CAZADORA CAZADA

CAZADORA CAZADA

Según informan todos los medios de comunicación digitales, el responsable del juzgado central de  instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz, está investigando una presunta estafa por apropiación indebida y desvío de fondos, realizada por algunos directivos de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), siguiendo las diligencias abiertas en 2010 por Baltasar Garzón tras recibir unas denuncias, que la Fiscalía Anticorrupción se tomó en serio.

El magistrado Ruz ha ordenado registros en la sede de la institución y la detención de nueve personas, entre las que se encuentra el cerebrito de la trama delictiva, José Luis Rodríguez Neri, director general de la filial digital de la SGAE, quien desvió presuntamente decenas de miles de euros a su empresa Microgénesis. También ha caído el director financiero de la SGAE, Ricardo Azcoaga; el Director General, Enrique Loras, y hasta el denostado Teddy Bautista, presidente del Consejo de Dirección, que no habría participado activamente en el choriceo, aunque tuvo conocimiento de la trama.

Según noticias confirmadas se han agotado las reservas catalanas de cava y las francesas de champagne, como puede comprobarse leyendo los cientos de comentarios que los ciudadanos han incluido al pie de la noticia en los diferentes medios, donde se evidencia una antipatía ciudadana hacia esta Sociedad que desborda todas las previsiones.

Unánime inquina que los internautas han expresado con una rotundidad incuestionable, aunque la moderación y el respeto hayan brillado por su ausencia en muchos comentarios difundidos urbi et orbi, como iniciaban sus proclamas los romanos del Imperio.

Unos se alegran que “hayan pillado al mayor pirata y ladrón del reino”. Otros festejan que “por fin la justicia haga algo” y muchos gritan “¡Viva la justicia española!”. No faltan los más radicales que llaman a los dirigentes de la SGAE “Panda de ladrones sinvergüenzas, que deberían ir todos a la cárcel”, quejándose que “llamaran ladrones a los que se descargaban música de la red”, contentándose irónicamente con saber “dónde iba todo el dinero recaudado”.

Los comentaristas con más sentido del humor ironizan sobre la situación pidiendo que el proceso se retransmita en directo para sentarse “en el sofá con las palomitas a disfrutar del espectáculo”. Uno aparentemente religioso se limita a cantar “Aleluya, aleluya, aleluya”. Y otro espera que aparezcan pronto chistes sobre las detenciones, pues “esta historia va a producir un millón de carcajadas, y la SGAE no va a poder cobrar derechos”.

Tampoco faltan pesimistas dispuestos a cercenar toda esperanza: “No les va a pasar absolutamente nada. Lo mismo que Millet y tantos otros. Con el silencio cómplice de PP, PSOE y CiU (por no seguir nombrando). Resulta todo vomitivo.  ¡Democracia real ya!”. A esta idea se añade un indignado más pidiendo al personal que no se alegre tanto: “Sabéis perfectamente por casos anteriores que después de todo este teatro los van a soltar (fianza, prescripción de delito, etc) y se quedarán con toda la pasta (el supersueldazo, más esto). Pero con estas pantomimas parece que vivimos en un país democrático. ¡¡¡Democracia real ya!!!”.

El resumen es que jamás la detención de unos presuntos delincuentes produjo en los ciudadanos tanto regocijo y aplausos.

 

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