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Año: 2011

¿ESTÁN LOS RESTOS DE SANTIAGO EN LA CATEDRAL?

¿ESTÁN LOS RESTOS DE SANTIAGO EN LA CATEDRAL?

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Hoy, 25 de julio, llegarán a la octocentenaria catedral de Compostela miles de peregrinos para venerar las supuestas reliquias del santo que allí se guardan en urna de plata desde 1886. Ellos se acercan con la duda de que los restos de Santiago que allí se conservan, sean los verdaderos; y yo me mantengo en la distancia con la seguridad de que se trata de un montaje muy necesario en aquella época para la cristiandad, que se mantiene por los rentables beneficios religiosos y comerciales que proporciona.

Lutero afirmaba que las reliquias descubiertas en su día correspondían a un animal, siendo calificadas como el “principal emporio de la superstición papal” por el ejército inglés que se batía contra las tropas españolas de Felipe II.

El teórico osario del predicador fue redescubierto en 1879 tras andar vagando por el mundo durante tres siglos, certificando los investigadores que se trataba simplemente de antiguos restos humanos. No faltan los que afirman reconocer en ellos los huesos de Prisciliano, el obispo ajusticiado por hereje en el siglo IV, aunque esto tampoco parece muy creíble.

Lo que está claro es que no hay documento escrito o testimonio con base científica fiable para acreditar la creencia oficial profesada por los millones de peregrinos que han abrazado el busto metálico del apóstol y visitado su cripta, incluidos reyes, príncipes, papas, lecheros, turistas, peregrinos, hojalateros y vendedores ambulantes.

Incluso yo mismo, las tres veces que he realizado el Camino de Santiago he dado la “cabezada” en la entrada del templo y posado mis manos en la espalda del busto, sin poder conseguir la acreditación correspondiente porque el clérigo que las concedía dedujo de la entrevista mantenida que mi falta de fe no merecía ese premio, conformándome con la estampita que me regaló, pero satisfecho porque mi hijo vio cumplido su anhelo de tener la Compostelana.

No obstante, si el hecho de creer que allí se encuentran los restos del látigo que flageló a los  infieles musulmanes y el matamoros inclemente, consuela y satisface a los creyentes, pues todos felices alimentando el mito católico que nutre la fe religiosa de los fieles, estimula el comercio, revitaliza la hostelería, fomenta el turismo y despierta el entusiasmo festivo en los que llegan rotos a la Plaza del Obradoiro.

Alsina, profesor de historia medieval en Santiago, ya dijo en su día que con la tumba de Santiago “cabe tanto el hallazgo como el invento”. Por otro lado, el texto sagrado nos dice que Herodes ordenó la decapitación del apóstol en torno al año 43, por lo que parece difícil que su cuerpo fuera sepultado lejos de Palestina.

Las primeras noticias documentales de la presencia de Santiago en España se sitúan a finales del siglo VI, en el “Breviario de los apóstoles”, obra anónima que habla de la presencia del hijo de Zebedeo como predicador del evangelio «en Hispania y a otros lugares occidentales, que difundió la luz de su predicación en el ocaso del mundo”, asegurando que el cuerpo de Santiago se encontraba sepultado en Aca Marmarica. Adivinen ustedes.

Finalmente, el mito recibió el espaldarazo definitivo alrededor del año 825, con el hallazgo de un sepulcro en la actual Compostela, basándose en la leyenda del ermitaño Pelayo que vio resplandores luminosos en un monte cercano a su ermita, junto a revelaciones celestiales. Este rezador comunicó a Teodomiro, obispo de Iria Flavia, la noticia, quien se recogió tres días en oración antes de ordenar el rastreo de la zona en busca de una explicación mística al suceso, hallándose un monumento funerario en el Campus Stellae que fue inmediatamente adjudicado a Santiago, para fortalecer la moral de los ejércitos cristianos, siendo Alfonso II el Casto, rey de Asturias, el primer peregrino que se acercó hasta la hipotética tumba del apóstol para solicitar ayuda militar al santo y ganar la vida eterna.

