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MÁS ALLÁ DE LA VEJEZ

MÁS ALLÁ DE LA VEJEZ

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En la antesala del gran viaje, cuando se abandona la vejez, la madurez queda atrás, la juventud es imposible anhelo y la infancia un recuerdo olvidado, es buen momento para dar un paso hacia delante y recoger los frutos que la experiencia ha dejado en el fardel de la vida y compartirlos con quienes van de camino hacia la estación término.

Pasada la vejez conviene hacer reparto de bienes y advertir de lo que espera, porque la sabiduría acumulada no está en libros ni manuales, sino en páginas de vida que cada cual debe ir leyendo mientras pasa por renglones de años con la esperanza en vilo, porque nunca se sabe el destino que el azar tiene reservado.

Un querido amigo que ya ha pasado la frontera de la vejez, me confesaba el otro día que en la sala de espera donde se encuentra ya no preocupa el dinero, ni la opinión ajena, ni el miedo al error, ni el descanso de la libido, ni la persistencia del insomnio, ni el cansancio crónico, ni la torpeza de los gestos, ni las novedades tecnológicas, ni la memoria perdida, ni las modas, el dolor, la sordera, el reúma o la muerte. No, ni siquiera perturba la muerte inevitable que espera inquieta.

Preocupa la invalidez postrada, la dependencia de otras manos que laven, ayuden, guíen, levanten, acuesten, alimenten y acaricien. Molesta la subordinación a deseos ajenos. Aflige el sometimiento obligado a otras voluntades. Desazona la ingratitud de quienes todo los recibieron de uno y nada devuelven ni agradecen. Turba la soledad, conmueve el abandono y entristece saber que se está en el peor momento de la vida.

SOMOS VEINTICUATRO ÁTOMOS

SOMOS VEINTICUATRO ÁTOMOS

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Al margen de las creencias personales y de la fe de cada cual, nuestro cuerpo está constituido íntimamente por partículas muy pequeñas formadas hace miles de millones de años, a las que hemos llamado átomos, algunos de los cuales llevan vagando por el Universo desde el famoso Bing Bang.

En cambio, desconocemos la ubicación y propiedades físico-químicas de la sustancia espiritual e inmortal que algunas religiones y culturas han dado en llamar “alma”, como principio esencial que protagoniza el dinamismo inconsciente, vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida.

Por otro lado, la intangible sabiduría humana se encuentra ubicada en un órgano corporal de unos quince centímetros de altura, veinte centímetros de largo y otros tantos de ancho, que pesa kilo y medio y tiene una superficie cortical de dos mil centímetros cuadrados, al que damos el nombre de cerebro.

Siendo las células fronteras de la vida y el escalón más bajo de esta, la bioquímica nos dice que los cientos de miles de millones de células que forman el cuerpo no son más que minúsculos ladrillos vivificadores que edifican la corpórea realidad humana utilizando solamente veinticuatro átomos, – y solo veinticuatro átomos imperecederos -, de los 110 conocidos hasta ahora.

Ellos son la materia que quedará en las cenizas del horno crematorio cuando nos incineren o en el lecho de las tumbas en el enterramiento, porque la igualdad de composición íntima de nuestro cuerpo nos identifica e iguala, socializando la realidad que somos, sin distinción de raza, patrimonio, sexo, color de piel, poder o ansia de eternidad.

EL PLACER DE APRENDER

EL PLACER DE APRENDER

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Entre las complacencias que nos brinda la vida, ocupa lugar preferente el gusto por aprender, la fruición por desentrañar lo desconocido, el placer de interpretar la realidad, la satisfacción por comprender el mundo y el deleite al descifrar el misterio, siendo el aprendizaje un estímulo para dar con las claves que conducen al bienestar interno.

Puede aprenderse lo desconocido en el seno de la hermética organización escolar o en la sabia y libertaria escuela de la vida que nos enseña a vivirla de forma placentera, aunque algunas veces tengamos que esforzar la vista espiritual para leer la letra pequeña que figura en el reverso de sus páginas negras.

