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Año: 2011

ANTONIO LÓPEZ

ANTONIO LÓPEZ

Vivir en “provincias”, como dicen los madrileños, reporta el sosiego necesario para vivir en paz y sin precipitaciones, gozando del encuentro callejero con amigos en cadena interminable de abrazos y saludos.

Pero tiene la servidumbre de obligar a los provincianos a viajar a la capital del reino para disfrutar de espectáculos teatrales, exposiciones, conferencias y otros actos culturales, inasequibles a lugareños del extrarradio, aunque se viva en una ciudad esencialmente cultural, que presume de esa capitalidad.

Esa es la razón por la que este bloguero puso ayer manos al volante y marchó carretera arriba hasta el museo de la baronesa, para disfrutar de las ciento treinta obras que los lápices, pinceles, palillos, vaciadores y buriles del mejor seguidor de Velázquez  que aún tenemos entre nosotros, nos ha dejado en telas, escayola, bronce y madera.

Y ha valido la pena el viaje porque me ha permitido viajar sin prisas por el anárquico trabajo del artista tomellosano, saboreando las pinturas, esculturas y dibujos de López desde 1953 hasta ahora, traducidas en figuras humanas, dependencias domésticas, flores y paisajes urbanos, especialmente madrileños, llevados al lienzo y la tabla durante los últimos cincuenta y ocho años.

Aunque me declaro seguidor de Renoir, Cézanne, Manet y Monet; admirador de Goya; aliado de Picasso; fan de Velázquez; cómplice de Miró; imitador de El Bosco; y exaltado incondicional de Van Gogh, debo confesar que desde noviembre de 1985 cuando descubrí a Antonio López en la Europalia de Bruselas, le sigo atentamente los pasos, sufriendo ciertas decepciones ajenas al artista, como la visita frustrada que hice a Madrid para verle frente al caballete que mantuvo durante años en la caída de la madrileña Gran Vía.

Si amar es ver algo hermoso y querer compartirlo, permitidme lectores que desde la estima que a todos tengo, – aunque a muchos no conozca -,  os invite a pasearos por las salas y pasillos del baronésico museo antes del 25 de septiembre en que cerrará sus puerta a la obra de López, marchándose ésta tan contenta al Museo de Bellas Artes de Bilbao.

PUTADAS DE LOS PUTOS MICRÓFONOS

PUTADAS DE LOS PUTOS MICRÓFONOS

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Doña Espe le ha confesado ayer a su hijo de puta predilecto que la comunidad de Madrid no tiene un puto duro, sin darse cuenta que había un puto micrófono abierto, dispuesto a hacerle la putada de difundir urbi et orbi lo putas que van a pasarlo los madrileños al tener vacías las putas arcas autonómicas.

¡Ay que joderse! Con tanto cabrón suelto en el bando contrario a nadie  extraña que doña Espe esté ya hasta los ovarios de aguantarle putadas a los enemigos internos, externos y mediopensionistas. Tal vez por eso ha emprendido el camino del puteo, y no se cansa de putear los castos oídos de sus compañeros populares  con expresiones populacheras que expresan lo putas que las van a pasar cuando ganen las putas elecciones, si los votantes no les hacen la putada de no votarles, puteándoles al romper las putas esperanzas que tiene de obtener una puta victoria que persiguen.

Me gustaría contaminar con esta puta entrada las putas orejas de doña Espe con la esperanza de que  eche un vistazo al diccionario para enriquecer su puto vocabulario con palabras que vayan más allá de tanta puta, tanto puto, tanta putada, tanto puterío y tanto putón.

Tiene como alternativa la obra de su putero amigo el irioflaviano, y en lugar de hablar del hijo puta de su vecino alcalde y de que no tiene ni un puto duro, puede decir que ha eliminado del consejo al hijo de la rabiza o que no tiene un colipoterro duro en las izas arcas madrileñas. Pero, claro, estas cursis expresiones no tiene la fuerza del hijo de puta o el puto duro, ni sentido acorde con esta “golfa” – en nuestro argot –  que va por los campos golfolíticos dando pelotazos en los cojones  al respeto ajeno.

 Y si con esto no queda satisfecha, que alguien le regale un diccionario de sinónimos porque está jodiendo demasiado al personal con los hijos de puta que tiene al lado, el puto dinero que le falta, los cabrones que la rodean, los maricones que la imitan, las busconas que le huyen, las fulanas que se cagan en su madre, las furcias que la maldicen, las prostitutas que la insultan, las meretrices  que la desprecian y las rameras que la siguen, ante el abucheo de los putos que  temen su castigo.