USTED NO SABE CON QUIÉN ESTÁ HABLANDO

USTED NO SABE CON QUIÉN ESTÁ HABLANDO

El enfrentamiento protagonizado la noche del pasado día 14 por el senador socialista Curbelo en un local de alterne, que derivó en agresiones verbales, insultos y amenazas a los policías que prestaban servicio en la comisaría donde quiso postrarlos a sus pies, me trae a la memoria un incidente similar del que fui testigo hace veintiocho años, cuando otro dirigente político local amenazó a un policía que nos pidió los DNIs, al rechazar el agente el carnet del partido que el susodicho le presentaba como identificación. ¿Sabe usted quién soy yo?, le dijo en tono amenazante el político al policía, ante la sorpresa de éste que reculó discretamente, optando por dejarnos seguir en paz con nuestra tertulia en un rincón del ágora salmantino.

Salvando la distancia en el tiempo y diferenciando claramente las actitudes de uno y otro, así como los móviles del incidente, duele la coincidencia de comportamiento de ambos políticos,  amenazando a los agentes de la autoridad y reclamando privilegios que no les corresponden.

Acabo de leer el acta policial del enfrentamiento protagonizado por Curbelo, que un buen amigo de la infancia me ha enviado, y he quedado mudo, inmóvil, atónito, estupefacto y sin respiración, ante las agresiones verbales que este sujeto propinó a los servidores públicos que le atendieron.

Indignación, enojo, condena, impotencia y vergüenza que él no tiene, son las palabras que definen mi estado de ánimo al leer los disparates que el fulano de la Gomera dirigió a los policías, en medio de su ebriedad. Quiero hacerlas públicas en este blog con la literalidad que fueron pronunciadas,  para que sintáis conmigo el asco que yo siento.

El exsenador socialista y actual ¡presidente del Cabildo de La Gomera! inició su heroicidad diciéndole al policía que le atendió: “Tu eres un pringao y estás hablando con un senador”. En vista de su actitud, intervinieron otros agentes a los que insultó gravemente diciéndoles: “Sois unos terroristas, borrachos, hijos de puta, sinvergüenzas, soy senador y voy a ir uno por uno a por vosotros, voy a acabar con vuestras carreras, que estáis pagados por los putos fachas del Partido popular. Sois unos putos vendidos”. Tras esta primera refriega dialéctica, continuó echando bilis: “Soy senador, y vosotros más que policías sois unos terroristas, sois unos borrachos, no sabéis con quien estáis tratando, soy del senado y voy a acabar con vuestras carreras”. Con su bravuconería en alza, agarró por el pecho a un funcionario rompiéndole el polo de la uniformidad, mientras gritaba: “Sois unos terroristas. Os vais a cagar. Voy a acabar con vuestra carrera. Soy senador y no me podéis hacer nada hijos de puta, putos borrachos de mierda. Vendidos”.

Son palabras textuales recogidas del acta policial que concluyen con un colofón despreciable e indecente: “Me voy a dedicar el resto de mi vida a arruinaros la vida. Os deseo a todos los policías que estéis que os muráis todos de cáncer y yo veré con mis ojos  como se mueren todos vuestros putos hijos, fachas de mierda, maricones, cobardes, abusadores,  os habéis arruinado la vida por detenernos”.

No sé las razones que pueden tener los gomeros y gomeras para mantener a espécimen semejante a la cabeza del Cabildo, pero algo de vergüenza deben tener al verse representados por un pájaro de semejante plumaje, al que hicieron, además, senador del reino, diputado regional y emir del casimirato gomero, anónimo cincuentón perdido en la calenturienta noche madrileña con la cartera sobrada de billetes y miseria.

APEGOS, PEGAR, PAGAR

APEGOS, PEGAR, PAGAR

Me siento apegado a vosotros, lectores, por la vinculación afectiva que se está creando entre nosotros con vocación duradera, por medio de una interacción recíproca y sincera, cuyo objetivo básico es apegarnos como lapas a la amistad que nos sustenta. Además, todos los habitantes de esta casa estamos apegados a la cultura, nos inclinamos por los más débiles, apostamos por la igualdad de oportunidades y practicamos la solidaridad.

