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Etiqueta: rebeldía

JOVEN ANCIANO

JOVEN ANCIANO

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La casualidad puso ayer delante mis ojos en la pantalla televisiva a un joven hablando con palabras de ancianidad a la que nunca espero llegar, aunque la vida me conceda la desgracia de ser inservible centenario en manos ajenas, sin posibilidad de encontrar una enfermera como la de Johnny cuando dejó su fusil y le taparon la cara.

Tales fueron las palabras de este joven anciano, que sospeché tratarse de un truco mágico en la que un viejo reviejo se había puesto careta joven para disimular su rostro ajado, pero no fue así. Se trataba de la imagen real-real de un joven-joven, que se expresaba con ideas de viejo-viejo, sin que el director de escena gritara ¡corten!, y el responsable de emisiones de la Bola del Mundo en Navacerrada, cortara la emisión.

Yo, que tantas veces he pedido a mis hijos y alumnos rebeldía y fuerza para luchar contra todos los molinos de la vida, me encontraba ante un joven anciano moralmente moribundo, resignado a su injusta desgracia, que daba paternales consejos de confesionario a otros jóvenes con voz doblada por el miedo, pidiéndoles paciencia bíblica, humildad evangélica, esperanza en providenciales sortilegios, apuntillada con el deseo de que tuvieran suerte en la lotería y les acompañara la fortuna de un braguetazo que les resolviera la vida.

El discurso de este anciano de veintitantos años hubiera ganado un concurso galáctico de monólogos, provocando carcajadas en los marcianos, fraternales paisanos de este ejemplar de fauna extinguida, del que afortunadamente solo queda él como muestra en la Tierra.

NO HABRÉ VISTO BIEN

NO HABRÉ VISTO BIEN

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Acabo de ver la imagen de un buitre a la espera de alimento para la subsistencia, apostado a pocos metros de un niño famélico agachado que come alimento de la basura en un desesperado intento por sobrevivir en un mundo que camina con rumbo fijo a su propio exterminio, sin darse cuenta de ello ni reparar en la indiferencia y ambición que nutre su locura.

Puede ser que no haya visto bien el retrato o que la fotografía esté trucada, porque de ser cierta la imagen que en ella se recoge no me queda otra opción que vaciar la memoria para olvidarla, coserme los ojos con hilo de rebeldía, gritar hasta desgañitarme, tomar la pluma para denunciar la ceguera de quienes miran para otro lado y encausar a los promotores del exterminio.

Algo pérfido y maligno anida en el pecho descorazonado de quienes hacen de las personas carroña humana para alimentar buitres hermanados con ellos, dando un paso más en la perversa miseria y satánico exterminio que se lleva por delante la vida de un niño cada tres segundos, con el mismo desprecio que se tira un desperdicio inservible a la basura.

Los muertos son la enseñanza aprendida lejos de los pupitres y todos ellos son iguales, distinguiéndose solamente en la forma de morir, siendo la peor muerte dejar que la hambruna infantil sea pasto de las aves carroñeras, sin que el instinto de los buitres desvíe su atención hacia quienes ponen entre sus garras carne inocente, cuyo delito es haber nacido al sur de la miseria.

¡CUÍDATE, PACO!

¡CUÍDATE, PACO!

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Los amigos preocupados por mi bienestar continúan diciéndome con indudable cariño, en correos electrónicos, llamadas telefónicas y encuentros: “¡Cuídate, Paco!”, sin que haya podido desentrañar con certeza absoluta el origen de tal deseo ni su alcance, sabiendo que no se trata de un sonsonete carente de sentido, o un latiguillo de moda que corre de boca en boca. No, el buen deseo de los amigos y amigas hacia mí es sincero.

Pero tan noble consejo provoca en mi ánimo ligeras turbaciones, porque ninguno de los bienintencionados consejeros me explica los argumentos que les lleva, de forma tan insistente, a inquietarse por mi salud y bienestar, sin que yo haya hecho méritos reconocidos para llevar el desasosiego a sus sentimientos.

A veces pienso que sus buenas intenciones obedecen a que me ven algunos días fuera de mí por razones de inconformismo y rebeldía con la situación que muchos padecemos, y esto les hace pensar en posibles dolencias ocultas que, de momento, se mantienen alejadas de mi horizonte, aunque soy consciente que no tardarán en llegar porque la vida es tenaz en su empeño de llevarnos a todos a la estación término.

