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Año: 2011

CAZADORA CAZADA

CAZADORA CAZADA

Según informan todos los medios de comunicación digitales, el responsable del juzgado central de  instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz, está investigando una presunta estafa por apropiación indebida y desvío de fondos, realizada por algunos directivos de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), siguiendo las diligencias abiertas en 2010 por Baltasar Garzón tras recibir unas denuncias, que la Fiscalía Anticorrupción se tomó en serio.

El magistrado Ruz ha ordenado registros en la sede de la institución y la detención de nueve personas, entre las que se encuentra el cerebrito de la trama delictiva, José Luis Rodríguez Neri, director general de la filial digital de la SGAE, quien desvió presuntamente decenas de miles de euros a su empresa Microgénesis. También ha caído el director financiero de la SGAE, Ricardo Azcoaga; el Director General, Enrique Loras, y hasta el denostado Teddy Bautista, presidente del Consejo de Dirección, que no habría participado activamente en el choriceo, aunque tuvo conocimiento de la trama.

Según noticias confirmadas se han agotado las reservas catalanas de cava y las francesas de champagne, como puede comprobarse leyendo los cientos de comentarios que los ciudadanos han incluido al pie de la noticia en los diferentes medios, donde se evidencia una antipatía ciudadana hacia esta Sociedad que desborda todas las previsiones.

Unánime inquina que los internautas han expresado con una rotundidad incuestionable, aunque la moderación y el respeto hayan brillado por su ausencia en muchos comentarios difundidos urbi et orbi, como iniciaban sus proclamas los romanos del Imperio.

Unos se alegran que “hayan pillado al mayor pirata y ladrón del reino”. Otros festejan que “por fin la justicia haga algo” y muchos gritan “¡Viva la justicia española!”. No faltan los más radicales que llaman a los dirigentes de la SGAE “Panda de ladrones sinvergüenzas, que deberían ir todos a la cárcel”, quejándose que “llamaran ladrones a los que se descargaban música de la red”, contentándose irónicamente con saber “dónde iba todo el dinero recaudado”.

Los comentaristas con más sentido del humor ironizan sobre la situación pidiendo que el proceso se retransmita en directo para sentarse “en el sofá con las palomitas a disfrutar del espectáculo”. Uno aparentemente religioso se limita a cantar “Aleluya, aleluya, aleluya”. Y otro espera que aparezcan pronto chistes sobre las detenciones, pues “esta historia va a producir un millón de carcajadas, y la SGAE no va a poder cobrar derechos”.

Tampoco faltan pesimistas dispuestos a cercenar toda esperanza: “No les va a pasar absolutamente nada. Lo mismo que Millet y tantos otros. Con el silencio cómplice de PP, PSOE y CiU (por no seguir nombrando). Resulta todo vomitivo.  ¡Democracia real ya!”. A esta idea se añade un indignado más pidiendo al personal que no se alegre tanto: “Sabéis perfectamente por casos anteriores que después de todo este teatro los van a soltar (fianza, prescripción de delito, etc) y se quedarán con toda la pasta (el supersueldazo, más esto). Pero con estas pantomimas parece que vivimos en un país democrático. ¡¡¡Democracia real ya!!!”.

El resumen es que jamás la detención de unos presuntos delincuentes produjo en los ciudadanos tanto regocijo y aplausos.

 

MÁS INDIGNACIÓN

MÁS INDIGNACIÓN

El espectáculo que han ofrecido los políticos en el debate parlamentario sobre la situación del país puede calificarse de indignante, y la actitud de nuestros “padres” repugna al sentido común, a la educación más elemental, a lo socialmente deseable y a lo políticamente correcto.

Indignación ha producido ver que los ciudadanos les importamos tres pimientos morrones a los parlamentarios, aliñados con la leche que maman en el escaño.

Indignación al comprobar que las expectativas del debate estaban puestas en la victoria del líder respectivo y no en resolver los problemas del país.

Indignación al observar decenas de escaños vacíos, en un alarde de desprecio mutuo entre las señorías, merecedor de los peores calificativos.

Indignación al presenciar el desaire a los representantes parlamentarios de las minorías, como si éstas no merecieran ser escuchadas.