Y si algún cabrón le esconde en sus intervenciones públicas un micrófono abierto, pidamos que haya a su lado un puto esclavo dispuesto a darle un vaso de agua para que se enjuague la boca, porque tales vociferios son impropios de quien preside una comunidad tan castiza como la  madrileña que representa.

¡Ah!, y como diría esta lenguaraz, el que no esté de acuerdo con esto que le den por el culo, porque ya estamos hasta los cojones de los putos puritanos que se la cogen con papel de fumar.

Posdata a la deslenguada: Ha visto, presidenta, qué fácil es escribir apedreando el buen sentido de la comunicación; qué sencillo ofender el gusto por la elegancia verbal; qué  estúpido herir el respeto que debemos a las palabras desde la tribuna; qué penoso delatar vergonzosamente tacos al pronunciarlos fuera de lugar, sin la gracia que requiere toda imprecación inofensiva; y qué lamentable convertir las confidencias en el circo de sálvame.
Usted, presidenta, tiene que distinguirse en algo de las princesas populares….

SILENCIOS EN DEFENSA PROPIA

SILENCIOS EN DEFENSA PROPIA

Decir que el ser humano es prismático añade poco a lo que ya todos sabemos, sin que tal condición merezca descalificaciones,  aunque así lo entendamos en ciertos momentos debido a las diferentes caras que mostramos en sociedad, unidas por aristas desiguales que se unen en un vértice común, síntesis de quienes realmente somos.

 La actitud mantenida en el trabajo, – sea la oficina, el aula, la fábrica o el consultorio – no siempre coincide con el comportamiento doméstico. Ni la conducta sostenida en los clubs deportivos, asociaciones vecinales y organizaciones sociales, se corresponde con disposiciones actitudinales sustentadas en las relaciones personales individuales.

Esto explica las diferentes opiniones que existen sobre la misma persona en ámbitos donde se relaciona; justifica las valoraciones  contradictorias; y aclara las sorpresas de colegas y vecinos al confirmarse actuaciones desconcertantes de personas supuestamente conocidas.

Pero diversificar las manifestaciones no implica personalidad múltiple ni trastornos psicológicos adicionales porque, de ser así, el mundo sería una inmensa casa de reposo, ¿o lo es? No creo. Tener varios perfiles fragmentarios que conforman una totalidad, no es argumento suficiente para construir un descansorio universal. Tampoco creo que pretendamos ser lo que no somos, sin excluir el deseo de complementarse en los demás.

En cambio, preocupan silencios encubridores de posibles mentiras por omisión, encontrando justificación a  tal actitud en la protección personal y profesional que busca el afectado. Ello explica que por temor al despido, un trabajador evite decir lo que siente en lo más profundo de su alma. El político trepador intermedio se guarda mucho de decir aquello que no agrada a quien tiene que pulsar la catapulta que lo lance a la gloria eterna, es decir, al sillón, teléfono, coche oficial y bastón. El funcionario que aspira a la promoción profesional evita denunciar los tejemanejes que tienen lugar en las comisiones de selección por miedo a que le sierren dos o tres peldaños de la escalera. El que aspira a subvenciones oficiales está más atento a pasar el plumero por el asiento del político de turno que a denunciar sus chantajes, por miedo a que le corten el grifo de los euros que se destilan en las comisiones de adjudicación. Es la ley del silencio, del acatamiento, del cabezazo y de la menesterosa mano tendida en busca de las migajas que caen de la mesa donde se acodan y acomodan los acomodadores del dinero común.

WOJTYLAMANÍA

WOJTYLAMANÍA

(A Carmen, atea seguidora del Karol, que me pide un recuerdo al beato)

Hay comportamientos de ciudadanos ateos o agnósticos difíciles de comprender y otros con fácil acceso al entendimiento, como es el caso del afecto y simpatía manifestado por algunos descreídos hacia el papa polaco recientemente beatificado, por los firmes  valores humanos que representaba.

Para honrar esas virtudes humanas y sociales algunos fueron al Vaticano el día de la coronación. No a rezar, no; sino a rendir homenaje a la honestidad, generosidad, sacrificio y lucha por la solidaridad, la libertad y la paz, que llevó a cabo el reverendo Karol en su larga vida, como mensajero incansable de la paz.

Hasta Roma fueron a pisar el mármol Vaticano de Carrara con esa intención muchos escepticos, perdidos entre casullas, bonetes y tocas; dormitando en las escalinatas; bebiendo agua samaritana en las colas; y detrás de las columnas barrocas de Bernini, reivindicando silenciosamente la supuesta integridad personal del Pontífice que se fue.

