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Etiqueta: generosidad

PAÍS DE ARENA

PAÍS DE ARENA

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El desarrollo de los pueblos depende del temperamento, personalidad y carácter distintivos de los ciudadanos que forman la colectividad nacional, es decir, que el futuro de un país está subordinado a la idiosincrasia de los sujetos que conviven intramuros de sus fronteras, según las hipótesis del marginalista Cournot.

Dicho esto, el porvenir que nos espera a los españoles es el que nos corresponde, – bueno o malo -, sin permitirnos albergar otras expectativas de aquellas que nos esperan, porque arrastramos desde hace siglos unos rasgos específicos distintivos de otros pueblos vecinos y lejanos, convirtiéndonos en seres peculiares de la piel de toro.

Parafraseando al presocrático Empédocles, me atrevo a simplificar diciendo que la materia prima constituyente de la raza hispana está formada por la combinación de elementos preconizadores de nuestra razón de ser, con el fatalismo otorgado por la envidia, el quijotismo, la soberbia, el cotilleo y la picaresca, como atributos básicos conformadores.

A pesar de ello, la creatividad, laboriosidad, solidaridad, sinceridad y generosidad, nos permitirían producir brotes verdes con facilidad, si no fuera porque los fraudulentos dirigentes políticos, sociales y financieros han convertido el suelo patrio en país de arena seca sin esperanza en inmediatos verdores a corto y medio plazo, porque los esquilmadores se han llevado a sus jardines particulares la tierra vegetal necesaria para que en ella aparezcan brotes verdes imposibles de florecer sobre la arena.

EL VERDADERO DÉFICIT

EL VERDADERO DÉFICIT

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Cuando los mandamases políticos y financieros hablan de déficit, se refieren al descubierto contable que resulta de comparar el debe y el haber, lo que en Administración Pública representa una falta de liquidez económica en las cuentas del Estado, porque los administradores del dinero común se gastan más euros de los que les damos, con su mala gestión, despilfarro, ignorancia y corrupción.

Pero hay otros déficits más importantes que el económico, ignorados en una sociedad insolidaridad, cínica y consumista, dominada por la doctrina del “¡Sálvese quien pueda!”, donde los remeros quedan al pairo tras el naufragio con las velas de la esperanza tendidas y largas las escotas de la resignación, mientras los capitanes y contramaestres ocupan todos los botes salvavidas.

La verdadera crisis por la que estamos pasando no es económica, como pretenden hacernos creer, sino de valores humanos, provocada por el abandono de comportamientos éticos, que han llevado a indeseables corruptelas administrativas, abusivas especulaciones financieras, excesivas mentiras y duras represiones justificadas con una legalidad injusta, hecha a gusto de los represores.

Hoy día existe un gran déficit de solidaridad que muerde las entrañas, porque la generosidad no cotiza en bolsa, domina el miedo, la honestidad brilla por su ausencia, el sacrificio está mal repartido, los esfuerzos son desequilibrados, la justicia social está en almoneda, el cinismo institucional domina las tribunas y la empatía se ha borrado del diccionario social.

AMISTAD

AMISTAD

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Es la amistad un sentimiento que nace de la relación afectiva entre dos o más personas, cuando entre ellas comparten la intimidad que cada uno guarda en lo más profundo de su alma como reliquia sagrada, transferible únicamente a las personas que se aman. Esto implica que los amigos se entregan mutuamente una daga con la que pueden herirse mortalmente, convencidos que cada uno la utilizará en defensa del otro.

Es la confidencia del secreto reservado la que hace posible la amistad. Confidencia íntima que revela las notas más íntimas del diapasón personal, inalcanzables para quienes pretenden hurtarlas, como hizo saber el príncipe de Dinamarca a Rosencrantz y Guildenstern cuando estos confesaron desconocer los registros del caramillo.

Nace la amistad de inquietudes comunes, aficiones compartidas, sentimientos hermanados y generosidad recíproca, traducida en mutuo afecto personal, recíproca afinidad, desinteresada entrega y lealtad incondicional, que se fortalece en el tiempo con el trato personal.

Imprevisible y súbita en ocasiones como flechazo desprevenido, o lenta y sosegada en su crecimiento como una planta que necesita riego para fortalecerse, la amistad hace posible en encuentro de almas gemelas enlazadas por cariño resistente a todo seísmo que pretenda resquebrajar sus cimientos.

AMAR Y SER AMADO

AMAR Y SER AMADO

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Amar es opción subordinada a la voluntad de cada cual, pero ser amado está a merced de conformidades externas, no siempre dispuestas a complacer el amor, haciendo posible la fusión de agente y paciente.

