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Año: 2011

BICICLETEROS POR LAS ACERAS

BICICLETEROS POR LAS ACERAS

Lo que tenía que pasar, pasó. Hacía meses que venía pronosticando el atropello de un inocente peatón en el espacio que se supone reservado para él, y al final la triste realidad se ha puesto de mi parte, obligándome a lamentar mis predicciones.

Al doblar la esquina, un cicloacera se ha llevado por delante a un niño y han tenido que coserle la cabeza en el hospital y escayolarle un brazo, mientras el padre juraba en arameo, prometiendo linchar al irresponsable bicicletero que circulaba con su máquina por la acera.

Si para proteger a los viandantes de los vehículos a motor fueron creados los espacios salvacoches, ¿cómo amparar hoy a los caminantes urbanos de los pedaleadores que invaden impunemente su espacio?

Circular con bicicletas por las aceras es un nuevo peligro para los indefensos peatones – es decir, para todos -, que exige solución urgente por parte de los concejales de urbanismo de cada ciudad. O se destierran a una isla desierta a estos deportistas de marioneta o se construyen pasos elevados sobre las aceras para los peatones o se dota de un garrote a los transeúntes.

Sabido es que pisar en Alemania un carril bici es más peligroso que poner el pie en la calzada, y cruzar la carrilera velocipedista más inseguro que detenerse en una avenida de cien carriles. Pero nosotros lo hemos mejorado llevando a los peatones el riesgo de acabar en un hospital, si se atreven a pisar la acera.

Se quejan los ciclistas de que no tienen carriles en la ciudad y del peligro que para ellos representan los vehículos motorizados, y como injusta solución invaden las aceras con las consecuencias ya descritas, y las que están por venir, si quienes deben velar por la seguridad de de los peatones continúan mirando para otro lado.

Ante una desgracia mayor que el descalabro o la fractura ósea no tendrán cabida las lamentaciones ni los perdones, porque se está avisando del posible quebranto desde hace años, sin éxito alguno.

Hago público que pocas cosas me molestan tanto como que pasear por las aceras llevando detrás una bicicleta pidiendo paso con el timbrecillo, hasta el punto de hacer cuanto puedo para dificultar su paso, molestándome el adelantamiento cuando el irrespetuoso abusón da un pedalazo definitivo dejándome atrás, para irse a por el siguiente peatón.

Lo curioso es que estos personajes suelen presumir de ecologistas, sin saber qué significa ni los compromisos que esa afiliación implica. Y lo contradictorio es que protesten contra el avasallamiento de los coches sobre ellos y no duden en doblegar a los peatones con sus pedaladas por espacios que no les corresponden.

¡ AL BANQUILLO !

¡ AL BANQUILLO !

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No todas las noticias que llegan en estos tiempos difíciles, son malas. Algunas de ellas, – como la que hoy nos envía la justicia valenciana -, alientan el ánimo de los “indignados”, inquietan a los especuladores, perturban a los corruptos, advierten a los sospechosos, preocupan a los politiqueros, molestan a los incondicionalee y satisfacen a los ciudadanos honrados.

Todo ello gracias a un juez que ha decidido situar el poder del Estado que representa, en el lugar que le corresponde, por encima de presiones políticas, de la controversia periodística que llegará y del juicio social paralelo que se avecina. También al magistrado José Flors le espera lo suyo, porque ya Lola, – la portavoz del procesado -, ha dejado clara la postura del Gobierno de la Generalidad Valenciana, contraria a su decisión, mientras Camps y su jefe Rajoy se han perdido por el espacio sideral.

Estamos obligados a personalizar la noticia porque la complacencia sentida tiene su origen en el procesamiento de Camps, aunque verlo sentado en el banquillo no agrade a nadie pues se trata de un alto representante del pueblo, y muchos pueden sentirse avergonzados por tal representación.

Evidentes indicios de delito ha debido ver el juez para ponerle frente a un jurado por vestirse y calzarse con los trapos sucios de moral y zapatillas embarradas, que llegaban a sus armarios y zapateros servidos a domicilio por el “bigotes”, sin otra intención que agasajar con 14.000 euros en especies a quien nada podía darle, en un alarde de generosidad desconocida en todas las latitudes.