Si de mí dependiera, pondría en el frontispicio de todos los centros escolares el lema: “Aprended más de lo que sabéis, para ser más felices de lo que sois”, porque el conocimiento conduce inevitablemente al placer, abriendo las puertas a la verdadera felicidad que no puede adquirirse en taquilla alguna.

La gozosa esperanza de saber algo nuevo alienta nuestro ánimo hacia el aprendizaje, porque son pocos los placeres comparables al inagotable conocimiento de lo ignorado, sabiendo que nunca llegaremos a saberlo todo individualmente, pero con la seguridad de que entre todos llegaremos a conocer lo que personalmente ignoramos.

La búsqueda de la sabiduría es una tarea fascinante y divertida que nos obliga a leer con ojos del alma y sin premura; a oír los sonidos del espíritu en la quietud del silencio; a conversar con el viento profeta de bonanza; a oler el aroma de las cosas hermosas; y acariciar con suave tacto las novedades que cada día nos ofrece al despertar.

Pero la experiencia vital del aprendizaje exige estar muy despiertos para saborear los hechos y degustar momentos que enriquecen nuestra cultura, sabiendo que no podremos transmitirlos en la clave genética que heredarán nuestros descendientes, porque todos los conocimientos que atesoramos a lo largo de la vida, se irán con nosotros el día que emprendamos el gran viaje que a todos nos espera.

HE PASADO LA TARDE CON BORGES

HE PASADO LA TARDE CON BORGES

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Recogido en un sillón, a la luz de una pequeña lámpara iluminando imágenes, versos y palabras, acompañando el silencio con Albinoni y paralizando el tiempo, he pasado la tarde recreándome con el descreído Borges, sin otra ocupación que abandonar mi alma en el remanso de los versos, alimentar mi espíritu con sus reflexiones y empapar la mente de sabiduría con sus palabras, compartiendo juntos el sabor especial, nuevo, único y desconocido de la muerte, que ayuda a bien morir.

Todo sucedió sin proponérmelo ni previo aviso, como si hubiera estado dispuesto de antemano por capricho del azar o extraño sortilegio, que permitió a mi curiosidad alentar el milagro casual del encuentro, a sabiendas de que los libros mueren en las estanterías hasta que encuentran lectores que les dan vida.

Se produjo el encuentro con el argentino al intentar hacer sitio en la estantería a un libro enviado por mi amigo Pedro desde lejanas tierras, cuando fue requerida mi atención al rozar con la mano un libro vecino en el modesto anaquel donde descansan textos que no volveré a leer, como nos anticipó Borges en su inolvidable poema “Límites”.

Así volvieron a desempolvarse en la memoria emotivas palabras sobre la ceguera. Se reagitó mi cultura occidental con el inquietante cabalismo tradicional judío. Despertaron del olvido milenarios pensamientos budistas. Y la poesía se adormeció en mi regazo brindándome instantes de placentero bienestar renovado.

Poemas ya leídos que retornaron a la paz doméstica con renovada vida, porque navegan incansables sobre el río de Heráclito en perpetuo renacimiento, mostrando en cada lectura una cara diferente de su poliédrica forma, para inducir nuevos sentimientos, alejar dudas, seducir novedades y complacer el alma.

GOBERNAR

GOBERNAR

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Gobernar no es tanto imponer y mandar, como guiar y llevar al pueblo de la mano hacia un futuro mejor, después que éste haya depositado su confianza en los vecinos que se ofrecen a dirigir sus vidas, presumiendo de tener la brújula que conduce a la prosperidad, el bienestar y la paz, con entendimiento, cordura y generosidad.

Gobernar es servir a la verdad evitando engaños masivos, falsas promesas, respuestas inoportunas, guiños cómplices, frases prefabricadas, órdenes de mando, consignas inaceptables, filas prietas y decisiones interesadas a favor de cuentas corrientes propias.

Gobernar exige cautela, imaginación, prudencia, verdad, sabiduría, transparencia, humildad, talento, respeto y una gran vocación de servicio público que pide renuncia a beneficios propios y sacrificio personal, compensado con el afecto de los gobernados, la gratitud de los vecinos, el reconocimiento de la historia y la presencia duradera en la memoria colectiva del pueblo y las generaciones futuras.

