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Etiqueta: gracias

GRACIAS A TODOS

GRACIAS A TODOS

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A los amigos de este Itinerario de Vida, quiero darles las gracias por ofrecerme la oportunidad de hablar con ellos todos los días, pues sin su visita cotidiana a esta casa virtual que ya les pertenece, yo hubiera cerrado sus puertas hace tiempo y puesto en almoneda todas sus páginas.

Hoy, jueves 12 de marzo de 2015 en el calendario gregoriano, se cumplen cuatro años de aquel lejano día en que abrí esta ventana al mundo, recogiendo el guante que me tendieron personas muy queridas por mí, aceptando el reto, consciente de que no pasaría de los primeros pasos si nadie me siguiera en la hermosa caminata que ese día emprendí

Hoy sigo manteniendo lo que dije al entregaros la llave de esta casa, afirmando que todos mis artículos serían cartas con destino a todos vosotros, escritas con alma sincera humedeciendo la pluma en el corazón y dejando volar los sentimientos donde el viento decida llevarlos, porque navegan sin rumbo fijo ni paradero establecido de antemano.

Cambia la forma, el estilo, la extensión o el argumento, pero todas ellas son cartas personales a cada uno de los lectores, aunque muchos de quienes reciben estos correos epistolares sean desconocidos para mí y no acusen recibo de las noticias que llegan cada día a su pantalla virtual.

Han sido 1311 cartas, todas ellas escritas con la esperanza cumplida de fomentar la hermandad entre todos los que han recorrido este itinerario vital junto a mí, a quienes agradezco su compañía, la amistad ofrecida, el afecto guardado y la fortaleza que me dan para sentarme cada madrugada a conversar con ellos.

Aquí permaneceré expresando por derecho y sin titubeos mis pensamientos y sentimientos, mientras la salud no me falte, el ánimo está conmigo, la inspiración me acompañe, el tiempo lo permita, los lectores se complazcan y la falta de visitas me obligue a tomar la puerta de salida.

GRACIAS, GABO

GRACIAS, GABO

Unknown

Le han sobrado a García Márquez los 47 años de vida que le llevaron a la eternidad entre nosotros, desde que en 1967 la editorial Sudamericana expusiera en las librerías bonaerenses los sentimientos de un continente reducidos al mínimo espacio de Macondo, donde la saga Buendía vivió las peripecias del realismo mágico que a todos nos hizo enmudecer con gozoso placer literario.

Mercedes, Rodrigo y Gonzalo llevarán las cenizas de su cuerpo al homenaje, recordando los paquetes de cigarrillos que consumió diariamente en el exilio mexicano de la “cueva de la mafia”, mientras daba eterna vida en las páginas a la soledad centenaria de José Arcadio, Úrsula, Aureliano, Melquiades, Amaranta y Remedios, recibiendo a cambio 500 dólares como anticipo, para ahuyentar el hambre.

Ayer escribía yo en esta bitácora un elogió al amor, ignorando que agonizaba en su casa un hombre que vivió solamente para que sus amigos le amaran. Y le amamos todos los que hoy le agradecemos las páginas que nos han deleitado durante años, convertidas en libro de cabecera y costumbre diaria.

Se ha ido un cuerpo desgastado por el cáncer, pero su espíritu dicharachero, su abierta sonrisa y su alma buena queda entre nosotros, unida al compromiso solidario, la lucha por la justicia, el amparo de los derechos humanos y la denuncia de abusos, que Gabo condenó en voz alta desde las tribunas, como hizo en Estocolmo el miércoles 8 diciembre 1982, al recibir el más alto galardón de las letras, diciendo:

“Los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.

¿TEST DE INTELIGENCIA?, NO GRACIAS

¿TEST DE INTELIGENCIA?, NO GRACIAS

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En oposición a la actitud mantenida por las empresas en la selección de empleados, aplicándoles un test de inteligencia para eliminar a los intelectualmente débiles, yo opongo el grito de ¡tontos, dentro!, porque la experiencia acumulada en mi larga vida docente me autoriza a ello.

