TURISMO SEXUAL

TURISMO SEXUAL

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Anunciaba Lamarck en 1809 que los cambios medioambientales provocaban nuevas necesidades en los seres humanos, lo cual hace pensar que el incremento de soltería, divorcios y separaciones matrimoniales crea necesidades naturales que hoy los españoles satisfacen al descubierto, con luz y taquígrafos, y no como sucedía en mi juventud que los mismos hechos ocurrían a cencerro tapado.

El mismo naturalista francés afirmaba que el uso continuado de un órgano favorecía su crecimiento, de ahí la expresión “la función crea el órgano”, ocasionando el desuso prolongado del mismo su disminución, pudiendo llegar a la desaparición del miembro.

Muchos españoles, amantes de la patria y sabedores del riesgo que corre la supervivencia del país por falta de aparatos reproductores si estos no se usan, se han lanzado a la feliz tarea de expansionar y flexibilizar, cuanto más mejor, los cimbreles y cavernas, provocando un aumento de turismo sexual, que evita sonrojos y cuernos en los dinteles sociales y domésticos.

Mi convicción personal en la gratificante sorpresa del encuentro amoroso, el placer generado en el encantador juego de la seducción mutua y la íntima confluencia con la persona amada, me han tenido siempre alejado del frío intercambio de dinero por sexo, en todas sus modalidades, versiones y circunstancias.

Con este equipaje en mi ánimo vital, tengo que abandonar la ironía y ponerme el sombrero rojo para denunciar el incremento del turismo sexual, que ya no se conforma con satisfacer tan elemental, placentero y necesario instinto, con personas que voluntariamente venden su carne en escaparates.

Hoy se va más lejos y el consumo sexual ha exigido poner en el mercado un millón de púberes de ambos sexos que venden su cuerpo, y son explotados en zonas turísticas de Brasil, Tailandia, Estados Unidos, India o las paradisiacas playas caribeñas donde se subastan niñas vírgenes al mejor postor.

Prostitución infantil repartida en burdeles y calles del norte y sur del mundo, de la que se enriquecen traficantes, mediadores, agencias de viajes, chulos, paidófilos, pervertidos, estraperlistas y negreros que ya no distinguen el color de la piel que venden en los lupanares.

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