Gran parte de los que allí se reunieron no buscaban al Papa, ni al padre, ni al abuelo, sino al líder sin fisuras ni atisbo de corrupción aparente. Aplaudieron al paradigma de la ética, al referente moral, al soñador del amor fraterno y al defensor de la igualdad. En una palabra, se reunieron allí con la esperanza de mantener el espíritu de un tío legal, como dicen ahora los jóvenes.

No obstante,  sobraban algunos de los que allí estaban. Pero es que el protocolo no conoce virtud, amigo. Es juego de diplomacia o, si prefieres, hipocresía legalizada. Penoso espectáculo de bisutería el que dieron ciertos políticos, arrodillándose para la fotografía. No debemos hacernos ilusiones de que vayan a seguir el honesto ejemplo del beatificado, porque los valores defendidos por el jefe católico, nada tienen que ver con los de algunos enlutados, compungidos y teatrales dirigentes del mundo mundial. Ya sabéis, una cosa es predicar y otra dar trigo.

Tampoco extraña que el Vicario ya fallecido haya cautivado a muchos jóvenes con fuerza, aunque no pisen las iglesias ni practiquen seculares ritos religiosos, porque eso no les importa. Los miles de jóvenes que congrega por el mundo su  recuerdo, quedaron seducidos con la frescura del personaje, con su alegría, su entrega y su desinterés. Sintonizaron con él, porque los chavales son así. Luego, con el paso de los años, la vida se encargará de llevarlos por otros caminos menos románticos.

Pero la Iglesia no debe crearse la falsa expectativa de un renacer espontáneo y milagroso de la fe religiosa en los descreídos, porque se trata de una reivindicación masiva de ciertos valores que la sociedad ha ido relegando poco a poco, al ritmo que ha marcado la economía y la política, porque la gente empieza a cansarse de sacralizar incompetentes, por el saldo de su cuenta corriente. Los ciudadanos están hartos de líderes de pacotilla. De representantes de la nada. De dirigentes del tres al cuarto que sólo buscan un pesebre donde apacentar y un sillón donde asentarse. Por eso hemos de cambiar el “tanto tienes, tanto vales”, por el “tanto vales, tanto tienes”. Y tendremos que decirle a más de uno que no vale nada por mucho que tenga.

A la globalización, cuyo líder es el dinero, Wojtyla opuso la paz y la solidaridad, como bienes fundamentales, y el pueblo lo hizo su líder, nombrándole guía del común destino de mil doscientos millones de católicos a los que se añadieron muchos millones más, que miran de tejas abajo, pero que comparten su “comunismo”. Por eso más de una vez he hablado de los cristianos ateos que van por un mundo paralelo a los reclinatorios sin contaminarse de casullas ni cuentos escatológicos.

El mérito del aquel pastor consistió en hacer atractiva la honradez; dignificar la decencia; enaltecer los derechos humanos; y consagrar la libertad. Fue la voz de los sin voz y el pacifista más revolucionario. Con ese equipaje a la espalda se ha convertido en un referente moral y un modelo a seguir, paradigma de todas las virtudes que han huido de
los despachos políticos, financieros y empresariales.

En él cristalizaron los valores que hacen más habitable la tierra. Y su muerte provocó la sintonía emocional de los millones de personas que estaban con él, traducida en una catarsis colectiva purificadora que a todos hermanó el día de su muerte, en momentos  de exaltación colectiva, sin atragantarse con publicidades católicas.

A nadie importó su fundamentalismo interno, su conservadurismo teológico, su dogmática
ortodoxia, su defensa del celibato y su condena de la eutanasia, el preservativo y el aborto. Él sí que ha dejado todo atado y bien atado. Basta echar un vistazo a cuerpo cardenalicio. Pero los ciudadanos se han fijado más en su lucha por la igualdad social, por la defensa de los débiles y por lograr un mundo más justo. Parece claro que en sus contradicciones la gente ha optado por entregarse al Papa comprometido con el mundo, más que al Papa tridentino en sus ideas. El pueblo ha preferido ver muros por el suelo, más dogmas en los altares; ha preferido la paz, a la ortodoxia; y los derechos humanos de la gente a los derechos de sus clérigos.

La historia nos dirá si fue un mago de la demagogia, un encantador de ingenuos, un visionario de la fantasía, un embaucador de crédulos, o el líder carismático que ahora muchos creen que ha sido. Confiemos que las asociaciones pacifistas, los “indignados”, las ONGs, las agrupaciones vecinales o los movimientos antiglobalización, por ejemplo, nos den un líder similar, porque en los partidos políticos no vamos a encontrarlo.