Gobernar es avanzar manteniendo lo que deba conservarse; promover una sociedad justa donde cada cual reciba aquello que le corresponde; proteger la salud, mejorar la educación, preservar la libertad y evitar el desempleo a golpes de crecimiento.

Para gobernar no se necesita carisma, ni buena imagen artificial, ni poses en bandolera, ni aplausos enlatados, ni seriedad de porcelana, ni secretismo oficial, ni paternalismo popular, ni sonrisas de conejo, ni demagogia populista, ni plantas trepadoras, ni peldaños humanos para pisar a los demás en el ascenso.

SERVIDUMBRE DEL MORBO

SERVIDUMBRE DEL MORBO

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Leo con estupor que la “Princesa del pueblo” se ha travestido en escritora de éxito según Wikipedia, aprovechando su elemental educación, vulgar dicción, grosera expresión, escueto vocabulario, deficiente cultura y dificultad lectora, llegando a liderar la lista de libros más vendidos, con una obra de cuyo nombre yo tampoco quiero acordarme.

Es difícil pensar que los miles de lectores de las páginas redactadas por esta escribidora, lo hagan para deleitarse con su manejo del lenguaje, recrear el espíritu con sus descripciones narrativas o disfrutar con la originalidad del argumento, porque nadie puede dar lo que no tiene, y a esta mujer le falta sabiduría y le sobra desparpajo.

¿Qué ofrece, pues, el libro de “La Esteban”? Sin ánimo de ofender a los responsables de Espasa, ni al prologuista-entrevistador Izaguirre, ni a la protagonista, ni siquiera a San Judas que la resucitó a la vida, el libro de “La de San Blas” no ofrece sino morbo a los lectores aficionados a insultos, gritos, soecidades, llanto, amenazas y uñas afiladas.

Esta famosilla, cuyo mérito en la vida ha sido tener un hijo de soltera con un torero, ha tenido a bien seguir los consejos de su representante, apoyarse en los amigos “salvadores” y dejarse empujar por la familia, para tomar su telenovelada vida por bandera y lanzarse a las estanterías, recordando a los morbosos su origen humilde, su lucha, su embarazo por un hombre rico, los desprecios sufridos, su drogadicción y la amenaza de muerte por su hija.

Este icono postmoderno de la España morbosa, negra, profunda, cutre y zafia, se embolsa miles de euros por cada sonido gutural que emite sin vergüenza en los platós televisivos comerciales, asegurando que está “de puta madre”, mientras llama “cabronazo” al yerno real y afirmando por sus “cojones” que los españoles saben hacer el amor, siendo los periodistas de la prensa rosa “unos hijos de…”, porque a ella le sale “del potorro o del chichi lavado en el bidel, ¿vale?”.

SER UNO MISMO

SER UNO MISMO

En el templo original de Delfos estuvieron escritos los tres principios de la sabiduría, sin hablar del cielo y el infierno, ni mencionar a Dios, ni argumentar que en el temor a Él estaba el principio de la sabiduría.

Las huellas marcadas en este centro del universo, patria del oráculo, fueron esculpidas por manos eternas en el frontispicio de la sabiduría, descubriendo al mundo la existencia más pura en este sencillo lema: “Sé tú, conócete a ti mismo y mantén la mesura”.

Tal camino marcado junto al Parnaso aconseja someter todos los bienes materiales a la posesión de uno mismo, como forma de llegar al imposible nirvana personal predicado en latitudes ajenas a todo materialismo.

La propuesta de doblegar lo externo, caduco y contingente a la inagotable vida interior, es la ruta más directa para llegar al fondo de nosotros mismos donde nos espera la vida purificada que anhelamos.

En la intimidad del empíreo edén personal camina la autenticidad abrazada a la lealtad que nos debemos a nosotros mismos, llevando de la mano la sinceridad más limpia, junto al séquito reconfortante de amistad que nos congrega en torno a la solidaridad, el altruismo y la entrega mutua.

Nos obliga este compromiso a caminar por el mundo sin máscara, disfraz ni atrezzo ocasional que impida lucir ante el espejo el propio rostro y descubrir la arquitectura del mundo interior, mostrando sin reparos las fibras espirituales que conforman nuestro principio vital interno.