SOMOS VEINTICUATRO ÁTOMOS

SOMOS VEINTICUATRO ÁTOMOS

átomos

Al margen de las creencias personales y de la fe de cada cual, nuestro cuerpo está constituido íntimamente por partículas muy pequeñas formadas hace miles de millones de años, a las que hemos llamado átomos, algunos de los cuales llevan vagando por el Universo desde el famoso Bing Bang.

En cambio, desconocemos la ubicación y propiedades físico-químicas de la sustancia espiritual e inmortal que algunas religiones y culturas han dado en llamar “alma”, como principio esencial que protagoniza el dinamismo inconsciente, vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida.

Por otro lado, la intangible sabiduría humana se encuentra ubicada en un órgano corporal de unos quince centímetros de altura, veinte centímetros de largo y otros tantos de ancho, que pesa kilo y medio y tiene una superficie cortical de dos mil centímetros cuadrados, al que damos el nombre de cerebro.

Siendo las células fronteras de la vida y el escalón más bajo de esta, la bioquímica nos dice que los cientos de miles de millones de células que forman el cuerpo no son más que minúsculos ladrillos vivificadores que edifican la corpórea realidad humana utilizando solamente veinticuatro átomos, – y solo veinticuatro átomos imperecederos -, de los 110 conocidos hasta ahora.

Ellos son la materia que quedará en las cenizas del horno crematorio cuando nos incineren o en el lecho de las tumbas en el enterramiento, porque la igualdad de composición íntima de nuestro cuerpo nos identifica e iguala, socializando la realidad que somos, sin distinción de raza, patrimonio, sexo, color de piel, poder o ansia de eternidad.

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