MÁS ELECCIONES

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Versodiario 5 :

Observo el mundo y me digo:                                                                                                            entre la realidad y los sueños                                                                                                            tiene su espacio el mendigo

MÁS ELECCIONES

Sí, queremos más elecciones, muchas más elecciones. Elecciones mensuales o semanales, según convenga, y conviene mucho. A lo que sea, pero que se solapen las elecciones indefinidamente,  aunque tengamos que pagar por ellas el dinero que no tenemos.

Queremos más elecciones, porque sólo ellas nos acercan a la realidad, alejándonos de ficticias crisis económicas que no están sino en la mente de parados y  mileuristas. Sólo el desfalco político electoral será capaz de sacarnos del pozo pesimista en que estamos sumidos sin justificación alguna. Sólo el gasto innecesario en obras inútiles o el despilfarro en necesidades inexistentes, nos alejara de los problemas cotidianos, provocando que los índices bursátiles se salgan por encima de la pantalla.

Bienvenidas sean, pues, las elecciones, con sus estrenos y promesas de salvación, aunque sea engañándonos a todos, incluso a los promotores de las mentiras que acaban por creerse sus propios embustes, mientras ensayan entre bastidores la ceremonia de su coronación.

Ha llegado el momento de recoger firmas para solicitar la prolongación indefinida del fantasioso espacio electoral, donde se inauguran manantiales secos que jamás darán agua a la sedienta población. Ficticias autopistas que llevan a verticales acantilados para que se despeñen los incautos que por ellas circulan.  Sedes culturales en la cumbre del Moncayo para alpinistas despistados. Bibliotecas sin estanterías ni libros para  analfabetos. Aeropuertos virtuales para que los jubilados  deambulen por el asfalto arrastrando su miserable pensión. Piscinas sin agua  para que los lagartos tomen el sol. Y campos de deportes en el mar para que salten los delfines.

Inauguraciones que se complementan con quiméricos proyectos, fruto exclusivo de  imaginaciones calenturientas, alimentadas con demagogias de terciopelo por quienes proponen mejoras imposibles a los ciudadanos con intención de seducirlos. Cantos de sirena que llenan de papeletas las urnas, aunque los votantes sepan que nada será cierto, pero la tradición les ha turbado el entendimiento y derogado el sentido común, anulando su rebeldía con tantas promesas incumplidas.

Perversiones que abren de par en par las puertas a un país encantado a gusto de los embaucadores de tribuna, del que son expulsados durante el periodo electoral los millones de parados para que no rompan la imagen de un paraíso inexistente.

 

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