En otras ocasiones, intuyo que me sugieren cuidarme pensando que llevo una vida muy agitada con poco descanso, pero no parece que este sea el caso, porque hago deporte a diario, llevo buena alimentación, no fumo y mis vicios se reducen a compartir un saludable vaso de vino, con buenos amigos entre los que ellos se cuentan, a quienes agradezco sus buenas intenciones y sinceras confidencias.

En todo caso, compláceme que me pidan cuidarme porque escondido en tal deseo hay una carga de afecto, simpatía y cariño que no siempre merezco, porque con algunos de ellos no he correspondido a cuanto me han entregado, sin pedir nada a cambio.

PREGUNTAS CON RESPUESTA

PREGUNTAS CON RESPUESTA

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Circulan por los mentideros sociales preguntas con respuestas en sordina, para evitar la indignación del sentido común, el sonrojo de la justicia y la rebeldía de la sangre. Interrogantes que hieren el alma, repugnan a la razón y agotan los insultos del diccionario, sin que las respuestas puedan ser compensadas por otras virtudes sociales, sino con la primera revolución del siglo XXI, que está llamando a la puerta.

¿Por qué los políticos mantienen sus privilegios y sueldos, mientras recortan derechos y salarios de los ciudadanos? Porque ellos deciden sobre sus condiciones de vida y sobre las condiciones de vida de los demás.

¿Por qué los políticos incumplen unilateralmente el contrato que hicieron en las urnas con los votantes en su programa electoral? Porque pueden pervertir impunemente la democracia, dándola por concluida en el escrutinio de papeletas.

¿Por qué los gestores públicos necesitan asesores para el ejercicio de la función que tienen encomendada? Porque para ocupar un cargo político no se precisa acreditar competencia alguna en el área que se administra.

¿Por qué la corrupción política – por acción, omisión o silencio- se ha convertido en la cultura dominante entre el grupo que gobierna a los ciudadanos? Porque la impunidad campa por sus respetos en los tribunales de justicia.

¿Por qué el despilfarro de las arcas públicas se ha convertido en moneda de curso legal en las Instituciones? Porque los gestores disparan con pólvora ajena y de tres se llevan una o dos, según los casos.

¿Por qué los delincuentes políticos se salvan de ir a la trena? Porque el poder legislativo del que forman parte los facinerosos sociales deja abiertas rendijas por donde escapar de la sombra.

¿Por qué los miembros de los Consejos de Administración de las Cajas de Ahorro arruinadas por ellos se han llevado indemnizaciones y jubilaciones millonarias? Porque han sido jueces y parte en el reparto.

¿Por qué la sanidad pública va camino de la privatización? Porque quienes privatizan se benefician de ello sin merma de recibir asistencia en la sanidad pública cuando la necesitan.

¿Por qué la educación de los ciudadanos interesa poco a los gobiernos? Porque su rentabilidad política es a largo plazo y los electoreros han de llevarnos a las urnas cada cuatro años.

¿Por qué la justicia no es igual para todos los ciudadanos? Sencillamente, porque la justicia no es igual para todos los ciudadanos y, en palabras de un alcalde sancionado, “es un cachondeo”.

¿Por qué hay miles de aforados en España? Porque los beneficiados con ese favor legal tienen mucho que ocultar y muchas querellas que eludir en los tribunales ordinarios donde somos juzgados los vasallos.

¿Por qué la justicia del piso superior está politizada y los altos tribunales mediatizados? A esto, que respondan, magistrados, jueces, fiscales, secretarios, gestores y tramitadores judiciales, que de ello saben mucho y callan todo.

REBELDÍA EN EL POTEMKIN

REBELDÍA EN EL POTEMKIN

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En estos momentos, cuando muchos ciudadanos buscan comida en los contenedores, otros hacen colas interminables en los comedores sociales y cada día se incorporan más niños a las macabras estadísticas de Cáritas y Save the Children relativas a la hambruna infantil, es bueno recordar que un día como hoy de 1905 se dio el pistoletazo de salida a la revolución bolchevique en el acorazado Potemkin, cuando se amotinó la tripulación negándose a comer un guiso de carne con gusanos, a pesar de las proteínas que estos contienen.

El hambre dio paso al descontento ciudadano que terminó en sublevación popular años después, cuando el pueblo se levantó en 1917 contra el sistema zarista, acabando con él tras soportarlo resignadamente durante los cuatrocientos años que los zares gobernaron en Rusia, desde que en 1547 Iván IV adquirió el título de Zar como símbolo de absolutista monarquía.

