ROBINSONES

ROBINSONES

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Una singular paradoja de la existencia humana consiste en sentir una inmensa soledad en medio de la multitud, acrecentándose el aislamiento personal cuanto mayor el es número de gente desconocida que nos rodea, creándose un clima de inseguridad que provoca nuestra huida hacia otra soledad menos bulliciosa, pero más amparadora y protectora.

Son esas islas escondidas en rincones ignorados de nuestras vidas, donde nos sentimos felices robinsones como Crusoe, llevando con nosotros todo el mundo interior que nos enriquece, llena el espacio y puebla la isla que habitamos, aunque se muestre desierta al observador exterior, sin necesidad de ir como Diógenes con un candil en la mano buscando amigos.

Cada uno tenemos nuestro pequeño islote donde robinsoneamos con nosotros mismos vivencias y sentires, sueños imposibles y quimeras inalcanzables que nos permiten caminar por la vida junto a los vecinos que comparten sentimientos comunes a los nuestros.

En esa isleta tomamos las decisiones que orientan nuestra vida hacia el encuentro con desconocidas almas gemelas que pasan a nuestro lado sin mostrarnos el rostro, ni tendernos la mano, conformándonos algunas veces con amistades virtuales que nos abren su vida en el “libro de caras”, sin pedirnos prestada la camisa, con una sonrisa en la boca y el corazón en la mano.

El más ingenuo de los robinsones sabe que extramuros del arrecife que protege la ínsula donde él habita, hay más sanchos que quijotes, pero también conoce los secretos de la victoria sobre la codicia y no siempre está dispuesto a devolver risa por llanto, porque la solidaridad le conduce irremediablemente al compromiso.

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