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Año: 2011

URNAS

URNAS

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URNAS

El hecho de que las urnas otorguen poder, pero no sabiduría, complica las cosas cuando las papeletas caen sobre incapatuales, beatílicos y cinitirosos. Por eso no debemos entregar el bastón de mando a lunáticos especímenes que han pasado años maquiavelicando, con ceremonias confusas y manipulaciones. Votemos el domingo con la esperanza de promover en España políticos que destierren a quienes llevan amamantándose con la leche, – mala, desde luego -, de famosas vaquerías o de pazos.

Y hay que hacerlo porque las urnas no facilitan la prudencia, el talento y la templanza monacal que exige la acción de gobierno. Tampoco facilitan la generosidad necesaria para anteponer los intereses generales a las preferencias personales; ni conceden la responsabilidad que se precisa para distribuir con justicia la riqueza común; o la honradez necesaria para administrar el dinero que pertenece a todos. No pueden las urnas conceder la vocación de servicio que demanda la actividad política; ni la honestidad precisa para evitar el nepotismo y el amiguismo; ni el sentido común requerido para distinguir prioridades de caprichos; o el instinto natural preciso para orientar los pasos cuando se han borrado las huellas del camino.

Que nadie espere de las urnas una receta que haga demócratas a herederos de la dictadura en el mismo tiempo que se tuesta una rosquilla, o que mueva la voluntad de abandono a quienes han hecho de la política su pesebre, después de caricaturizar a Martín Villa por los años que pasó sin bajarse del coche oficial.

Tampoco ponen las urnas al alcance de los triunfadores la voluntad de pisar la calle. Ni aportan la sensatez necesaria para anteponer la política de Estado a la de partido; ni la transparencia obligada en la gestión pública; y, menos aún, el respeto a todos los administrados, incluidos los discrepantes, inmigrantes, deficientes, necesitados y débiles.

Finalmente, las urnas tampoco evitan la testarudez, ni liberan a los amargados de su malhumor congénito, ni habilitan para el cargo a los incompetentes.

Pero votemos, aunque sea en blanco, para darle la razón a Saramago por si algunos se dan por aludidos y salen corriendo por la puerta de servicio.

 

EL LUNES, MÁS PARADOS

EL LUNES, MÁS PARADOS

EL LUNES, MÁS PARADOS

Teniendo en cuenta que las urnas son imprevisibles, podemos considerar la posibilidad de que los 79.162 cargos públicos que hoy están ocupando sillones oficiales, hagan cola el lunes en las ventanillas del Servicio Público de Empleo Estatal, con lágrimas en los ojos y el rabo bajo las piernas, solicitando una prestación por trabajos prestados, que muchos no merecen.

Salvo pequeños errores de menor consideración, dentro de cuatro días es posible que deje de sonar el teléfono para 17 presidentes de comunidad, 171 consejeros autonómicos, 1190 altos cargos, 1206 parlamentarios, 8116 alcaldes y 68.462 concejales.

Algunos de estos millares solamente se irán al paro político porque la excedencia que han disfrutado en el sillón les permitirá reincorporarse a su oficio natural, recibiendo la nómina cada mes.

Pero ¿la mayoría de ellos? unirán al paro político, la desocupación profesional, recibiendo del SEPE la asignación mensual que les corresponda por la exclusividad del cargo que han ocupado, o debida a la inactividad en la que estaban cuando el partido – que no las urnas, ¡ojo! – los sentó en consistorios y parlamentos.

Bien, pues sólo nos queda imaginar el domingo por la noche a estos miles de ciudadanos comiéndose las uñas delante del televisor durante el escrutinio, y lamiéndose las heridas a la mañana siguiente, pensando más en su futuro que en la ideología que hoy defienden y predican apasionadamente.

Y detrás de ellos, pero muy próximos, irá la incontable nómina de los favorecidos por sus decisiones; de los que hoy todavía ocupan cómodos e influyentes puestos secundarios; de los que han gozado de bula en sus actuaciones durante cuatro años; de los que tienen comisiones de servicio inmerecidas, por injustificadas; de los que pisan aún despachos oficiales ajenos sin pedir permiso a nadie; de los que han hinchado el pecho sin virtud alguna; de los que medraron a base de genuflexiones; de los que se han recogido a la sombra del padrino por carecer de sombra propia; de los jefes de gabinete, y asesores de la nada, que jamás llevaron la contraria al césar que los protegía; y de los cargos de confianza, eufemismo de la mayor prevaricación.