 

AQUÍ UN AMIGO

AQUÍ UN AMIGO

Creo llegado el momento de presentar a un buen amigo, para que también lo sea de quienes pasáis la mirada por las páginas de esta bitácora, buscando en ella cuanto se nos niega en espacios donde la mentira ha hecho trinchera, el egoísmo domina, la indiferencia clava su estaca, se promueve la ignorancia, triunfa la vanidad y reinan las monedas.

Os ofrezco este amigo con honores de hermandad y espero que tenga en vuestra vida el mismo espacio que yo haré en la mía cuando vosotros me presentéis a quien siempre os acompaña sin reclamar nada a cambio, porque cada uno tenéis similar amigo al mío, aunque algunos no hayan percibido aún su roce.

Desconfío de la tradición oral recogida en el Talmud porque yo no me encontré conmigo mismo buscando a Dios, sino de forma espontánea y sin pretenderlo, el día ya lejano en que acepté sin remedio la compañía de mi otro yo hasta que la muerte nos separe a los dos, quedando él entre quienes me recuerden y yo flotando en cenizas por el aire.

Me sorprendo algunas veces hablando con este amigo, sin menguar la entrega y sinceridad que don Antonio guardaba al conversar con el hombre que siempre iba con él, ni demorar el tiempo que Borges pasaba conversando consigo mismo en el banco municipal ginebrino.

Diálogos que mantengo en los que me cuento aquello que nadie más que yo puede oír, recreándome en explicaciones innecesarias, porque conozco la narración tan bien como el cronista del hecho que a mí mismo refiero.

Algo de terapia deben tener estos coloquios a dúo unipersonal, porque tranquilizan el ánimo y ayudan a reflexionar en voz alta con el doble reflejado en el espejo, en el agua o en la soledad del silencio nocturno, cuando todo duerme menos el pensamiento que se mantiene despierto incluso en sueños de madrugada.

No he tenido amigo más a mano, ni mejor, ni más fiel en mi larga vida que yo mismo, como anticipó Pitágoras definiendo al amigo como el otro yo. Por eso, quienes más cercanamente me conviven no se alarman al verme en animada tertulia con el “otro”, ni atribuyen a trastornos identitarios disociativos  las reflexiones que hago en voz alta, cuando el íntimo recogimiento envuelve el aire donde quedan suspendidas las palabras.

Y si en algún momento hago a mi otro yo depositario de confidencias futuras que nadie sabe, es para que les dé vida cuando a mí ésta me falte, porque será él quien me sobreviva.

Este amigo embrida mis impulsos cuando la irritación por injusticias, corruptelas y mentiras, altera el pulso, y me dicta lo que no debo proclamar. Este huésped que me habita es quien alivia los desasosiegos si algo perturba el ánimo y desdibuja la esperanza. Él fue quien más alejó de mi vida los desgraciados días del abandono cuando la parca se empeñó en cerrar puertas y ventanas a un futuro imposible por tanto desamparo. A él debo el estimuló y fuerzas que he necesitado para seguir luchando y la sonrisa en el espejo, cuando el llanto era alimento huérfano diario.

Ha sido certero en el consejo, inflexible en la exigencia, tolerante en los errores, y crítico leal desde la cuna, sin clavarme espinas en el alma, pero obligándome a prometerle que no volvería a hacerlo, mientras me abrazaba dándole razones a Jaime para proclamar el amor a uno mismo como la más innoble servidumbre.

 

QUISIÉRAMOS SABER

QUISIÉRAMOS SABER

Vuelan sobre nuestras cabezas como evangélicas lenguas de fuego algunas preguntas sin respuesta satisfactoria, que convierten los interrogantes en escabrosos enigmas pendientes de resolver, obligándonos a exigir una solución inmediata que nos libere de la ignorancia en que quieren mantenernos los propagandistas de respuestas sin sentido.

Muchos quisiéramos saber por qué tenemos que pagar un canon digital para que un grupo de estafadores judicialmente encausados se hagan millonarios con las recaudaciones que una ley abusiva nos obliga a pagar.

Quisiéramos saber por qué la justicia adapta su velocidad al infractor, se deja politizar en silencio con la cabeza sumida, permite que se escapen por las fisuras delincuentes de guante blanco y tolera resignada la burla de los políticos.

Quisiéramos saber por qué los ciudadanos no desempolvan guadañas, hoces y estacas dieciochescas frente a quienes les han llevado a la quiebra económica y moral, mientras los “delincuentes” siguen especulando con la ruina de los vecinos.

