NIÑOS ROBADOS

NIÑOS ROBADOS

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La señorita María Florencia Gómez Valbuena no ha sido la única que se ha dedicado al detestable oficio de hurtar niños con total impunidad, pues regímenes no lejanos se aplicaron bien a ello, arrebatando los hijos a madres encarceladas o llevándose a los huérfanos de la barbarie.

Se falsificaron documentos oficiales en Registros Civiles; se confundieron huellas en los documentos identificativos; se alteraron datos en los certificados de nacimiento; se borraron direcciones de domicilios; y se cambiaron nombres en partidas de bautismo, para dar por cierto lo que era falso y legalizar el robo.

Para hablar de todo ello, ha viajado a Buenos Aires la española Soledad Luque Delgado ofreciendo ayer a la jueza María Servini de Cubría su versión de los hechos, recordando el robo de su hermano mellizo, que fue sustraído en la Maternidad de O’Donnell de Madrid al poco de nacer, en febrero de 1965.

Pero no solo en España se adjudicaron niños robados a devotas familias de vencedores, hogares acomodados, padres sin herederos y vecinos solitarios necesitados de compañía doméstica, porque en otras latitudes también se despadraron a niños de sus progenitores naturales para entregarlos a matrimonios afines a los ladrones.

En la dictadura argentina de Videla se contabilizaron más de quinientos niños robados, cifra irrisoria si contabilizamos los infantes robados en la democracia australiana con autorización legal y complacencia de los australianos blancos. Algo que obligó al primer ministro Kevin Rudd a pedir perdón a los indígenas en 2008 por haberles robado tantos hijos, para civilizarlos salvándolos del salvajismo y la delincuencia.

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