Indignación al oír enfervorecidos aplausos por discursos de la nada, en lo que no se aplaudía el contenido de los mismos sino la promoción del patrón.

Indignación al verificar que muchos parlamentarios no merecen por su trabajo ni siquiera el subsidio de desempleo.

Indignación al advertir que el aspirante sea el mayor guadiana parlamentario, con apariciones, desapariciones, retrasos y escapadas injustificables.

Indignación al constatar que no se aúnan esfuerzos en beneficio de los ciudadanos, porque cada facción se ocupa en mantener o conseguir el poder al precio que sea.

Indignación al confirmar la enorme grieta que separa a quienes deberían unirse en beneficio de todos, con vocación de servicio indiscutible.

Indignación al verificar la impunidad de los parlamentarios ante las ausencias al trabajo, cuando a otros el retraso y absentismo les cuesta el puesto de trabajo.

Indignación por los murmullos, conversaciones, falta de educación y ausencia de respeto a los oradores, por parte de los pocos que asistían aburridos al pleno.

Indignación al ratificar la falta de sensibilidad social de los parlamentarios en momentos en que los ciudadanos necesitábamos ver a los políticos poniendo toda la carne en el asador para sacarnos del pozo donde nos han metido con su negligencia, despreocupación y falta de capacidad para evitar el derrumbe.

Indignación al comprobar que muchas de las 51 resoluciones aprobadas están alejadas de los problemas ciudadanos, como la ampliación de las frecuencias de FM o el control en puertos pesqueros.

Indignación, finalmente, por el tímido guiño que han recibido los “indignados” con la resolución que protege el sueldo de los embargados con insuficientes 320 ó 709 euros de subida sobre los embargos por impago de hipotecas, y la escasa elevación del valor de los inmuebles cuando nadie puje en las subastas.

 

POLVORÍN GRIEGO

POLVORÍN GRIEGO

No me he cansado de predecir durante años la revolución del sur, porque nunca me pareció normal que mientras en el norte discutíamos sobre la calidad del chocolate, en el sur muriera cada cinco segundos un niño de hambre. La respuesta a tan ominosa situación tiene que pasar por la revolución de los millones de sureños, hartos de que explotemos su territorio los norteños, esquilmemos sus recursos, chantajeemos su trabajo y los tengamos mendigando por las alcantarillas despojos que arrojamos a las cloacas los ciudadanos del norte.

Pero las cosas han cambiado a peor porque el sur se ha extendido incluso a los territorios del norte. La ambición de los que están en el ártico social donde habitan politiqueros, constructores, banqueros y especuladores, ha roto el saco de la paciencia ciudadana y ahora peligra la paz mundial, porque los sureños del mundo se están pertrechando de razón y tienen en su poder el más devastador ariete, al que han sustituido la cabeza del carnero por una bomba capaz de terminar con el desamparo que llevan sufriendo desde que la Humanidad tomó este nombre.

Es un arma invisible con tal poder de destrucción que si se proponen utilizarla aniquilarán todo lo que encuentren a su paso. Es madre de hijas menores como el hambre, que a muchos ha obligado a abandonar familia y raíces en busca de espacios donde saciarla.  Armamento tan poderoso sólo está en poder de quienes no tienen nada que perder y están dispuestos a perderlo todo, incluso la vida.

¿A qué puede temer quien sobrevive bebiéndose las lágrimas de su familia y ofreciendo las suyas a su hijos? ¿Con qué argumentos pueden serenarse los ánimos de quienes están en el paro viendo como unos pocos nutren sus arcas con salarios y beneficios que alejarían el hambre del mundo si todo se repartiera un poco más?

Ya no existen tierras de promisión, ni trabajo, ni alimento, ni futuro, ni esperanzadoras cigüeñas presagio de bonanza. El territorio sureño se expande poblándose de buitres especuladores girando en corrientes térmicas políticas buscando la presa para rapiñar desahucios, embargos, despidos, joyas familiares, decomisos, retenciones, bloqueos e incautaciones.

El plan de ajuste griego pretende obtener 78.400 millones de euros en cinco años, a base de impuestos, privatizaciones y recortes públicos. Pero en este apretón de cinturón no se mencionan los bancos, ni los políticos, ni los depredadores. Son los inocentes de la crisis quienes tendrán que pagar la ineptitud de los polítiqueros, la usura de los bancos y la ambición de los estraperlistas, con el silencio cómplice de las iglesias que no se atreven a tirarse al ruedo.