Quisiéramos saber por qué se escamotea el IVA, se ocultan trabajadores,  se falsean facturas, se cobran subvenciones indebidas, se hacen operaciones negras, se ocultando capitales, se crean empresas tapadera, es decir, se defrauda al Estado.

Quisiéramos saber por qué hay tanto politiquero suelto, tanto usurero en consejos bancarios, tanto especulador sin escrúpulos, tanta púrpura entre sagrarios, tanto empresario explotador y tanto pícaro por las esquinas de trabajo.

Quisiéramos saber por qué no se han descubierto vacunas contra el síndrome de la Moncloa, el partidismo político, el talibanismo religioso, la oposición irracional, el enfrentamiento sistemático y la hipocresía legalizada.

Quisiéramos saber por qué se mantiene una ley electoral que permite acceder a cargos públicos a imputados en casos de corrupción, al tiempo que cierra listas electorales prohibiendo a los ciudadanos elegir directamente sus representantes.

Quisiéramos saber por qué la jerarquía católica y los profesionales de la virtud que administran la fe de los creyentes, se encuentran tan alejados del pueblo sencillo que adoctrinan, del evangelio que predican y del Dios que patrocinan.

Quisiéramos saber por qué los 1,6 trillones de dólares que se utilizan en fabricar armamento, defender territorios y ¡pacificar guerras!, no se emplean en fomentar el desarrollo de los países pobres, como verdadero camino hacia la paz.

Quisiéramos saber, en fin, por qué el único ser racional que habita la Tierra no utiliza la razón para organizar un mundo más feliz, equitativo, justo, civilizado, pacífico, solidario y culto, donde podamos vivir con la dignidad que merecemos.

 

CARTA ABIERTA A DOS ENAMORADOS

CARTA ABIERTA A DOS ENAMORADOS

Queridos Maira y Diego:

Añadid a la buenaventura que anoche os deseé, mi petición de que la magia litúrgica y el papel que firmasteis ante testigos no os alteren la vida, porque vuestro compromiso de amor no necesitaba sellarse en un contrato, aunque así lo hayáis hecho.

Tampoco hagáis mucho caso a las palabras del oficiante, que gastó inútilmente sus energías tratando de advertiros sobre futuros cambios en vuestras vidas, existentes sólo en la mente del clérigo, empeñado en diferenciar el antes y el después de la ceremonia, con pretendido afán de haceros ver un futuro virtual.

Estad tranquilos, que nada va a cambiar a partir de ahora, ni debéis permitir modificación alguna en vuestra ruta, porque habéis hecho de la felicidad costumbre, sin necesitar santificaciones ni acuerdos por escrito. Enriqueced, pues, cada día el amor como venís haciendo y con eso será bastante para manteneros uno en el otro. Propósito de vínculo en régimen de igualdad y ayuda mutua, dentro de la comunidad de vida que fundasteis hace años con vocación de permanencia, sin ayuda de terceros, bendiciones rituales ni contratos formales.

Pacto de amor libre, ayer convertido en institución social, que debe perpetuarse al albedrío que dicte el amor que os tenéis, confirmado algún día, tal vez, con hijos fruto del respeto mutuo, la ayuda solidaria y la actuación cooperativa en beneficio de la comunidad familiar. Igualdad de derechos y deberes que os mantendrá unidos, guardándoos fidelidad y recíproca ayuda.

León Tolstoi comparaba la pareja enamorada con una barca que llevaba a dos personas por un mar tormentoso, afirmando que si alguna de ellas hacía movimientos bruscos, la barca se hundiría. Por eso debéis mantener la prudencia en las palabras, la moderación en los gestos, la templanza en las actitudes y el diálogo en las diferencias. Si esto hacéis, poniendo las cuatro manos en los remos, tened seguro que la barca se mantendrá a flote, lejos del naufragio.

Sosteneos en la adversidad por fatigosa que esta sea. Perseverad en la tolerancia. Sed leales a vuestros principios. Obstinaos en la indulgencia. Persistid en la generosidad. Renunciad al propio beneficio. Prodigad el perdón. Ejerced la empatía. Y sustentaos en la solidaridad, para ganar la vida que sólo a vosotros pertenece.

Esto quería deciros en carta abierta, y desearos al mismo tiempo corta estancia en Brasil, confiando que la situación de nuestro país mejore para que cerebros universitarios como vosotros no tengan que irse de la piel de toro a lidiar en otras latitudes el miura del paro intelectual.

Un abrazo, queridos Diego y Maira,  y mucha suerte.