PLÁTANOS ENVENENADOS DE CODICIA

PLÁTANOS ENVENENADOS DE CODICIA

Unknown

Sabemos de personas que se prestan a ocupar los puestos de trabajo de los huelguistas, y conocemos trabajadores que no van a las huelgas por razones de diferentes colorines; pero desconocíamos hasta hace unos años que un selecto grupo de bananeros fueran destacados esquiroles, sin mancharse las manos en las plataneras.

En marzo de 2007, los propietarios de la empresa americana Chiquita Brands International Inc. (CQB) con sede en Carolina del Norte, que explota plantaciones bananeras en el cono sur americano, fue multada por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, con veinticinco millones de dólares por financiar a paramilitares colombianos que protegían la empresa contra las huelgas y los sindicatos obreros.

El balance de los siete años de “protección” fue un gran incremento de beneficios a costa del sudor a ajeno con la muerte por asesinato de ciento setenta y tres sindicalistas que perdieron la vida en defensa de los trabajadores, confirmando el mayor acto de terrorismo habido en la historia.

Pero esta no ha sido la única fechoría de la “Chiquita”.  Dos meses después de la multa, la ONG francesa “Peuples Solidaires” acusó públicamente a su filial bananera atlántica, de violar derechos fundamentales de los trabajadores y de poner en peligro su salud exponiéndolos a pesticidas altamente tóxicos.

Y si nos remontamos a su fundación como United Fruit Company, podemos recordar que en 1928 miles de trabajadores de la empresa fueron asesinados en Colombia por fuerzas militares, para que dejaran de protestar por sus miserables condiciones de trabajo, pasando a la historia como la “masacre de las bananeras”.

Triste episodio que precedió al soborno que hizo esta “chiquita” empresa en 1975, al dictador de Honduras Oswaldo López Arellano y a funcionarios italianos, dando lugar al famoso Bananagate, de infeliz memoria.

Memoria que nos falta a los consumidores cuando llevamos al carro de la compra esta “fruta de los sabios”, símbolo de fecundidad y prosperidad, que los “chiquitos” de Charlotte convirtieron en fruta de explotadores y símbolo de insolidaridad y codicia.

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