Pero no quiero hablar de estos nobles apegos, sino de ciertos pegamentos que nada tienen que ver con tan preciadas querencias. Me refiero a codiciosos vínculos, más profanos que sagrados, y más caducos que perennes, que son muy rentables para quienes aspiran a fortificar su vida con eurípides, blindar su poder con guillotinas y manejar tarjetas de platino que pagamos los sufridos contribuyentes.

A-pegar es la expresión que domina y orienta la vida pública en estos pagos, donde los profesionales de la política se pegan entre ellos para no despegarse del poder, al que llevan pegados desde que se inventó un misterioso pegamento político, conocido sólo por los privilegiados que están apegados a él.

Este término se ha puesto de moda en las organizaciones políticas, donde todos pegan carteles electorales, pegándose por conseguir el mejor espacio para sus pegatinas. Y pegándose por pegarse a los sillones con tal fuerza que algunos pegamoides llevan soldados a ellos ¡desde 1982!, pegándose una buena vida, sin que los correligionarios les pongan ninguna pega, para evitar que les peguen una bofetada política y queden  despegados para siempre del poder.

Y poned mucha atención a las vocales, porque no es igual pegar que pagar, ni pagador que pegador. Entre los políticos hay más pegadores, que pagadores. Bueno, es que no existen pagadores en ese mundo de cobradores. Cobradores de prebendas, privilegios, favores y …euribores, claro. No conozco actores políticos que no se peguen la vida padre a costa de
los demás. Debéis saber que todos los apegados al poder están bien pegados y mejor pagados. Y es que tenemos demasiados padres de la patria, ignorando que nos gustaría ser huérfanos totales de tan putativos progenitores.

Ciertos expertos en pegadas nos invitan ¡aaaa-pegaaaaaaar!, como si se tratara de un juego, sin medir bien las consecuencias de tales agresiones. Otros, en cambio, practican entontecedores y pegadizos sonsonetes, hasta que consiguen despegar a los adversarios del banco azul. Ahora andan ocupados en pegar los pedazos desperdigados de España que, al parecer, algunos están despegando con uñas separatistas. En cambio, mantienen pegados a la foto familiar a todos los disidentes internos para evitar huecos en la cartulina por donde se les vayan las artificiales lealtades y falsas unanimidades.

Los más apegados envían a los despegados a-pegar pasquines y a-pegar-se entre ellos mientras distribuyen pegatinas anónimas por los buzones, dejando por el camino colgajos, que ficticios cirujanos pegan para ocultar los jirones despegados de la piel sacrificada del chivo que ¿ha salvado? el pellejo del gran pagador.

Mirad, el secreto mejor guardado en los partidos políticos es la fórmula mágica del pegamento que mantiene a los poseedores de tan preciosa pócima pegados a los sillones, por muy fuerte que pegue el viento sobre las nalgas y espaldas pegadas a los asientos y respaldos del poder. Por eso, los más apegados a privilegios ocultan celosamente el tubo de pegamento para que ninguno otro pueda utilizarlo. Entre estos guardianes custodios de las esencias del poder se encuentran ciertos izquierdosos que van de pega, simulando ficticias actitudes solidarias que resultan sospechosas, porque les gusta más el pesebre solitario que compartir mesa con los pegajosos recién llegados.  De esta forma hacen bueno el final del cuento, en el que ellos  – los apegados, claro -,  siguen pegados a la vaca muy felices, pegándole al resto con los huesos en las narices.

INSOLIDARIDAD Y DISCRIMINACIÓN

INSOLIDARIDAD Y DISCRIMINACIÓN

A veces pequeños gestos ponen de manifiesto actitudes contrarias a la ideología que se dice profesar, y ciertas conductas “corporativas” denuncian falsas convicciones en quienes afirman defender lo contrario de aquello que practican.