Tanta mentira inicial, tanta prepotencia, tanta ironía y tanto desprecio a la prensa, no podía terminar de otra forma, ni tener diferente colofón al esperado por tantos desdeñados como el presidente ha ido dejando por el camino, pensando que los votos le darían una impunidad que don José justamente le ha negado.

Con el procesamiento se abre el merecido calvario del encausado que comenzará lidiando el miura de la dimisión que van a pedirle por todos los rincones, menos los íntimos, cómplices y beneficiarios de su poder. Cierta prensa pondrá la lupa en su pasado, sus palabras y sus gestos. Y si el jurado es independiente, no se librará de la lapidación social, ni él ni el vicepresidente Campos, ni el exsecretario del PPCV Costa, ni el exjefe de gabinete Betoret, por mucho que la televisión autonómica siga manipulando la información tan groseramente como lo ha hecho ayer, abriendo los telediarios con atascos circulatorios, playas marítimas y festivales roqueros, cuando ya se sabía que ¡¡el presidente de la Generalidad había sido encausado por cohecho!!

La fiscalía anticorrupción pide una sentencia que condene al jefe a pagar de 41.250 euros por un delito continuado de cohecho, es decir, por aceptar sobornos de quien necesitaba sus favores. Petición que comenzó a fraguarse hace dos años y cinco meses cuando el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón inició la investigación por una supuesta trama de corrupción en el caso Gürtel.

Esperemos que Flors no acabe sus días judiciales junto a mi querido andaluz, lamentamos estar gobernados por encausados judiciales, desearíamos penas más duras para los politiqueros corruptos, nos alegraremos de su condena si el jurado lo considera culpable y nos entristece que muchos ciudadanos otorgaran su confianza en las urnas a quienes estaban imputados de choriceo.

CODEX CALIXTINUS

CODEX CALIXTINUS

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Un manuscrito desconocido para la mayoría de ciudadanos, ha pasado a primer plano de actualidad por la acción de varias manos negras, – tan detestables como desconocidas -, que sin previo aviso y de forma que nadie explica, se han llevado el pasado día 5 el Códice Calixtino guardado en una cámara blindada de la catedral de Santiago de Compostela, donde llevaba ochocientos años.

Pero no voy a hablaros de este manuscrito iluminado del siglo XII, primera guía de peregrinos a Santiago, que da consejos a los caminantes, detalla la ruta, describe las obras de arte que hay en el camino y comenta las costumbres locales, al tiempo que reproduce sermones y milagros del apóstol Santiago. Y digo que no quiero hablaros de él porque cualquiera de vosotros puede acceder a información sobre el mismo abriendo una de las múltiples páginas web que lo describen.

Deseo simplemente ofreceros fotos de algunas páginas para que disfrutéis con esta obra de arte, patrimonio de creyentes y descreídos, hoy en paradero desconocido, y explicaros como llegó a las estanterías de mi casa una reproducción del mismo, tras pagar un elevado precio por ella, complaciendo así mi afición de adquirir obras históricas que guardo con tanto cariño como celo.

Sabed que fue el azar quien me llevó al códice cuando rastreaba siete cartas dirigidas por Unamuno a su médico de cabecera, que terminaron finalmente en la universitaria Casa Museo Unamuno, tras año y medio de búsqueda y siete meses de negociaciones con la propietaria de las cartas, Pilar Zataraín, viuda de Millán Bravo Lozano, catedrático de Latín, fundador del PANCAL, traductor y editor de la reproducción facsimilar del Codex Calixtinus, uno de cuyos ejemplares compré a mi amiga, quien tuvo la generosidad de regalarme tres obras de don Miguel imposibles hoy de adquirir.

Disfrutad con estas páginas del Códice desaparecido.

SOMOS NÚMEROS

SOMOS NÚMEROS

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Se ha dicho que los seres humanos somos aquello que comemos. No creo. También se da por cierto que somos animales dotados de razón, lo cual no parece muy acertado. Igualmente, me niego a compartir eso de que somos una realidad sustantiva o un sistema clausurado de notas psico-orgánicas. Me sorprende que alguien haya podido pensar que somos animales políticos aristotélicos o positivistas prácticos. Y tampoco voy a pronunciarme sobre la opinión del sherewsburyense, porque no me hace mucha gracia pensar que soy un primate venido a más.

