SALAMANCA LA BLANCA, ¿QUIÉN TE MANTIENE?

SALAMANCA LA BLANCA, ¿QUIÉN TE MANTIENE?

Carbón

Dice la canción popular: “Salamanca, la blanca, ¿quién te mantiene?. Cuatro carboneritos,
 que van y vienen”. Fueron los carboneros mantenedores de la ciudad charra, y con uno de esos carboneritos he pasado la jornada entre la ignorancia y el asombro, ante el túmulo carbonífero que da vida a los tizones.

Primero se desmochan y olivan las encinas para hacer pequeños troncos de leña que se alinean formando un cono mocho, provisto de una boca en el vértice superior por donde se inicia el fuego ahogado en sorda humareda en su base, para que destile humo a través de tan irregular chimenea y por las bufardas inferiores, antes de que la sacadera, el rastro y la horca hagan su función, sacando del horno el ahumado carbón vegetal que templara los cuerpos en invierno.

Tres generaciones han hecho la tarea antes de que Fernando se hiciera cargo del negocio, transformando cada 5 kg de leña en 1 kg de carbón, llegando a batir su récord el día que fabricó 70.000 kg de carbón chamuscando 350.000 kg de encina en un solo cono forrado de tierra, cuya misión fue y podría seguir siendo, darle el temple necesario para que la madera cociera y extinguir el fuego.

En los chozos donde pasaban los veinte días dedicados a la tarea, utilizaban como frigorífico paja mojada para guardar el vino y las viandas, en muchos casos a base de tencas de las abundantes charcas que rodean Matilla de los Caños del Río, donde las he degustado más de una vez con las primeras autoridades municipales de la zona.

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