Esto les sucederá a ellos, mientras los demás permaneceremos resignadamente en nuestro sitio, pensando que los nuevos ¿dirigentes? actuarán con igual impunidad que sus predecesores, disfrutarán de los mismos privilegios, cobrarán sus elevadas nóminas y actuarán con el mismo nepotismo, porque la diferencia entre unos y otros no pasa de las siglas que imprimen en sus carteles, panfletos, sedes y banderas.

 

DISCURSERÍAS

DISCURSERÍAS

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DISCURSERÍAS

Los intelectuales pronuncian discursos en academias y otros foros donde acuden ciudadanos a deleitarse e ilustrarse. Intervenciones en las que normalmente el contenido está bien estructurado, las tesis argumentadas y bien definidas las conclusiones, conociéndose la actividad como discurseo, del verbo discursear.

Otra cosa es la discursería o mensaje de la nada, falto de lógica y raciocinio que permite al orador enlazar antecedentes y consecuentes en una secuencia ininteligible, donde las palabras y frases empleadas por el discursero en su perorata no tienen ni pies, ni cabeza, ni tronco ni extremidades.

Sumándonos a la teoría aristotélica de que el hombre es un animal político, es decir, social, mucho más que las abejas, estamos en condiciones de caricaturizar las palabras de los profesionales del autoservicio y no del servicio a los demás, en esta época electoral de barata demagogia que nos toca sufrir, en las que pueden oírse en los mítines estas discurserías:

“Conviene tener presente que el desarrollo armónico de todas las actividades, facilita la aportación de nuevas sugerencias que mejoren el aumento sostenido, en cantidad y calidad, de todo el movimiento sistólico endogámico y diastólico reglado en la verdadera dirección de progreso que todos anhelamos”.

“El rol que se nos exige cumplir satisface las demandas primarias de productividad e incentiva el empleo con aportaciones subestructurales indispensables en estos complejos momentos, porque la discordancia de los afines promueve la confusión de los opuestos y la sintonía con las predicciones es anticipo de lo inevitable si no ponemos espacios reticulares que amortigüen el descenso de la productividad decadente para estimular el cambio paradigmático anhelado”.

“Las experiencias previas a los procesos que condicionan el futuro que aseguramos, presentan obvias y esclarecedoras señales que demandan un fortalecimiento de las bases estructurales desarrolladas en tiempos pretéritos, aunque al inicio de nuestro empeño no sea posible acomodar el relanzamiento de las áreas afectadas por la discriminación que supone  alterar los factores excluyentes, en un proceso independientes de la propia actividad creadora”.

“La apreciación de las diferencias que sustentan las tendencias geopolíticas del proyecto que os acabo de presentar, no es obstáculo para la modernización del amplio espectro que sistematiza e implementa la regeneración de los tipos bursátiles protagonistas de la inquietante deflagración económica que las bases epidérmicas de la organización social provocarán en el epicentro del éxito que nosotros garantizamos”.

Todo ello entre ovaciones delirantes y músicas enlatadas hace años, que generan un paroxismo enajenante en los asistentes.

 

PATOLOGÍA POLÍTICA

PATOLOGÍA POLÍTICA

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De la misma forma que la patología clínica se ocupa en estudiar las enfermedades de los seres humanos, existe también una patología social específica que afecta directa y exclusivamente a la privilegiada clase política, caracterizada por un deterioro progresivo del tejido social debido a inflamaciones sufridas por quienes gestionan instituciones públicas.

Epidemia muy localizada que perjudica directamente a los ciudadanos que ven impotentes como su dinero no se emplea en el tratamiento y erradicación de dicha peste, sino que es utilizado en promover su crecimiento, agudizando el placer entre quienes disfrutan en los despachos aprovechando los partes médicos de invalidez.

Seleccionamos solamente las dolencias más características que produce esta plaga, porque la lista completa ocuparía varios volúmenes y toda la vida para describirlas.

Falaciacitis: Consiste en la falta congénita de glándulas secretoras de verdades, que provoca en quienes carecen de ellas un afán desmedido por engañar, mentir, prometer, falsificar y manipular con falsos argumentos una realidad que ni ellos se creen.