Después de darle cientos de vueltas al tema, he llegado a la conclusión de que somos números, y sólo números, interdependientes en una pegajosa retícula similar a un sudoku, que determina nuestra existencia. Tal vez por eso no tenemos otra opción que resignarnos a ser el preso número nueve, aunque no nos hayan condenado todavía.

Unos elementos tan simples, que aparecieron en el zurrón de los pastores hace treinta mil años para ayudarles a contar las ovejas, se han convertido con el paso del tiempo en la seña de identidad humana. Los números decidieron en su día apoderarse de nuestra personalidad, y vaya si lo han conseguido. Además, de tal usurpación no tienen culpa sus inventores, porque los babilonios ignoraban las consecuencias de lo que hacían cuando balbuceaban el alfabeto numérico que ha suplantado nuestros nombres.

Ni cuerpo, ni alma, ni esencia, ni razón. Somos simplemente números. El Gran Organizador Social se encarga de numerar nuestro calzado, nuestra ropa, nuestra casa, nuestro coche y nuestra tumba. Al nacer nos asignan el primer número en el paritorio. Acto seguido, otro diferente en el documento oficial que acredita nuestra llegada a este mundo numérico. En el colegio nos cambian de nuevo los guarismos, y por si esto fuera poco, nos asignan un número de ciudadano, otro de contribuyente, un tercero de funcionario y hasta el de trabajador. Números de cuentas bancarias, de  bases telemáticas, de tarjetas financieras y comerciales; de distritos postales y de teléfonos. Claves de acceso a controles financieros, a correos electrónicos, a llaves numéricas de portales y a cajas fuertes.

Nuestro nombre es un complemento decorativo que adorna el número que nos identifica. En comisaría nos piden el número de ciudadano; en Hacienda el número de identificación fiscal; en el club, el número de socio; en la biblioteca, el número de lector; en el archivo, el número de investigador; en el hospital, el número de la Seguridad Social; en el periódico, el número de suscriptor; en el comercio, el número de cliente; en la frontera, en número de pasaporte; y en el supermercado, el número de turno. Sí, porque en las colas hemos sido todos los números, y así nos identifica el pescadero cuando aparecen nuestros dígitos en el panel eléctrico, gritando: ¡el24!

Dime cuantos guarismos tienes en la cuenta corriente y averiguaré como vives. Declara el hándicap que tienes y sabré como juegas al golf. Háblame de tu edad y del número de caballos de potencia del coche y anticiparé el tiempo que te falta para acabar en el centro de parapléjicos de Toledo. Expresa la altura que tienes y sabré si juegas al baloncesto. Menciona los kilos que pesas y te diré si necesitas una reducción de estómago. Confiesa tu declaración de hacienda y adivinaré si estás indignado. Revela las pólizas de seguros que tienes y sabré el futuro que te espera. Anuncia el número de calzado que gastas y te diré si vas a tener suerte en las rebajas. Divulga tus “medidas” y conoceré los metros de eslora del barco de tu amante, donde tomas el sol. El número que juegas a la lotería puedes evitarlo porque la suerte no está contigo.

Debemos recordar tantos números que no puedo deciros ahora la cantidad de los que tengo archivados en el disco neuronal de mi sesera. Y el futuro no pinta mejor, amigos, pues la salvación a todo ello pasa porque una enfermedad degenerativa del cerebro venga a
visitarnos y nos incapacite para el recuerdo, borrando de la memoria los innumerables guarismos con que nos han numerado a lo largo de la vida.

CAMPUSEROS

CAMPUSEROS

Sin alcohol en las venas ni cervezas en la mochila, sin armas en la lengua ni pistolas en el cinturón y sin estimulantes en el cerebro ni alucinógenos en papel de aluminio, están reunidos en la valenciana Ciudad de las Artes varios miles de jóvenes espíritus.

Amantes de Internet y de las nuevas tecnologías, con edades comprendidas entre los cinco y cien años, han llegado a la ciudad del Turia llevando a cuestas un ordenata, dos toallas, productos de higiene personal, humor, entusiasmo, compañerismo, montón de creatividad y ganas de diversión, que nada tiene que ver con el pandillerismo, la picaresca o los campus de botellón.

Uniendo sus talentos serán capaces de crear un futuro internáutico del que todos nos beneficiaremos, con nuevas reglas insospechadas hasta el domingo que apaguen sus pantallas.

