¡ POR QUÉ NO TE CALLAS, PILAR !

¡ POR QUÉ NO TE CALLAS, PILAR !

Supongo que en el entorno de la infanta doña María del Pilar Alfonsa Juana Victoria Luisa Ignacia de Todos los Santos de Borbón y Borbón, alguien sensato la habrá mandado callar con la misma decisión que su hermano ordenó callar  al señor Chávez, y ella misma conmina al silencio a los súbditos de su hermano.

No es postura inteligente poner las cosas peor de lo que están, ni el sentido común recomienda meterse en gallinero ajeno, porque las salpicaduras de excrementos pueden llegar hasta las paredes de la Zarzuela, bastante enlodadas ya con los polvos esparcidos sobre la moqueta por el vasallo.

Oír a reales personas como esta infanta que “nadie es culpable hasta que los jueces lo digan, con lo cual, a callar”, hace tanto daño a los oídos como el cuenteo de billetes negros en la oscuridad de corruptos despachos, aunque los jueces no puedan acreditar el reparto de los cómplices.

Conviene advertir a esta señora que más importante es el delito moral de Urdangarín que la absolución penal del sobrinísimo, si ésta llegara a producirse, debido a las fisuras que tiene la ley para que se filtren por ellas los ladrones de guantes blanco y consortes de sangre azul.

Al hermano Juan corresponde ahora enmendar la plana a Juana porque la Edad Media queda lejos; la idiocia de los ciudadanos ha menguada; la credibilidad del pueblo a los disparates, nula; y sus palabras, dañinas para la renqueante monarquía.

No, duquesa, no. Los medios de comunicación no tienen culpa de nada, por mucho que usted se empeñe en matar al mensajero. Dirija la vista a su sobrilítico y véalo correr azarosamente por las calles de Washington como un vulgar ratero que huye de la policía, tras robarle la muleta a un minusválido y caramelos a los huérfanos, disfrazado con la humanitaria careta de Nóos.

Sepa querida hermana real que tampoco hay polémica alguna sobre el caso, como usted dice, porque para que haya polémica tiene que haber controversia, es decir, opiniones contrapuestas, y en este caso hasta las piedras del desierto anacorético de Judea claman justicia divina en vísperas de la dolorosa cuaresma que le espera a su sobrino.

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