INEXPERTA CARMELA

INEXPERTA CARMELA

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Algunos dirigentes políticos de «huno» y «hotro» lado, van más despistados por la vida pública que los daltónicos en semáforos, sin que los compañeros sensatos de sus partidos les orienten sobre el camino a seguir para que den menos golpes en la herradura y más en el clavo, porque sus descalificaciones son peligrosos bumerangs que terminan golpeándoles en la cabeza.

Después de las almendras amargas encontradas entre los almendrucos por madurar que acompañan a Carmena en el Ayuntamiento dispuestos a nutrir de bondades a los madrileños, ahora resulta que la magistrada no sirve como regidora porque le falta experiencia política, algo que lejos de ser un inconveniente, es el mayor valor que atesora y lo que permite confiar en ella.

Dios nos libre de la experiencia de Gobierno exhibida por los profesionales de la política durante las décadas que nos han gobernado, según hemos podido comprobar con asombro creciente, desconcierto inexplicable, rebeldía contenida, indignación silenciosa y resignación laica, sin ser indultados de tanta frustración.

Recordamos como la etapa más limpia y comprometida de la política española moderna, la protagonizada por los neófitos que hicieron posible la transición, los Pactos de la Moncloa, el consenso, la generosidad, el compromiso, la concordia, y otros valores que comenzaron a rodar por el suelo cuando la experiencia política se adueñó de los corazones y comenzaron las luchas intestinas, aparecieron hermanos en despachos sevillanos, se contrataron las basuras madrileñas, comenzaron a financiarse ilegalmente los partidos, la corrupción tomó carta de naturaleza y tantas otras fechorías aparecieron, inexistentes en los primeros balbuceos democráticos.

No queremos políticos experimentados, porque la experiencia nos demuestra que conduce a la profesionalización política, a la torre de marfil, a la sordera social, a la corrupción, al amiguismo, a la prepotencia, al descaro, a privilegios inmerecidos, a falta de control competencial, a gandulería, a mentira institucional y a cuantos vicios quiera añadir el lector.

Qué suerte tienen los madrileños, barceloneses, valencianos y tantos otros vecinos de pueblos y ciudades, de tener a la cabeza del municipio un alcalde sin pedigrí político, porque su mayor delito será el error, si este se produce – cualidad del ser humano -, pero no habrá ninguneo vecinal, ni abuso, nepotismo, corrupción, mamoneo, desprecio ciudadano, holgazanería y codicia, como sabemos por experiencia de quienes estrenaron cargos públicos hace lustros.

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