Asistirán estos días a conferencias divulgativas, jugarán a imposibles juegos inimaginables, aprenderán a construir un telescopio, editarán astrofotografías, acabarán dominando el HTML5, hablarán a través de la pantalla con millones de internautas perdidos en el ciberespacio, competirán en concursos, superarán pruebas de retoque digital y disfrutarán juntos de los maravillosos viajes virtuales que les esperan.

Confieso mi respeto a todos ellos por los conocimientos informáticos que atesoran y el dominio que tienen sobre Internet y redes sociales, tan alejado de la ignorancia que asiste al bloguero que firma estas opiniones diarias. Pero unido a ello va mi gratitud por la generosidad con que siempre han atendido mis preguntas y resuelto mis dudas en los foros, sin pedir nada a cambio ni conocer a quien ayuda les pedía.

Y puestos a agradecer, expreso mi reconocimiento a quienes abrieron en España la ventana de nuestras casas al mundo virtual, a quienes pusieron las primeras piedras de Internet y nos llevaron a todos de la mano dando los primeros pasos por la red. Ahí está José Barberá, que fundó y dirigió durante seis años RedIRIS, antesala de la red española; Juan Quemada, realizador en 1985 de la primera conexión española a un servicio de Internet; y Juan Antonio Esteba, creador de Goya Servicios Telemáticos, primer proveedor de Internet.

Finalmente, espero que la presencia en el Campus Party del ciudadano Olmo Gálvez, representante de la Plataforma Democracia Real Ya, haga posible la comunicación rápida y eficaz entre todos los “indignados” a través de Internet, para hacer frente de forma coordinada a la que se nos viene encima, porque nadie va a librarnos de ella como no lo hagamos la mayoría silenciosa de ciudadanos que estamos hartos de politiqueiros, banqueiros y especuladeiros.

EL ESPÍRITU DEL PALOMAR

EL ESPÍRITU DEL PALOMAR

La familia columbidae, sobre todo las palomas urbanas, andan por el suelo, aunque no falten doctrinas que las santifiquen y mantengan en vuelo permanente iluminando con lenguas de fuego las cabezas de sus seguidores.

Hay palomas “bobas” que han emigrado desde el caribe a los rancios páramos esteparios; “celebianas”, que han abandonado Indonesia y andan ahora en páginas de las hojas parroquiales abanderando celibatos, continencias y purezas carnales; “tamborileras”, pluriempleadas en manifestaciones de charanga y pandereta, que han huido del Sahara a las pancartas episcopales; y “azules”, propias de selvas tropicales que han dejado los cursos de agua natural para estancarse en las pilas bautismales.

La antipatía de muchos por las palomas se debe al carácter ácido de los excrementos que depositan donde se les antoja, dañando fachadas y puertas de acceso al buen entendimiento; obstruyendo canalones de comunicación; ensuciando la ropa limpia de los vecinos; y produciendo goteras en las Instituciones.

Además, estas aves, por muy espiritualmente santas que sean, transmiten enfermedades como la coriza, cuyo síntoma principal es la aparición de una coraza contra el sentido común, que las hace impermeables al cambio, a la innovación y al progreso. Finalmente, amigos lectores, voy a deciros que los nidos donde se reúne la familia columbidae son fuente inagotable de ácaros, piojos, pulgas y garrapatas, por lo que en algunos países está prohibido alimentarlas.

Por otra parte, la idílica imagen de las palomas volando sobre el cielo está dando paso a una realidad menos poética, pues ahora se ven más estas pícaras aves en los vertederos, que surcando el cielo. Pícaras, porque engañan; y crueles, porque no dudan en picotear el agnosticismo reinante para arrancarle a pedazos la piel.

La gran maestría que las palomas exhiben en el vuelo deja extasiados a los ingenuos, seduce a los crédulos y despista a la mayoría civilizada que no percibe la rigidez de sus plumas ni el peligro de sus puntiagudas alas, ya que pueden clavarse sin reservas en almas cándidas, tratando de confundir una realidad incuestionable.