Tradicionalmente se ha dicho que cuando Alemania o Francia estornudan, se acatarra toda Europa, pero hoy es más cierto que la revolución griega está haciendo temblar al mundo político y financiero, porque los descendientes de aqueos, dorios, jonios y eolios se han hartado de soportar incompetentes, corruptos y explotadores, que actúan con total impunidad, amparados por inmunidades parlamentarias que los eximen de ser juzgados y apresados.

Con los “indignados” puede hablarse porque no han llegado al límite de su paciencia, pero los “desesperados” que nada tienen que perder, rechazan apelaciones al Estado de Derecho, peticiones políticas europeas, reclamaciones de bancos mundiales y votos parlamentarios. A la desesperación se llega por vía del hambre y la hartura, agotada ya la resignación. Y cuando el hambre y la frustración se abren paso, se pone en juego la vida para exterminar al adversario, con tal de sobrevivir y vencer el desengaño.

 

VIVIR LA VIDA

VIVIR LA VIDA

Al poeta bilbaíno le quedaba la palabra después de perder el tiempo, sufrir sed, pasar hambre y abrir los ojos hasta desgarrárselos. A Rick y a Lisa, perdidos en Casablanca, les quedó para siempre París, donde vivieron un amor inolvidable. Hay cantante que va en julio por la iglesias pregonando que le queda la esperanza. Los creyentes católicos esperan disfrutar en el cielo lo que no han gozado en la tierra. Y a todos los demás nos queda íntegra la vida a partir de ahora, que es lo único que necesitamos para ser moderadamente felices.

Acompañándonos estará la vida por toda la eternidad, quedando ésta reducida a los años que tenemos por delante para sonreír, amar, soñar y compartir. Y nos queda la vida entera, porque ni rey ni roque podrá arrebatárnosla mientras dure. En ello está nuestra fuerza y la feliz esperanza de que cada día sea mejor que la noche abandonada en la almohada al amanecer.

Y viviremos amando todo lo amable que encontremos en el camino.  Esta pasión por vivir explica muchas sonrisas inexplicables, muchos temblores de almas desfavorecidas y algunas sacudidas del espíritu, injustificables para la ciencia. Sonrisas entumecidas muchas veces por noticias imprevistas que anuncian inevitables despedidas, nunca deseadas por su amargura.

Pero vivir no es sólo tener vida, como se le antoja al diccionario, tan cercana a la existencia pasiva de muchos seres formados por células muertas. Vivir es tomar del brazo a la vida y vivirla cada día, dispuestos a gozar de las felices novedades que esperan o a vencer las dificultades que aguardan su turno en la sala de espera.

Entre las esencias de la vida que nos permiten disfrutarla, os recuerdo el crotoreo de las cigüeñas en las espadañas, la alborada del sol, el aroma del pan recién horneado, la sonrisa de un niño, el azafranado color de los girasoles, el saludo del vecino, la verde copla de la hierba, el suave planear de las gaviotas, la fruta redondeada por el viento, los abrazos de bienvenida, las gotas de lluvia en los cristales, el canto de las aves al amanecer, un clavel en el ánima del fúsil y la felicidad de vivir con honradez entre tanta miseria. Incluso las lágrimas derramadas en postreros adioses, forman la sustancia de nuestra vida.

Con estas armas intentaremos derrotar la muerte aunque no lo consigamos.

Esto quería dejar escrito hoy en mi bitácora, tras recibir ayer la noticia de que un amigo de juventud se ha olvidado de vivir, dejándonos su mochila llena de esperanzas frustradas y proyectos por cumplir, en un recodo del camino.

Hasta siempre, Jesús.

 

CAPRICHOS A 120 km/h

CAPRICHOS A 120 km/h

De las muchas formas que hay de gobernar, destaca por su arbitrariedad el gobierno caprichoso a golpe de decreto o, si se prefiere, el gobierno por decreto a golpe de caprichos. Modalidad que consiste en someter la vida de los ciudadanos a decisiones condicionadas por la dirección que tome el viento en torno a la cabeza de quienes hacen del país, cortijo de recreo.