El socialismo histórico ha tenido siempre por bandera solidarizarse con las personas menos favorecidas, pero los tiempos cambian y ahora los modernos socialistas se identifican más con sus líderes que con los trabajadores, y los parlamentarios de la rosa no se cortan en expresar su solidaridad corporativa con un colega, sin importarles los empleados subalternos que les llevan vasos de agua a la tribuna para enjuagarse la boca, cuando alaban al ministro que más chascarrillos político-económicos ha sacado de la chistera. Espero con ansia su novela de ficción «Influencia del uso de la corbata en el incremento del gasto energético».

La frivolidad política cometida es lamentable, pero el delito moral es doblemente detestable. No es de recibo democrático la discriminación que se está perpetrando en el Parlamento español, exigiendo a los ujieres llevar corbata en la Casa Madre – ¡bajo amenaza de sanción! -, permitiendo el descorbatamiento a ministros, parlamentarios, periodistas, invitados y visitantes.

Pero descalifica aún más a los compañeros socialistas que algunos se hayan presentado ayer en el Congreso sin corbata para ¡solidarizarse con el  ministro!, cuando parece más “socialista” acudir a las comisiones y sesiones con corbata, en solidaridad con quienes están obligados a llevarla, aún en contra de su voluntad.

Es insultante que esto suceda en el Parlamento sin que nadie tome decisiones para evitarlo,  pero más indignante es que los socialistas permitan tal discriminación protocolaria y, – lo que es más grave -, tengan gestos de solidaridad con quien no la necesita, sin poner la atención en quienes están sometidos a unas normas discriminatorias.

La responsabilidad política y laboral de los diputados es superior a la exigida a los ujieres, pero la dignidad de su trabajo y las condiciones formales del mismo deben ser iguales para ambos colectivos, sin discriminación alguna.

Execrable que se obligue a los ujieres guardar unas formalidades y presencia física, de las que se exime a quienes más debían respetarlas. Y condenable la actitud de los ¿socialistas? que han optado por solidarizarse con el ministro sin mirar para los porteros, ni atender las peticiones de disciplina y respeto solicitadas por el compañero presidente, poniendo en evidencia una fractura interna que no beneficia al partido, lo que hace pensar que a muchos de ellos les importa poco el naufragio del barco si ellos consiguen un chaleco salvavidas.

 

DIMISIÓN Y DECEPCIÓN

DIMISIÓN Y DECEPCIÓN

Mi estimado Juan Velasco acaba de comunicarme a través de Facebook que el señor Camps ha dimitido como Presidente de la Generalidad Valenciana, y no siento alegría alguna por la noticia, sino todo lo contrario. Una tristeza embarga todavía mi ánimo por la extraordinaria noticia, que nada tiene de bueno pues mi decepción es mayor.

Decepcionado porque un representante del pueblo, elegido por el pueblo y que debía estar al servicio del pueblo, sea procesado por traicionar la confianza del pueblo.

Decepcionado porque miles de ciudadanos dieran su confianza en las urnas a un personaje imputado en un proceso de corrupción política y algunos de ellos lamenten su dimisión.

Decepcionado porque los dirigentes del Partido Popular no cortasen por lo sano las aspiraciones de quien era sospechoso de adulteración política.

Decepcionado porque sean los jueces quienes pongan a los politiqueros en el sitio que les corresponde, cuando podían dedicar sus energías y tiempo a delitos comunes.

Decepcionado por las mentiras públicas iniciales del ya ciudadano Paco Camps y la falsedad con que ha presentado su dimisión, afirmando que lo hace por voluntad propia.

Decepcionado por el silencio que ha mantenido desde que se supo su procesamiento, y el mutismo de los responsables nacionales y valencianos del Partido Popular.

Decepcionado por la prepotencia, risas y delirio con que ha presentado la dimisión y por los aplausos que ha recibido de la concurrencia política que le rodeaba.

Decepcionado por las declaraciones posteriores de Costa, Barberá, Pons y otros dirigentes populares y por el silencio de la mayoría de ellos.

Decepcionado con Rajoy por mantenerlo en los carteles, sabiendo que hubiera ganado las elecciones en Valencia con  Juanito el de la Noria o Perico de la Romería.

Decepcionado porque no se le pueda aplicar al procesado la reforma del código penal, que añadiría a la inhabilitación, la cárcel.