Egotitis: Es un proceso degenerativo de la personalidad debido al cual el sujeto que lo padece no puede expulsar los gases y engorda sobremanera levitando por encima de los demás en un furor incontenible de amor así mismo, sin percibir lo fácil que resulta pinchar el globo y hacerle caer al suelo.

Descrupulitis: Hinchazón desmedida de inmoralidad que padecen quienes no tienen escrúpulos en vender su dignidad por media lenteja, quitarle un caramelo a un huérfano, empujar  por un barranco al adversario, sacar a codazos de la lista al compañero y traicionar al amigo, con tal de salir en la foto, el cartel, la pantalla o la página.

Digitalitis: Inflamación crónica del dedo índice provocada de tanto tenerlo extendido enviando a parientes sumisos, amigos dóciles y palmeros incondicionales a cargos políticos menores para que le rindan vasallaje y fidelidad, llevándose éstos las migajas que el padrino les deja sobre la mesa. Esta afección presenta la ventaja que cuando el dedo se enquista impide al césar disparar el gatillo contra los disidentes y críticos, aunque refuerce sus órdenes señalando direcciones obligatorias a los súbditos.

Sillonitis: Grave dolencia caracterizada por una inflamación crónica de las glándulas decretales, que lleva a los pacientes a tener una ambición desmedida por sillones oficiales, sean estos cuales fueren, cuyo tratamiento se prescribe en papeletas electorales y se otorga digitalmente por quienes padecen la misma enfermedad. Se trata, como pueden ver, de un patológico corporativismo endogámico que demanda a los aspirantes unos ejercicios de obediencia, asentimiento, genuflexiones y cabezazos, sin los cuales no es posible acceder al sillón que alivie tan grave dolencia. La sillonitis se propaga irremediablemente sin que los epidemiólogos puedan hacer nada para evitarlo. Así, hay directores incapaces de abandonar el sillón porque las telarañas se lo impiden; gestores intermedios que han dado su forma anatómica al sillón para que nadie pueda adaptarse a él; jefecillos pegados a él que han agotado las existencias de silicona en los centros de bricolaje; y gerentes de hospitales ocupados sólo en gerenciar su permanencia.

 

NO LOS MOVERAN PORQUE SON MAYORÍA

NO LOS MOVERAN PORQUE SON MAYORÍA

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Millones de ciudadanos unen sus manos a la cadena interminable de solidaridad que se inicia en el kilómetro cero, y lo hacen compartiendo la misma confusión de todos los eslabones porque es difícil comprender los pétalos rosados de apoyo que están recibiendo los revolucionarios, de quienes no han movido un dedo para satisfacer sus peticiones, pudiendo haberlo hecho.

Por otro lado, los comunicadores que planean a lomos de la gaviota sobre los manifestantes, arrojan soflamas acusándoles de pretender enviarnos a todos al siglo XIX con sus reclamaciones, despertando en muchos vecinos el deseo de volver a él, a cambio de obtener las demandas que solicitan. Reivindicaciones que están haciendo con una madurez, sentido común y poder de convocatoria que para ellos quisieran los profesionales de la protesta y los organizadores de las manifestaciones del primero de mayo.

Pero ni hunos ni hotros, como diría Unamuno, conseguirán moverlos de su sitio ni romper la cadena, porque forman una mayoría absoluta dispuesta a poner en solfa la partitocracia, silenciadora de la voluntad ciudadana y manipuladora de listas electorales en ejercicio de una ley electoral trasnochada que les autoriza a seleccionar entre sus incondicionales, los que han de conformar las listas cerradas de candidatos destinados a dirigir los designios de todos los ciudadanos.

Nunca unos resultados electorales podrían haber sido más previsibles como en esta ocasión en la que un acuerdo anticipado podría haber enviado a la órbita terrestre a politiqueros, banqueros, corruptos, especuladores y encausados que sonríen desde su trono de barro, mientras cinco millones de ciudadanos buscan en los contenedores un trabajo y la mayoría sobrevive a base de tranquilizantes.

No alterará su pulso la decisión de la Junta Electoral Central porque son mayoría quienes la rechazan, convencidos que un decreto no puede sobreponerse a derechos constitucionales básicos, en un país empeñado por mantener el capricho político de una excepcional jornada de reflexión, inexistente en otros países.

Son mayoría los que esperan aquello que no van a recibir de los actuales dirigentes, a pesar de las falsas promesas de redención que les llegan desde todas las gargantas políticas, en mítines insoportables para el sentido común.

