PERROFLAUTAS DEL ALCALDE

PERROFLAUTAS DEL ALCALDE

El señor chico, es decir, Chico, don Pedro I el Chico o simplemente, Pedro Chico, alcalde murciano de Bullas, arengaba antes de ayer a sus camaradas del Partido Popular pidiéndoles tensar los arcos para “impedir que los perroflautas nos ganen la batalla”, en versión de este joven político, que se inventa combates imaginarios y enemigos con existencia exclusiva en su calenturienta mente y en la del comisario innombrable.

Nada tengo en contra de los llamados perroflautas porque su aspecto descuidado, su perro y su flauta, nunca me han molestado, ni me han engañado, estafado, robado o defraudado, como han hecho grandes politiqueros bien conocidos por este alcalde.

Pero ese no es el problema que me ha puesto hoy frente al ordenador, sino la confusión semántica de este chico porque él no se refiere a estos hippies modernos, sino que emplea el calificativo de perroflautas para referirse despectivamente a quienes reclaman una democracia real, la eliminación de los politiqueros, la condena de los corruptos, la expulsión de los usureros y las desindemnizaciones de los banqueros.

Alguien tiene que recomendarle a tal pedrusco ( Pedro = Petrus = piedra, sobre la que Jesús levantó su Iglesia) que consulte a la Fundación del Español Urgente, asesorada por la Real Academia Española, para que allí le aclaren las ideas y no vuelva a cometer el error de confundir malévolamente un “perroflauta” con un “indignado”, porque a él tampoco le gustaría verse en la extensa nómina de politiqueros, al ser confundido con el honorable zoon politikon del estagirita griego.

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