Decepcionado por el victimismo con que un procesado judicial se ha presentado ante los ciudadanos, que no comprenden como declarándose inocente, dimite.

Decepcionado por el cinismo de afirmar que dimite para beneficiar a Rajoy, cuando más hubiera beneficiado al líder y al partido renunciando a presentarse a las elecciones.

Decepcionado porque haya optado por la dimisión en vez de aceptar su culpabilidad como han hechos sus socios y compañeros de viaje, aunque no se libren del banquillo.

Decepcionado porque un político de alto nivel tenga como “amigo del alma” al Bigotes, hasta confesarle que le amaba “un huevo”.

Este es el estado de ánimo que me ha llevado a escribir la entrada de hoy, sin esperanza alguna en que los políticos resuelvan los problemas de corrupción desterrando a los enviciados de sus filas y de las instituciones, lo que nos obliga a depositar la confianza en los jueces para conseguir el rearme moral que necesita la vida pública.

FULANISTAS

FULANISTAS

Mi inolvidable Elke se declaraba klausista cuando deseaba expresar su incondicional afecto y admiración a Klaus, el compañero que había pactado con ella amor eterno el lejano día en que decidió compartir la vida con aquella chiquilla minifaldera que apareció en el staatliche Gymnasium muchos años antes, cuando él era studienrat y ella una pobre einstweilig. Esas lealtades honran a quienes las practican porque las mueve un amor que lleva a ocuparse de la felicidad del compañero sin esperar nada a cambio de ello.

Algo parecido, en menor tono, le ocurre a los deportistas, que viven para el deporte; a los turistas, que buscan amaneceres tras las fronteras y nuevos encuentros en el ocaso; a los ecologistas, amantes de la naturaleza y de la vida libre; ilusionistas, estilistas, humanistas.

También es obligado decir que junto a ellos caminan seudo-istas, personajillos cubiertos de lodo que aparentan ser lo que no son, disfrazándose con adjetivos malversados por su comportamiento, distante del significado que realmente tienen las calificaciones que ellos mismos se otorgan en un intento de engañarnos a todos, acreditando con sus actitudes la falsificación aludida.

Así, nos encontramos con periodistas que manipulan lo que cae en sus manos y engañan a quien se acerca ellos; columnistas que aparentan saber de todo, aunque ignoren casi todo sobre lo que opinan; progresistas ocupados, sobre todo, en su progreso; catequistas intentando catequizar lo incatequizable; marxistas despistados; sofistas de micrófono, púlpito y tribuna; pacifistas de escenario; abortistas exaltados; machistas medievales; descerebrados camorristas; provocadores belicistas; consumistas ingenuos; diputados transfuguistas; prestamistas a la caza del ignorante; capitalistas sin escrúpulos intentando regates con aficionados sindicalistas de ocasión; pacíficos laicistas frente a beligerantes fundamentalistas; y toda la serie de oportunistas, chantajistas y estraperlistas que nos rodean a diario.

Pero dejadme preveniros contra el grupo de «istas» que anteponen a esta desinencia el apócope nominal de su padrino, es decir, de quien va a tirar de ellos para compartir poder, dinero, corrupción, engaños, trampas, fraudes, mentiras y …. banquetes, palcos, honores, privilegios, portadas, reverencias, servidumbre y otras cosas con las que ellos decoran su becerro.

Hablo de los fulanistas, que dejan a un lado las ideas y la dignidad personal, para seguir al ídolo de barro que va a ponerles comida en el pesebre, y corren tras él como los perrillos detrás del hueso que les arroja su amo. Me refiero a los aznaristas, juancarlistas, zapateristas, rajoystas, y tantos otros de cuyos nombres tampoco vale la pena acordarse.
Algunos de estos grupos con un solo miembro en su lista dispuesto a llevárselo todo él solito, dejándonos el consuelo de que la mayoría tiene que repartir alguna parte con sus palmeros reservándose, eso sí,  para ellos la mayor porción de tarta.

