DESDE GALLAECIA

DESDE GALLAECIA

Vine a Galicia sabiendo que el pueblo español dormía en la indiferencia, los obreros sufrían pisotones, los estudiantes recibían porrazos y los parados lloraban lágrimas de impotencia, mientras los empresarios sonreían en sus despachos, los banqueros esquilmaban las cajas de las Cajas, la justicia corría velos muy tupidos y los electoreros seguían a lo suyo, que nada tenía que ver con lo nuestro.

En esta tierra que ahora habito las cosas no son diferentes, pero el reparto urbano de quehaceres, sueños, celos, aguas, plegarias y placeres permite decir que Vigo trabaja, Lugo duerme, Pontevedra envidia, Orense puentea, Santiago reza y Coruña se divierte.

El cansancio de Dios al concluir la creación del mundo hizo posible el milagro de las rías gallegas sin tenerlo previsto, al apoyar su mano abierta sobre la tierra recién creada, abriendo en ella con sus dedos surcos por donde el agua penetra tierra adentro. Luego sacudió el creador su mano embarrada para librarse del fango, haciendo involuntariamente posible el prodigio de las islas Cíes, Oms, Sálvora, Cortegada, Arosa, Sisargas y Malveiras.

Pero quienes han agitado mi conciencia amodorrada por la rutina, removido el espíritu adormecido por la lluvia y excitado el ánimo aletargado, han sido siete pescadores a los que he visto inmóviles tirar juntos con fuerza de unas redes pletóricas de escamas. Ejemplo de esfuerzo común para conquistar la vida. Solidario empeño que hace posible la supervivencia.

Testimonio vivo de que juntos podemos pescar y meter en una red a depredadores, politiqueros, defraudadores, usureros, eclesiasteros y otras especies afines, para arrojarlos al mar por no dar la medida ética y solidaria que la convivencia social exige a quienes gobiernan el futuro de sus vecinos.

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