TRAMPAS OLÍMPICAS

TRAMPAS OLÍMPICAS

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Algunos records olímpicos fueron batidos por defraudadores, utilizando artificiales refuerzos para competir en ventajosas condiciones con los demás atletas, recibiendo los tramposos el castigo correspondiente por introducir en su cuerpo brebajes variados, hijos bastardos de ciertos productos químicos que incrementaban las fuerzas, liberaban el cansancio y agilizaban las piernas.

Pero hace cien años las trampas eran menos científicas y más vulgares, colaborando al engaño los entrenadores, como sucedió en 1904 durante los juegos olímpicos celebrados en la ciudad americana de Saint Louis, entre el 1 de julio y el 23 de noviembre, en unas competiciones marcadas por el racismo.

Siendo el maratón la competición más popular de la época, fue ganada inicialmente por un machote de color blanco llamado Frederik Lorz, ignorando todos los espectadores, menos a uno, que había recorrido en el coche de su preparador once millas hasta la puerta del estadio olímpico, donde se bajó para entrar caminando en el recinto entre aplausos, como ganador de la carrera.

Afortunadamente, un espectador denunció el fraude y a Frederick no le quedó otra opción que admitir la trampa, lo que permitió a Thomas Hicks pasar a la historia como vencedor de la prueba, sin que nadie se diera cuenta que también había trampeado caminando durante parte de la ruta y alimentando el cuerpo con sustancias que luego fueron prohibidas.

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