Entre los emergentes tipos de palomas, destacan las “sombrías” y las “tridáctilas”. Unas por su permanente gesto antipático y las otras por sus tres agudas uñas, como colmillos depredadores, dispuestas a rapiñar la carroña, insectos y lombrices que la ignorancia deja como detritos en la sinrazón. Y lo más curioso: las palomas viven más tiempo el cautiverio del libro sagrado, que la libertad, porque la doctrina les ahoga el albedrío.

Son vertebrados que se vertebran en estructuras mentales anquilosadas y viven la simbiosis de los líquenes, apoyándose mutuamente para proteger sus intereses frente al enemigo común: las punzantes espinas de la incredulidad que pretenden crucificarlas en sus púas para evitar la ensoñación del milagro.

Para defenderse, las palomas excretan ideologías crepusculares sobre la fantasía de cuentos milenarios. Se arrullan, se cortejan y, tras la cúpula, hacen un vuelo conjunto de ostentación, batiendo las alas en un aplauso que sólo emociona a los beneficiarios de su apareamiento.

DE IMPUTADOS A INVESTIGADOS

DE IMPUTADOS A INVESTIGADOS

Semanas después de que la Fiscalía General del Estado anulase el intento de un sector del Consejo General del Poder Judicial de ponerle un nuevo parche poroso a la añeja Ley de Enjuiciamiento Criminal, enmendando la Ley de Agilización Procesal, el inquieto ministro de Justicia, Francisco Caamaño, abría la caja de sorpresas en un momento de incierto futuro para el gobierno, reconociendo públicamente la existencia de un borrador que modificará sensiblemente la Ley de Enjuiciamiento Criminal – piedra angular del ordenamiento jurídico – proponiendo como novedad fundamental que la Fiscalía se encargue de dirigir la investigación penal tanto en los procesos ordinarios que concluyen en auto de procesamiento, como en los abreviados que finalizan en imputación.

Esto significa sencilla y llanamente la desaparición de los juzgados de instrucción, pero no de los jueces en el proceso, que se mantendrán en la figura del «juez de garantías», ocupados en centrar el trabajo de los fiscales, con el fin de proteger los derechos del sospechoso.

Aunque esta es la variación más importante, quiero poner la atención en un aspecto menor que me preocupa porque alivia la pena moral y pública de los políticos “presuntamente” corruptos, al calificarlos como investigados, en lugar de imputados. Beneficio nominal inmerecido por los implicados.

En el libro de la Academia donde se recogen y explican de forma ordenada todas las voces de la lengua española, no figura la palabra investigado por ninguna parte. Tampoco aparece en el Diccionario de Términos Jurídicos de Aranzadi, lo que dificulta saber a qué se refiere exactamente el ministro empleando un término inexistente. Algo que no ocurre con la voz imputado, utilizada para definir a la persona que se encuentra en proceso penal.

No obstante, podemos intuir el significado del término investigado, sabiendo que investigar  es hacer diligencias para descubrir algo y aclarar la conducta de ciertas personas sospechosas de actuar ilegalmente.

Si esto es así, no queda más remedio que concluir afirmando que se trata del mismo perro al que se le pretende sustituir el collar con púas del castigo popular por una gargantilla de san Blas. Sustitución que rechazamos porque la investigación es el proceso y la imputación su consecuencia, si procede.

Dicho esto, conviene advertir que se trata de un borrador con largo camino a recorrer, pues debe pasar primero al Consejo de Ministros, luego viajar al Congreso como proyecto de Ley donde no será consensuado dada la oposición ya manifestada por el Partido Popular y, finalmente, ser objeto de preceptivos informes de órganos judiciales y corporativos afectados por la norma. Pero según informa el ente público, cuenta con el apoyo de las Asociaciones Francisco Vitoria y Jueces para la Democracia, habiendo emitido ésta un comunicado valorando muy positivamente el borrador de la norma, que «por fin aborda una reforma estructural del proceso penal con el objetivo de poner fin a una situación insostenible».

El transiberiano que espera al proyecto significa que tiene pocas posibilidades de salir adelante en el plazo pretendido, a pesar de la urgencia del ministro por “copiar las pautas propias que las democracias avanzadas, especialmente las de la Unión Europea, siguen en los procesos penales, ya que la actual Ley de Enjuiciamiento Criminal no contempla muchas de las garantías constitucionales, que el Tribunal Constitucional y el Supremo si contemplan, pues se trata de una ley con 129 años de antigüedad».