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Día: 19 diciembre 2013

ALOIS ALZHEIMER

ALOIS ALZHEIMER

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No todos los investigadores tienen la suerte de que su apellido pase a la historia acompañando a la enfermedad investigada, al aparato inventado o al fármaco descubierto, como le sucedió al doctor Fleming, oculto tras la penicilina; a Tesla, escondido en las bobinas de los motores de corriente alterna; o a Watt, manipulando en el sótano la máquina de vapor para mejorar el trabajo de Newcomen.

Este no es el caso del psiquiatra y neurólogo alemán Alois Alzheimer, cuyas aportaciones sobre la demencia senil le permitieron inscribir su nombre en manuales, enciclopedias, periódicos, boletines oficiales y centros bautizados con su apellido a lo largo de todo el planeta, hasta el punto de ser más famosa la enfermedad, que el descubridor de la misma.

La “tontuna del abuelo”, que tantas veces oímos decir en nuestra infancia, para describir la desmemoria de los ancianos, el olvido de los rostros familiares, la pérdida de orientación y las actitudes extrañas de los pacientes, pasó de la jerga del pueblo a los tratados de enfermedades neurológicas, permitiéndonos el dominio de un término alemán más difícil de pronunciar que su homólogo español tradicional.

Todo comenzó un día de 1901, cuando Alois Alzheimer se acomodó frente a su paciente Auguste Deter, tras ser llevada al hospital por su marido después de observar éste durante algún tiempo comportamientos extraños en ella, como olvidar cosas, sentirse perseguida y ver objetos ocultos.

Uniéndose a la nómina de los inmortales, un día como hoy de 1915, Alois abandonó este mundo en Bratislava a la edad de 51 años, siendo llevado a la eternidad por un mal estreptococo que le contaminó la sangre, provocándole una insuficiencia renal que derivó en irregulares diástoles causantes de un ataque cardiaco irreversible para su vida.