Si se trata de un sirocazo, su influencia en mentes con pinzas flojas puede tener efectos desoladores en los vecinos, incapaces de comprender decisiones que no tienen pies, ni cabeza, ni tronco, ni extremidades. Es decir, sin cuerpo ni fundamento alguno, producidas por calenturas temporales de mentes seudoprivilegiadas que en momentos de política delirante deciden jugar con los ciudadanos, en lugar de gobernarlos con el respeto que merecen.

Las  monarquías han tenido sus validos sin nombramiento formal, pero con más poder que el propio rey. Ahí está el de Olivares para demostrarlo, hombre de confianza y presidente in pectore para Felipe IV, aunque no fuera más que sumiller de corps, caballerizo mayor y camarero mayor, pretextos para estar en todo momento al lado del monarca y decidir por él.

Pero las cosas han cambiado. En el actual Estado monárquico, el presidente otorga a sus validos ministerios y otras menudencias sin importancia. Concretamente, el profesor de economía del premier tiene en su poder la industria, el turismo, el comercio y la voluntad del patrón, para que éste patrocine sus genialidades.

¿Cómo, si no, se explica el regalo de bombillas de bajo consumo, previo paso por correos? ¿Quién puede entender  el fracaso del plan “vive”? ¿Qué explicación puede darse a los nuevos recibos eléctricos? Y, finalmente, ¿a qué vino la bajada del límite de velocidad, por mucho que el valido se empeñara en justificar el ahorro a base de poner en fila no sé cuántos miles de barriles de petróleo desde Sirio hasta Shaula?

¿Quién hizo el cálculo y cómo lo hizo? ¿Se tuvieron en cuenta las horas de trabajo invertidas en el cambio de pegatinas, su coste de fabricación, el transporte y la energía empleada en ello? ¿Se ha calculado el coste moral y económico que representa volver a la situación de partida del 7 de marzo, a partir del 1 de julio?

Hay más: si la medida tomada ha sido tan saludable que ha permitido en cuatro meses reducir en ¡450 millones de euros! la balanza de pagos, ¿por qué no seguir con ella? Y si no ha sido así ¿por qué ocultar el error cometido?

Y, sobre todo, ¿se ha evaluado el desgaste ciudadano, la indignación y el cansancio de una población harta de que le tomen el pelo, como han puesto en evidencia todas las encuestas relativas a tan caprichoso decreto?

 

INSULTOS POLÍTICOS

INSULTOS POLÍTICOS

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Vamos directamente al grano: ni España se desmorona, ni es comparable con Sodoma y Gomorra,  ni los cuatro jinetes del Apocalipsis se han apostado en los puntos cardinales del país a la espera de una orden divina para lanzar el ataque definitivo que nos aniquile a todos de un plumazo. Nada de eso es verdad, a pesar de los esfuerzos que hacen algunos por acongojar a quienes les escuchan. Tranquilos, que la realidad sólo llega al gris oscuro.

Ocurre, simplemente, que los políticos van por caminos que nada tienen que ver con las rutas que seguimos los ciudadanos. Eso explica los excesos verbales de ambas cuadrillas y los insultos que mutuamente se propinan. Mirad, si hiciéramos caso a las descalificaciones que se hacen unos a otros nos uniríamos los ciudadanos para acabar definitivamente con ellos. Pero como sabemos que todo pertenece al teatro público, pues nada, ni vemos, ni oímos, ni compartimos, aunque la gran mayoría, callamos.

Las acusaciones mutuas de mentirosos son tan frecuentes que de ser ciertas estaríamos en manos de dos pandillas de cínicos de diverso color y pelaje. Cuando unos tildan a los otros de irresponsables y éstos les responden llamándoles ineptos, no debemos concluir que estamos rodeados de irresponsables ineptos. Y si  un alto dirigente acusa a otro del bando contrario de pirómano político y éste responde llamándole borracho, tampoco debemos pensar que hemos puesto la antorcha en manos de un borracho al frente del polvorín autonómico.

