pierde injustamente lo que es suyo, la lucha es inevitable. Cuando se desgarran los ojos de dolor y el llanto se hace sangre, la violencia sustituye a las palabras, por mucho que los privilegiados se rasguen las vestiduras y proclamen el Estado de Derecho que solo les protege a ellos.

CON MI VOTO, NO

CON MI VOTO, NO

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En este día de reflexión, previo a las elecciones que se celebrarán mañana al Parlamento Europeo, voy a reflexionar en voz alta expresando a los amigos de este blog el sentimiento que me embarga, ante la negrura que nos rodea, sin más redención que el borrón y cuenta nueva, aunque nada sepamos de las nuevas cuentas que nos esperan.

Nadie duda que las elecciones serán un éxito rotundo para los partidos políticos porque así lo deciden ellos, como beneficiarios de los resultados electorales, aunque introduzcan su papeleta en las urnas media docena de ciudadanos, porque en sus análisis reflejarán el porcentaje de votos obtenidos, en función de los emitidos, como sucedió, por ejemplo, en las últimas elecciones generales del 20 de noviembre de 2011, que aparentemente ganó el PP con 10.866.566 de votos, cuando la abstención y el voto en blanco obtuvieron la victoria con 11.446.511 papeletas, sin esto haya sido tenido debidamente en cuenta por los partidos políticos.

Es opinión generalizada que se está produciendo en la sociedad una degradación moral de grueso calibre, donde los políticos mienten con vergonzante descaro, los banqueros especulan con la miseria ajena, la impunidad de los estafadores humilla la justicia, el desprecio a los desfavorecidos se salva con golpes de pecho, la prepotencia de los imputados impulsa la ira del pueblo, los corruptos y corruptores se mantienen en sus puestos y los defraudadores son vitoreados a las puertas de los juzgados.

En un Estado democrático, esta degeneración solo puede combatirse en los juzgados y  negando el voto a quienes la han provocado con sus actuaciones, silencios, omisiones y ambiciones. No puedo aceptar que todos los políticos sean corruptos, pero mantengo la convicción de que todos son cómplices de lo sucedido, unos por acción, otros por omisión y la mayoría por el silencio guardado ante las fechorías cometidas por otros, permaneciendo inmóviles a la espera de salir en la foto.

Dicho esto, que cada cual haga lo que dicte su conciencia y aconseje su entendimiento, sin atender las peticiones de los beneficiarios de su voto. Por mi parte, pasaré el día con Saramago, releyendo su ensayo sobre la lucidez, revisando la Ley D’Hont y meditando bien la opción que tomaré, antes de acercarme a la urna para depositar en ella mi voto.

PERPLEJIDAD

PERPLEJIDAD

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Las cosas que suceden en este país están dejando perplejos a muchos ciudadanos y sin capacidad de respuesta, inmovilizados por un asombro que aturde su ánimo, ante los detestables hechos que presencian atónitos frente a la pantalla de la vida.

Que algunas esposas de presuntos corruptos ignoren las andanzas de sus maridos es defendido por ciertos políticos y publicistas; pero que sean expulsados de la carrera judicial los magistrados que pretenden encerrarlos, es aplaudido por ellos.

Que el presidente catalán desprecie la Constitución y otras Instituciones no provoca una respuesta contundente del Gobierno; pero que los ciudadanos se manifiesten en defensa de sus derechos fundamentales requiere una ley mordaza por vía urgente.

Que el rey se hayan hecho multimillonario en poco tiempo contando con empresarios amigos íntimos que han dormido en chirona, no inquieta al personal; pero que algunos ciudadanos enarbolen banderas tricolores por la calle merece castigo.

Que politiqueros, sindicalistos, cajistas y empreSSsarios estén en el punto de mira de la justicia no preocupa a políticos, sindicalistas, cajeros y empresarios; pero estos se rasgan las vestiduras ante las críticas que reciben los tramposos del gremio de cada cual.

Que las mentiras políticas de colores varios lanzadas desde las tribunas atonten a los ingenuos no está bien; pero que la amnesia les lleve de nuevo a las urnas con la papeleta en el bolsillo y la sordera en la Trompa de Eustaquio parece grave.