TRIPALIUM

TRIPALIUM

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Se conoce con el nombre de tripalium los tres palos donde eran amarrados los esclavos para ser azotados. Por eso este nombre se aplicaba en el Renacimiento a las actividades que producían dolor en el cuerpo, como eran los trabajos físicos que dejaban a los obreros apaleados y sin resuello.

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El tripalium del siglo VI derivó en tripaliare, luego en trebejo y concluyó en trabajo, es decir, esfuerzo y sacrificio que aparece cuando la rentabilidad empresarial está por encima del bienestar de los trabajadores, es autorizado por las leyes, consentido por los trabajadores, silenciado por la sociedad, bendecido por la Iglesia y aprovechado por los explotadores.

El trabajo se convierte en tripalium medieval cuando los obreros trabajan doce horas seguidas encerrados en naves, por un puñado de euros. Cuando la miseria ofrece diez brazos al explotador y éste paga salario por dos. Cuando la salud del trabajador pende de un hilo en los núcleos de las centrales nucleares, en campos de fumigación o en las naves de tinte.

El trabajo se convierte en tripalium cuando falta el aire, sudan las pestañas, crujen los huesos, se quiebra el espinazo, no llegan las fuerzas y la enfermedad laboral se hace costumbre. Cuando los cazadores de brazos utilizan como arma la injusta legalidad para azotar las espaldas de los obreros. Cuando el trabajador piensa más en la desgracia del patrón que en su propio infortunio.

En definitiva el trabajo se convierte en tripalium, con hoguera en los pies incluida, cuando la libertad se esclaviza a horarios interminables, salarios raquíticos, escasos derechos laborales y nula seguridad profesional.

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