Y no creáis que el grupo de lideristas, es decir, de jefecillos, es pequeño. Son muchos, pero todos vulgares. Sí, porque sólo unos pocos privilegiados escriben páginas históricas que merezcan el reconocimiento ciudadano. La mayoría son procaces arribistas capaces de quitarle un caramelo a un huérfano. No penséis que exagero porque los he visto muchas veces pasando la guadaña a medio metro del suelo con intención de decapitar a los que no se agachan a tiempo.

Lo más triste, lo más desolador para el liderista, es descubrir que nunca ha sido amado. Puede haber sido respetado; incluso, tal vez, temido; pero nunca, amado. Porque el amor es lo único que perdura más allá de los bastones de mando, y a éstos se les acaba todo el poder el día que las urnas le quitan esa varita mágica de las manos.

Su falta de pensamiento propio hace que pasen sin dejar huella ni hacer historia. Incluso algunos pierden su identidad porque el fulanismo envuelve la más profunda indiferencia hacia la persona que apadrina el nombre.

HACE SETENTA Y CINCO AÑOS

HACE SETENTA Y CINCO AÑOS

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Poniendo la memoria al servicio de la historia y no al revés, es decir, anteponiendo historietas que algunos cuentan al servicio de intereses inconfesables, conocidos por sus beneficiarios, conviene recordar que hace setenta y cinco años los españoles disfrutaban de algo que habían decidido libre, voluntaria y democráticamente, cinco años antes: que la máxima autoridad del Estado fuera elegida por los ciudadanos o por el Parlamento. Algo tan simple que aún no se comprende por qué no sucede así, como hacen los alemanes, coreanos, franceses, italianos, americanos del norte y del sur, austriacos, rusos y varias docenas de países más.

Hace setenta y cinco años Rodolfo Halffter componía dos sonatas al Escorial antes de exiliarse en México; Miguel Hernández se despedía con un poema dolorido de su amigo Ramón; Antonio Machado llegaba a Valencia con los zapatos embarrados acompañado de Juan de Mairena; Unamuno mantenía la alterutralidad entre hunos y hotros; María Moliner trabajaba en su diccionario; Alberti leía sus versos en las trincheras junto a María Teresa; Picasso hacía llorar sus pinceles anticipando el bombardeo de Guernica; Juan Ramón emigraba con lágrimas en sus versos; García Lorca abandonaba el alma de los gitanos en Nueva York antes de que su cuerpo cayera tiroteado en un barranco; Sánchez Albornoz guardaba la historia de aquellos años en la maleta de emigrado; Sender anticipaba su requiem por el campesino español;  Margarita Xirgu subía por última vez el telón, sin saberlo; Ortega advertía a los políticos que “así no”, y su discípula María Zambrano se llevaba para La Habana el pensamiento, dejándonos la sinrazón; el escritor Manuel Azaña redactaba cada noche una página de su diario; Pérez de Ayala dimitía como embajador tras firmar con Ortega y Marañón el manifiesto “Al servicio de la República”; Pedro Garfias escribía sus “Poesías de guerra”; José Bergamín clausuraba la revista “Cruz y raya”, fundada y dirigida por él, después de tres años de andadura; Octavio Paz publicaba el poema “No pasarán”, pero pasaron, arrollaron, vencieron, reprimieron y se repartieron el pastel; León Felipe cedía a Franco la hacienda, la casa, el caballo y la pistola, pero lo dejaba mudo, llevándose a México la voz antigua de la tierra y la canción para que el dictador no pudiera recoger el trigo ni alimentar el fuego; Moreno Villa concluía su “Salón sin números” antes de abandonar la piel de toro; Luis Cernuda enfrentaba por primera vez la realidad al deseo; Emilio Prados comenzaba a recopilar su poesía de guerra que le valdría el Premio Nacional de Literatura; Juan Gil-Albert fundaba la revista “Hora de España” mientras preparaba su casa valencia para recibir en ella a los escritores antifascistas, antes de salir para México.

