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TORO DE LA VEGA

TORO DE LA VEGA

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Sabed que mientras escribo esta página en la madrugada sevillana, un ser vivo de nombre Vulcano cuyo único delito es haber nacido, espera en un corral a ser llevado al campo abierto tordesillano para ser alanceado brutalmente hasta la muerte, por cientos de cobardes lanceros a caballo, en injusta lucha y desigual torneo.

Salvaje espectáculo de sangre, dolor y muerte, sin otra finalidad que divertir a un pueblo ocioso empeñado en reproducir cada año un rito medieval, propio de tribus con entrañas incultas, cabezas descerebradas, instintos silvestres y almas montaraces.

Baldón de un país que el 18 de enero de 1980 dio espaldarazo legal a semejante crueldad, declarándola de interés turístico, confirmado el 7 de septiembre de 1999 por la Consejería de Presidencia de la Junta de Castilla y León como espectáculo taurino tradicional, lo que no es más que un acto de crueldad y vandalismo salvaje, vergonzante para la irracional especie humana.

Los ciudadanos que se divierten alanceando al toro, degradan a sus vecinos, ultrajan los sentimientos humanos y deshonran la especie a la que pertenecen, porque la obscenidad de su comportamiento hiere de muerte la sensibilidad y quebranta el alma

La sonrojante matanza que hoy nos espera, tiene persistente hedor y amargo sabor a humanidad descarnada e infamante, formada por una multitud exacerbada, enrojecida, vesánica, aturdida y sobrada de crueldad, que presenciará la siniestra ceremonia y coreará el mortífero juego entre cientos de muñecos trágicos y un noble animal, inocente de toda culpa.

ROBINSONES

ROBINSONES

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Una singular paradoja de la existencia humana consiste en sentir una inmensa soledad en medio de la multitud, acrecentándose el aislamiento personal cuanto mayor el es número de gente desconocida que nos rodea, creándose un clima de inseguridad que provoca nuestra huida hacia otra soledad menos bulliciosa, pero más amparadora y protectora.

Son esas islas escondidas en rincones ignorados de nuestras vidas, donde nos sentimos felices robinsones como Crusoe, llevando con nosotros todo el mundo interior que nos enriquece, llena el espacio y puebla la isla que habitamos, aunque se muestre desierta al observador exterior, sin necesidad de ir como Diógenes con un candil en la mano buscando amigos.

Cada uno tenemos nuestro pequeño islote donde robinsoneamos con nosotros mismos vivencias y sentires, sueños imposibles y quimeras inalcanzables que nos permiten caminar por la vida junto a los vecinos que comparten sentimientos comunes a los nuestros.

En esa isleta tomamos las decisiones que orientan nuestra vida hacia el encuentro con desconocidas almas gemelas que pasan a nuestro lado sin mostrarnos el rostro, ni tendernos la mano, conformándonos algunas veces con amistades virtuales que nos abren su vida en el “libro de caras”, sin pedirnos prestada la camisa, con una sonrisa en la boca y el corazón en la mano.

El más ingenuo de los robinsones sabe que extramuros del arrecife que protege la ínsula donde él habita, hay más sanchos que quijotes, pero también conoce los secretos de la victoria sobre la codicia y no siempre está dispuesto a devolver risa por llanto, porque la solidaridad le conduce irremediablemente al compromiso.