EL LUNES, MÁS PARADOS

EL LUNES, MÁS PARADOS

EL LUNES, MÁS PARADOS

Teniendo en cuenta que las urnas son imprevisibles, podemos considerar la posibilidad de que los 79.162 cargos públicos que hoy están ocupando sillones oficiales, hagan cola el lunes en las ventanillas del Servicio Público de Empleo Estatal, con lágrimas en los ojos y el rabo bajo las piernas, solicitando una prestación por trabajos prestados, que muchos no merecen.

Salvo pequeños errores de menor consideración, dentro de cuatro días es posible que deje de sonar el teléfono para 17 presidentes de comunidad, 171 consejeros autonómicos, 1190 altos cargos, 1206 parlamentarios, 8116 alcaldes y 68.462 concejales.

Algunos de estos millares solamente se irán al paro político porque la excedencia que han disfrutado en el sillón les permitirá reincorporarse a su oficio natural, recibiendo la nómina cada mes.

Pero ¿la mayoría de ellos? unirán al paro político, la desocupación profesional, recibiendo del SEPE la asignación mensual que les corresponda por la exclusividad del cargo que han ocupado, o debida a la inactividad en la que estaban cuando el partido – que no las urnas, ¡ojo! – los sentó en consistorios y parlamentos.

Bien, pues sólo nos queda imaginar el domingo por la noche a estos miles de ciudadanos comiéndose las uñas delante del televisor durante el escrutinio, y lamiéndose las heridas a la mañana siguiente, pensando más en su futuro que en la ideología que hoy defienden y predican apasionadamente.

Y detrás de ellos, pero muy próximos, irá la incontable nómina de los favorecidos por sus decisiones; de los que hoy todavía ocupan cómodos e influyentes puestos secundarios; de los que han gozado de bula en sus actuaciones durante cuatro años; de los que tienen comisiones de servicio inmerecidas, por injustificadas; de los que pisan aún despachos oficiales ajenos sin pedir permiso a nadie; de los que han hinchado el pecho sin virtud alguna; de los que medraron a base de genuflexiones; de los que se han recogido a la sombra del padrino por carecer de sombra propia; de los jefes de gabinete, y asesores de la nada, que jamás llevaron la contraria al césar que los protegía; y de los cargos de confianza, eufemismo de la mayor prevaricación.

Esto les sucederá a ellos, mientras los demás permaneceremos resignadamente en nuestro sitio, pensando que los nuevos ¿dirigentes? actuarán con igual impunidad que sus predecesores, disfrutarán de los mismos privilegios, cobrarán sus elevadas nóminas y actuarán con el mismo nepotismo, porque la diferencia entre unos y otros no pasa de las siglas que imprimen en sus carteles, panfletos, sedes y banderas.

 

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