DETESTABLES EVASORES

DETESTABLES EVASORES

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Las evasión de capital en España, protagonizada por banqueros, empresarios y políticos, defraudadores que no merecen el asfalto por donde ruedan sus lujosos coches pues las autovías han sido pagado con dinero de los demás, me estimula a recordar que la evasión de capitales ha sido ejercida por milmillonarios de diferentes colores y déspotas que no merecía lo que robaron al pueblo.

No sabemos si algunos de los grandes dictadores del siglo XX guardaban aseo personal en su vida doméstica, pero tenemos la certeza de que viajaban temporalmente a la lavandería helvética para enjuagar el dinero robado en sus países, hasta dejarlo bien limpio de polvo, paja y tributos.

El escritor suizo Jean Ziegler declaró en su día que Irán pagaba las armas que compraba a Ronald Reagan, con heroína y morfina que se vendía en los sótanos bancarios de Zurich, donde quedaba depositado el dinero de tan ilegal y macabra compraventa.

Los ingenieros financieros suizos se han encargado de eliminar todo rastro del dinero allí depositado por dictador nicaragüense Somoza. Igual pude decirse del haitiano Duvalier, del congolés Mobutu, del maliense Traoré y el mexicano Salinas, cuyo hermano Raúl era conocido en el país azteca como el “señor del diez por ciento” por todo lo que se llevaba en comisiones de los solicitantes que participaban en las privatizaciones de servicios públicos,  y proteger a los mafiosos traficantes de drogas.

Capítulo aparte merece el filipino Marcos, que llegó a tener mil quinientos millones de dólares escondidos en cajas fuertes del país helvético, donde había colocado al cónsul de Filipinas en Zurich, como director del Crédit Suisse.

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