Hablan los psicólogos de tan diversas clases de inteligencias que mi inteligencia no alcanza a comprender los diferentes tipos que pregonan. Pero menos aún alcanzo a comprender que pueda medirse el coeficiente intelectual con un puntómetro tan perfecto que ¡da cifras numéricas! sobre dicha medida. ¡Dios, qué precisión!

El psicólogo nizardo Alfred Binet aportó a la psicometría el primer test de predicción del rendimiento escolar en 1905, rechazando el método biométrico aplicado por Galton. Los resultados obtenidos con su escala métrica le llevaron a reconocer su fracaso en el intento de medición cuantitativa de la inteligencia, negando su utilidad para clasificar a los jóvenes estudiantes y a cualquier otra persona.

Pero a los americanos del norte no les llegó la noticia y en 1913 aplicaron el test de Binet a los emigrantes que aspiraban a entrar en el país, llegando a la conclusión de que 8 de cada diez no debían pasar la frontera. Igual hizo el gobierno boliviano en las escuelas de Potosí llegando a la misma estadística de tontuna reinante entre los niños.

Por otro lado, en 1994 los profesores Herrnstein y Murray publicaron el libro “The Bell Curve”, mostrando una correlación entre el C.I. y el nivel socioeconómico, concluyendo que los negros y los pobres eran más tontos que los blancos y los ricos por herencia genética, es decir que no le merece la pena al Estado gastarse el dinero en instruirlos, aconsejando fumigar intelectualmente, – disculpen la licencia -, a los negros pobres.

Mis años cultivando la inteligencia de los jóvenes y educándolos, contradicen todas las mediciones y rechazan plenamente la exclusión de los clasificados por los test como menos listos, sobre todo si las pruebas se utilizan para discriminar a ciudadanos de otra raza o a los económicamente más débiles.

A la veneración por los tests clasificatorios y discriminatorios, opongo la capacidad de trabajo, el dominio de la voluntad, el tesón por conseguir objetivos, la honradez mental, el equilibrio emocional, las habilidades sociales, las destrezas comunicativas, la experiencia lúcida y el buen sentido que coordina las todos los elementos determinantes del éxito intelectual.

GRACIAS

GRACIAS

No me dais otra opción, amigos, que daros las gracias por ese paraguas que habéis puesto sobre mi cabeza para aliviar la decepción ante lo confuso y la mentira.

Gracias por las palabras de ánimo que he recibido en la calle, con la sinceridad y frescura propias de los encuentros casuales.

Gracias por los reconfortantes saludos, las estimulantes palmadas en la espalda, las “riñas” amistosas y los abrazos solidarios.

Gracias por ofrecerme la comprensión y el apoyo que me han negado quienes nada saben de lo sucedido, ni de mi vida.

Gracias por las llamadas telefónicas, aunque algunas me hayan levantado de la cama a primeras horas de la noche, dado mi extraño horario que me tiene todos los días frente al ordenador a las cuatro y media de la mañana.

Gracias por los correos electrónicos recibidos, llenos de solidaridad y consuelo, cuando el silencio de unos y las perversas intenciones de otros dejaban salivazos en mi ventana.

Gracias por vuestros ofrecimientos de intermediación para conseguir que mis réplicas tuvieran la misma difusión que las mentiras y manipulaciones.

Gracias por vuestros consejos, que tanto hubiera necesitado hace un mes, hace cuatro días y ayer por la mañana, para evitar los errores que he cometido.

Gracias por invitarme al olvido que prometo hacer realidad con esta última entrada, sin que de mi escritorio virtual vuelva a salir palabra ni recuerdo sobre ello.

Gracias a quienes – desconocidos por mí – dejaron escrita su opinión elogiosa en La Gaceta Regional al pie de la noticia.

Gracias a todos vosotros: Nacho, José, Carmen, Argi, Inés, José Antonio, Luis, Toño, Concha, Gloria, Emilio, Nicolás, Teresa,  Flor, Maite, Jorge, Susana, Laureano, Lira, Juanjo, Rafa, Mari Luz, Agustín, …

Y gracias a los más íntimos, que siempre han estado conmigo.

Punto final, y que la suerte acompañe a quien la merezca.