Son mayoría los que apuestan por la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. Igualdad que elimina de la carrera a quienes sacan ventaja al pelotón atajando por caminos que benefician solamente al puñado de favorecidos con tan detestable mercadeo.

Son mayoría los que exigen una sanidad pública de calidad, una justicia verdaderamente ciega y una enseñanza gratuita, que haga callar a quienes se lamentan de que pueda llegar a la Universidad hasta el hijo del portero.

Son mayoría los que reclaman libertad de opinión, manifestación, pensamiento y acción, sin más límite que el impuesto por la libertad de los demás y no el establecido discrecionalmente por inseguros mediocres.

Son mayoría los que están hartos de las mentiras políticas, de la hipocresía legalizada, del engaño como norma, del pasteleo reglado, de la farsa institucional y del teatro político.

Son mayoría los que quieren ver en los banquillos a quienes les han sumido en la miseria, y no paseándose impunemente por las alfombras a la caza de rescates financieros, ordenando gastos en las cuentas, pidiendo reducciones impositivas y contribuyendo al bienestar común con migajas fiscales de su patrimonio.

Son mayoría los que detestan el terrorismo y las guerras, del color que sean, donde los muertos laterales, colaterales, infralaterales y supralaterales no cesan, llevando machaconamente la contraria a quienes afirman la necesidad de los misiles, cuando bastaría con invertir en cultura e industrialización las cantidades que se dedican a la industria armamentística para hacer un mundo más igualitario y feliz.

Son mayoría los que rechazan ver en listas electorales a políticos imputados en procesos judiciales, protegidos bajo las siglas de partidos que les amparan, porque esto les obliga a pensar que los aparentes protectores buscan autoprotección a sus fechorías, cambalaches y corruptelas.

Son mayoría los que tienen velada la retina de ver durante décadas las mismas caras en las pancartas, repetidas broncas en el Parlamento, continuo nepotismo en las instituciones, inmerecidos sueldos millonarios, pluriempleos injustificados y total impunidad para quienes merecen castigo.

Son, en fin, mayoría los que permanecerán solidariamente con los pacíficos ciudadanos que toman el sol a la puerta de la esperanza bajo los plásticos de la frustración, confiando que la sensatez del jefe de guardia no ordene un desalojo de consecuencias imprevisibles.

 

PENTAGRAMA DE BRONCE

PENTAGRAMA DE BRONCE

PENTAGRAMA DE BRONCE

Cada día, con perseverante rutina, a las ocho de la mañana llega hasta mi escritorio el latido metálico de las campanas, anunciando el nuevo día desde las espadañas litúrgicas, con rito de nostalgia.

Y mientras tañen las campanas hoy a tan temprana hora de domingo dejo a un lado la carta que os había destinado, y me recojo en un antiguo rincón de la memoria para evocar con dulce melancolía, – no exenta del rasguño que deja el imposible regreso a lo que ayer fue y nunca volverá a ser -, mis paseos solitarios los domingos por la tarde entre los puentes del Limmat, cuando el pulso del bronce desplegaba su música ceremonial por el cielo nublado de Zurich.

Sucedía que la última hebra de luz pespunteaba delicadamente el horizonte al contorno encendido de los tejados y el guiño cómplice de las velas daba la contraseña al viento, convocándonos a todos bajo el cénit de las espadañas.

Convergían entonces los puntos cardinales en el vértice de las ondas que despertaba a golpes el badajo, y las campanas anunciaban a todos, sin palabras, que el tiempo discurría, rogando insistentes al reloj que hiciera una pausa.

Cantaba con voz grave la verde catedral iluminada, respondiendo desde la otra orilla San Jacob y algo más lejos San Pedro, pareciéndome que latía cerca mi peregrina Santiago, solidaria con aquella armonía de campanas.

El melancólico pentagrama de bronce abría de par en par las nocturnas esclusas nostálgicas, precipitándose torrencialmente la vida entre las rendijas de los balcones hasta el pórtico de entrada, redimiendo lágrimas temblorosas en la pupila del emigrante herido, que destilaba negras penas tras los visillos.

Todos iban de camino hacia el secreto taciturno que desvelaba el campanario, sin advertir las últimas novedades en la Vía Láctea, ni darse cuenta de la noticia imprevisible que acechaba presagiando un desplante de la vida.