Lo sucedido en el acorazado fue llevado magistralmente al cine en 1925 por encargo de las autoridades revolucionarias bolcheviques para conmemorar el vigésimo aniversario de la revuelta social marinera de 1905, haciéndola coincidir el cineasta Eisenstein con la masacre de huelguistas en la ciudad de Odesa, donde murieron mil personas inocentes y cuatro mil quedaron heridas por el suelo, debido a los disparos de las fuerzas represoras del zar, consiguiendo que sus escenas en la escalinata hayan pasado a la historia del cine, especialmente la madre alcanzada por una bala mientras corre con un coche de niño que rueda escaleras abajo hasta que otra mujer coge al bebé muerto y se enfrenta a los matarifes.

DESEMPLEO Y SUBSISTENCIA

DESEMPLEO Y SUBSISTENCIA

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Hay quienes dicen que el paro genera delincuencia, cuando en realidad lo que aumenta la criminalidad es la necesidad de subsistencia, por mucho que los provocadores de la crisis se empeñen en llamar delito a la obligación vital de comer, exigida por el instinto natural de supervivencia.

Es el hambre, la explotación laboral, los humillantes salarios, la usura bancaria, el despido libre, la estafa financiera, el abuso especulativo, la impunidad de los estafadores, los recortes vitales y la pérdida de derechos fundamentales, lo que ha convertido el delito en justificación de redención delictiva.

Los códigos legales se han convertido en armas arrojadizas contra la miseria que lleva al hurto de alimentos o robo de dinero para adquirirlos, inundando las calles de personas desfavorecidas que deambulan por los contenedores de basura, en busca de algún desperdicio con que engañar el hambre que atenaza su honradez.

Es el engaño masivo de las participaciones preferentes lo que lleva a la rebeldía social de los damnificados por las trampas urdidas en despachos especulativos, aprovechando vilmente la ignorancia y confianza de los clientes en sus consejeros bancarios.

Son las leyes trasnochadas, descompensadas e injustas las que llevan a los ciudadanos desahuciados a rebelarse contra ellas, ante la sordera política y la indiferencia de los depredadores, que comparten con ellos mantel en los banquetes.

Es la obligación legal impositiva de mantener embriones indeseados en los vientres, lo que mueve a la rebelión de la sociedad ante la infeliz vida que espera a padres y descendientes con mutilaciones mentales.

Pero los explotadores del hambre han de tener cuidado porque la desesperación de los ciudadanos que no tienen nada que perder, puede llegar a transformar los suicidios en homicidios, llevándose con ellos a mejor vida a los responsables de su tragedia.

LA FUERZA DEL MIEDO

LA FUERZA DEL MIEDO

El miedo no es más que una perturbación angustiosa del estado de ánimo de cada cual, a la que se llega cuando nos acecha un riesgo o un daño que puede ser real o imaginario. Sentimos miedo por el recelo o aprensión que tenemos a que nos suceda lo contrario que deseamos.

De esta forma, el miedo mutila la esperanza, oscurece la voluntad, anula la razón, nubla el pensamiento, incapacita para la acción, genera resignación y anula la rebeldía. Esto lo saben bien quienes explotan el miedo colectivo en su propio beneficio, haciendo de la injusticia nuestra condenación.

El miedo es el gran nubarrón que oscurece las iniciativas. El responsable de que hagamos lo contrario a lo que nos dicta la conciencia.  La palabra que habla por nosotros obligándonos a decir lo contrario de lo que pensamos. El miedo es, en definitiva, quien nos lleva a los dioses, somete nuestros deseos a la voluntad ajena y justifica la obediencia debida.

Es fácil concluir, pues, que el miedo al castigo nos condena al silencio. El miedo a la muerte nos amarga la vida. El miedo a movernos nos lleva a la parálisis. El miedo a protestar nos reduce a la impotencia. El miedo a recordar la historia nos produce amnesia. El miedo a caminar en las manifestaciones nos produce cojera. El miedo a coger las riendas nos deja mancos. El miedo a pedir justicia nos hace mudos. El miedo a escuchar la voz de los sin voz nos vuelve sordos. El miedo a ver la realidad nos deja ciegos.

Y así, cojos, mancos, mudos, ciegos y sordos, vamos con nuestro miedo a cuestas por la vida mientras los beneficiarios del temor colectivo se hacen dueños de nuestras vidas, manteniéndonos escondidos tras los visillos de las ventanas domésticas, sin atrevernos a salir a la calle, esperando con resignación de corderos la llegada del ángel exterminador que nos lleve al matadero.