La guinda a tanto piropo la puso un diputado cuando le gritó a otro del partido contrario “¡cállate cabrón!”, durante un debate parlamentario, obligándonos a pensar en una oscura competencia para ver quien insulta más y mejor, en el menor tiempo y con mayor eficacia. Esa es la forma que tienen de dirimir sus diferencias. ¡Ah! luego nadie tiene culpa de nada, porque unos responsabilizan a los otros de la situación para garantizar el mal entendimiento.

También se califican mutuamente de farsantes, autoritarios, antidemócratas, cobardes, antipatróticos, expoliadores, sinvergüenzas, traidores y de otras lindeces por el estilo, que de ser ciertas, imaginaos en manos de quienes estaríamos.

No contentos con insultarse entre ellos, algún incontrolado se acuerda de nosotros y nos llama miserables, mientras otro califica como “tonto del culo”,  a un periodista incómodo, y se queda tan contento. Son así.

Pero no hay que dar importancia a estas perlas. Los ciudadanos somos bastante más sensatos y prudentes que estos dirigentes, elegidos por nosotros entre los que nos ofrecen los partidos, como mal menor, porque no tenemos otros.

 

TENCAS POLÍTICAS

TENCAS POLÍTICAS

Llevo unas horas en la blanca tierra que mantienen dos carboneritos, viendo a la Clara ir a misa con el librito en la mano a pedirle a Dios perdón, mientras la enamorada exige a su hombre echar el surco derecho a la ventana para ser labrador de sus padres mañana.

En estas coplas estaba cuando unos amigos me invitaron a cambiar las sardinas gallegas por tencas salmantinas y hasta Matilla de los Caños me fui en compañía de mi amigo Antonio a degustar ese pez dulceacuícola que habita en el lodo de las charcas, capturado «de esa manera» por los anfitriones de la cena.


 

 

 

 

Pero no va de tencas la entrada de hoy, sino de política porque entre los once que compartimos mantel estaban el alcalde Nazario y el teniente de alcalde Ciriaco, obligándonos en la sobremesa al inevitable comentario político, que reproduzco con su autorización, como testimonio de una situación ejemplarizante de lo que ocurre en pequeñas localidades.

Preguntón: ¿En el pueblo quién gobierna?

Ciriaco: Quién va a gobernar, el Partido Popular. Tenemos cinco concejales y los socialistas dos, y de milagro, porque no los merecen. Aquí presentaron a la alcaldía una maestra que no es de aquí, nadie la conoce y ni siquiera vino por el pueblo el día de las elecciones. ¿Quién cojones va a votarles? Eso sí, en las elecciones generales siempre ganan los socialistas porque hay muchos trabajadores. Pero en las municipales se vota a las personas y ninguno de los 712 habitantes conocía a la candidata socialista. Tenían que haber presentado a alguien del pueblo.

Preguntón:  ¿Cuánto cobráis los concejales?

Alcalde y teniente de alcalde: ¡Ni un duro! Es más, el cargo nos cuesta dinero de nuestro bolsillo. Estamos aquí para servir a los vecinos, aunque todo sean problemas. Sobre todo cuando uno pide o protesta por algo y otro viene pidiendo y protestando por lo contrario.

Preguntón: ¿De dónde sacáis los siete millones de pesetas para las fiestas?

Nazario: Pues de impuestos y del Estado, pero este año hay que bajar el gasto aunque sea difícil porque las vaquillas, que son millón y medio, no pueden quitarse; las orquestas, dos millones y medio, tampoco se pueden tocar; las setecientas mil de la paellada popular hay que mantenerlas; y luego los juegos para los chavales, etc.

Preguntón: ¿Y el trabajo?

Nazario: Pues mucho. Que si reuniones aquí y allá, viajes, negociaciones y más de mil quinientas firmas que hay que echar. Pero todo lo haces por la gente, porque si fuera por el dinero, sería la ruina.

Preguntón: ¿Y las recalificaciones…?

Ciriaco: ¿Corrupción dices? Aquí nada. De eso no hay. Queremos aumentar el perímetro del pueblo y es imposible. Pedimos algo y vienen los ingenieros con el helicóptero y dicen: aquí no y aquí tampoco. Y luego tienen que estar los vecinos de acuerdo porque si uno dice que no, se jodió.

Así fue la tertulia y así queda escrito, agradeciendo las tencas, la conversación y la amistad que allí recibí por parte de todos, estando obligado a corresponder.