Con ceremonial mansedumbre se alineaban las gaviotas en la barandilla festoneando el lago, y abandonaban los gallos las veletas para dar paso a nuevas alas que coronaban los campanarios. Las estrellas descendían al borde marino  de las violetas pidiendo la redención de las cartas. Circundaban el aire las notas del violín buscando un pentagrama donde posarse y los cisnes desperezaban ceremonialmente su cuello junto al muro.

Era entonces, y solamente entonces, cuando la verdad sencilla quedaba al descubierto y se teñía el alma del emigrante con un luto desesperanzado ante el imposible regreso a los paisajes de la infancia.

 

TERTULIANOS

TERTULIANOS

TERTULIANOS

Sin parentesco alguno con el presbítero de Cartago, llamamos tertulianos a quienes participan en las tertulias radiofónicas y televisivas. Algunos de estos bustos parlantes que contaminan los cenáculos, desconocen que Tertuliano se dedicó largo tiempo a menesteres dudosos que ahora sus trasnochados herederos pretenden reproducir.

Con el nombre de tertulianos se califica a todos los opinadores hertzianos, a todos. A quienes saben lo que dicen, y a los que opinan sobre lo que no saben. A los que cobran por informar y a los que ponen su cara dura para llevarse el duro. A los ilustrados y a quienes hacen un máster sobre el tema correspondiente antes de coger el micrófono. A los que respetan otras opiniones y a los que insultan. A quienes esperan su turno de palabra y a los que interrumpen al interlocutor. A los humildes y a los pontífices. A los sabios y a los charlatanes. A todos.

Los tertulianos de clase turista que andan perdidos en internacionales economías presumiendo de ver siete veces lo que otros no ven, enarbolan sin vergüenza la bandera de la ortodoxia para rebatir las acusaciones que los paganos hacen a la iglesia, ignorando que el mismísimo Tertuliano que les da nombre se convirtió al montanismo y acabó acusando a la iglesia de no tener santidad. Espero que a estos portavoces mitrales no les ocurra lo mismo, y con el paso del tiempo conviertan sus apologéticas soflamas en herejías sin redención posible, al recibir un flechazo en el talón, porque entre ellos sobran aquiles y escasean homeros.

Como hizo Tertuliano en su etapa premontanista, defienden con un ardor guerrero propio de nuestros bravos infantes, la existencia de un dios único, por encima del bien y del mal, formado por una sola sustancia ideológica, pero mostrándose al mundo en tres personas diferentes. Esta fórmula trinitaria permite al supremo faesor manifestarse indistintamente en cualquiera de los tres seres que conforman la unicidad de su pensamiento. Tal herejía fue duramente combatida por Tertuliano y el patrioterismo pasó a mejor vida en el imperio. Fue entonces cuando Praxeas estuvo vagando por el desierto hasta que la parca detuvo sus pasos a la puerta de los colegios electorales, y los tertulianos tomaron posiciones estratégicas en los micrófonos para lanzar torpedos a la línea de flotación del poder que las urnas arrebataron al césar.

Los falsos imitadores del tunecino elogian la púrpura que les da de comer, burlando al pesebrero con la adulación y ofreciéndole su grupa para que cabalgue sobre ellos, sin atreverse a recordarles que son hombres y no ángeles custodios de la verdad absoluta y del pensamiento único, porque su naturaleza no es divina. La vida da que somos un pueblo con la madurez humana e intelectual suficiente para detectar a los manipuladores y mentirosos que andan sin bozal por esos micrófonos de Dios.

Ciertos sabelotodo, saben tan poco que ni siquiera saben que no saben casi nada. Ya veis, no hay que buscarlos en el dial o con el mando, porque surgen por los rincones, como setas en otoño, emulando a la amanita phalloide, dando gracias al patriarca.

Algunos de estos sabios renacentistas conocen el número de escarpines que tiene pendiente de arreglar el zapatero, pero ignoran lo que es un escarpín. No faltan los que critican la ¡séptima! ley educativa, evidenciando una ignorancia supina sobre el asunto. Determinados ilustradores afirman, sin mover un músculo de su rostro, mentiras como camellos imposibles de enhebrarse en la aguda inteligencia de los oyentes. No faltan los que ofrecen datos tan falsos como las promesas electorales de sus patrocinadores. Y la mayoría de los que compiten en exabruptos y pugnan por la desestabilización, anticipan catástrofes apocalípticas sin permitir que los oyentes alivien su calentura.