Científicos, como Severo Ochoa, decidieron abandonar España para que la guerra no truncara su carrera científica. Blas Cabrera, primer físico español, escapaba a la parisina Oficina Internacional de pesas y Medidas; Arturo Duperier, alumno predilecto de Blas Cabrera, se exiliaba para investigar la radiación cósmica y aspirar al Nobel; Enrique Moles, principal químico español, secretario de la IUPAC, dejaba pólvoras y explosivos antes de exiliarse a Francia. Con ellos emigraron también los matemáticos Enrique González Jiménez, Ricardo Vinós y Lorenzo Alcaraz; astrónomos tales como Pedro Carrasco Ganorrena y Marcelo Santaló; y el oceanógrafo Odón de Buen.

Francisco Ayala era acogido en Buenos Aires y Pau Casals en Puerto Rico; el intimista “residente” Manuel Altolaguirre salía hacia París; Rosa Chacel, tras firmar el Manifiesto de los Intelectuales Antifascistas, se alojaba en Grecia con Kazantzakis; Juan José Domenchina dejaba sus poesías para irse poco después con Ernestina a Francia; Jorge Guillén era encarcelado en Pamplona antes de autodesterrarse; Jiménez Frau dejaba con lágrimas en los ojos la dirección de la Residencia de Estudiante para exiliarse en Francia; Luis Buñuel salía en un tren atestado de emigrantes camino de Ginebra para entrevistarse con el ministro de exteriores Álvarez Vayo; Menéndez Pidal comenzaba su autoexilio en Burdeos; Américo Castro marchaba desde Hendaya en una automóvil hacia el exilio, acompañado de Azorín; Ramón Gómez de la Serna dejaba en Madrid la biblioteca que había reunido en 48 años de búsqueda bibliográfica y se embarcaba en un carguero italiano hacia Marsella; Salvador de Madariaga comenzaba su oposición a la dictadura exiliado en Reino Unido; el teniente Fernando Arrabal, padre de Fernando Arrabal era detenido en Melilla y amenazado de muerte si no se adhería a la sublevación; Josep Pla salía en barco rumbo a Marsella acompañado por Edi Enberg; Salvador Bacarisse rechazaba la dictadura franquistas desde su exilio parisino, y Luis Bagaria la caricaturizaba a orillas del Sena; Corpus Barga propagaba la República en París y compraba aviones franceses para el ejército leal; …. y Antonio Buero Vallejo se afiliaba al partido comunista antes de ser condenado a muerte ¡por adhesión a la rebelión!

Esto es una aproximación a lo que pudo ser el segundo siglo de oro español que fue segado de cuajo, a tiro limpio, por un grupo de militares y la sinrazón de “hunos” y “hotros”, sumiendo al país en un retraso difícil de recuperar. Este masivo exilio de cerebros arruinó el pensamiento, la ciencia, la erudición y el optimista futuro que estaríamos ahora disfrutando.

Tan exagerado despilfarro intelectual debe hacernos reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos de dejarle a nuestros hijos un futuro mejor que la vida de posguerra que nosotros sufrimos, porque un joven militar africano que había llegado al generalato prematuramente por méritos de guerras africanas, decidió sumarse al proyecto del general Mola y capitanear la decapitación de la República, atribuyendo a ésta errores que correspondían a los gobiernos rojos y azules, indistintamente.

Así se impuso una dictadura militar que  derogó la Constitución de 1931, anuló los derechos políticos, disolvió los partidos y sindicatos, persiguió a los opositores, anuló las libertades, sancionó a funcionarios con militancia política, separó del aula a profesores disidentes y nos cerró la boca de todos imponiéndonos una censura incomprensible para los jóvenes de hoy.

Recordamos tan triste efemérides para que nunca más, ¡nunca jamás!, vuelva a repetirse, rogando a políticos y creadores de opinión que ayuden a la reconciliación social y al buen entendimiento, por encima de intereses partidista, personales o ideológicos.

El más triste resultado de la guerra incivil que se inició el 17 de julio en Melilla – no en Asturias en octubre del 34 – fueron los muertos que quedaron en las trincheras, tapias de cementerios y cunetas, pero también la quiebra ideológica pendiente de superar y el destierro de una prometedora intelectualidad que tardará varias generaciones en volver.