Quien ama pierde su identidad al fusionarse con la persona amada, pero ésta puede ser querida manteniendo su independencia sin mácula ni contaminación, porque la indiferencia protege su dolor del contagioso amor.

La persona amada es el pretexto que pone el amor sobre la mesa para hacerse visible en la vida de quien ama, pero no justifica el fracaso del olvido prematuro que no da tiempo a guardar las conmociones del amor en su espíritu.

El ser amado teme la caducidad del amor, se niega al abandono y desecha la soledad, pero sabe que todo ello es posible si un golpe inesperado de la sangre conmueve los cimientos de la inseguridad a que conduce el riesgo de amar.

Amar es dulce costumbre que retrocede espantada por la indiferencia de corazones pedregosos, mientras multiplica en los desamparados la esperanza de ser amados a golpes sistólicos fraternales y diastólicos solidarios.

Ser amado ilumina, vivifica, alienta, consuela y acompaña de paz las acciones amorosas, pero amar excede en generosidad, desborda benignidad, sobresale en benevolencia y complace a quien otorga amorosidad.

Si amar nunca hiere porque nada espera, ser amado deja en el alma cicatrices cuando la luz de amor se extingue en la vida del amado y la oscuridad deja a la intemperie recuerdos de una felicidad que olvidó su paradero.

PEDIR PERDÓN

PEDIR PERDÓN

La escuela de la vida me ha dado ayer la oportunidad de aprender una nueva lección en edad tardía, cuando la insolente vanidad presumía de estar de vuelta en el camino hacia lo inesperado y la rutina se antojaba monótona costumbre cotidiana.

Velada reflexiva tuve antes del sueño para cerrar el pensamiento concluyendo que hay más grandeza en la solicitud de perdón por una ofensa cometida, que en el otorgamiento  de indulto por parte del ofendido.

Perdonar exige simplemente unas gotas de generosidad, algo de comprensión y mínimo esfuerzo para llevar el ultraje recibido al rincón más oscuro de la memoria donde habita la zona del olvido, trituradora de todo aquello que empobrece el alma con la venganza.

Pero solicitar indulgencia requiere autocrítica sobre la actitud tomada; dolor por el daño infringido; arrepentimiento del hecho cometido; sinceridad en el reconocimiento del perjuicio causado; propósito de no volver a repetirlo; humildad para reconocer el daño inducido; y valor moral para demandar perdón al agraviado.

En tiempos donde los oprobios se resuelven gritándole al vituperado “¡y tú más!”, complace oír petición de gracia por una afrenta recibida. En tiempos donde pocos reconocen errores cometidos, satisface recibir solicitudes de condonación por insultos proferidos. En tiempos donde la petición de absolución es una quimera inalcanzable para la mayoría, deleita otorgar el perdón y abrazar a quien hace público su arrepentimiento.

ROSA PARKS

ROSA PARKS

Una simple gota desesperada puede derramar el vaso de la resignación; y una chispa indignada es capaz de provocar un incendio que haga cenizas el paraíso donde habitan quienes están desesperanzándonos a todos.

Recuerdo con nostalgia el tiempo en que confiábamos en el amor para salvar el mundo. Tiempo de generosidad, entrega y sacrificio por el vecino. Tiempo de lucha solidaria por las libertades y el bienestar común. Tiempo de hacer realidad utopías inalcanzables.

Pero aquellos días de lozana mocedad y juvenil madurez en el que vivíamos al este del edén, se ha tornado en oscuro pasadizo hacia el estercolero, llevados de la mano por la indiferencia de un poder que impide la convergencia de nuestras almas. Tiempo este de ocaso y derrumbe que nos obliga a caminar entre cascotes ruinosos y jirones de vida.

¿Dónde están los herederos espirituales de Mahatma Gandhi? ¿Qué almas guardan el sueño de Martin Luther King? ¿Quién sostiene hoy la antorcha del Che Guevara? ¿Cuántos están dispuestos a mantenerse sentados frente al poder como hizo Rosa Parks?

Fue ese gesto de Rosa la chispa que desató el Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos, negándose a ceder su asiento en el autobús a un hombre blanco, sabiendo que su actitud la llevaría a la cárcel por perturbar el orden establecido por los explotadores.

Hoy no queda rastro del legado que nos dejaron estos vecinos, porque hemos dilapidado el capital humano en urnas electorales y ventanillas bancarias, sin percibir que estábamos alimentando a un monstruo que ha terminado por devorarnos sin apartar la vista de su cuenta corriente.

Hoy gobiernan el mundo todos los demonios contra los que luchamos en tiempo de entrega generosa a la redención de nuestros vecinos. Hoy nos ponemos el chubasquero para protegernos del dolor ajeno, en vez de salir a la calle a coger de la solapa a los sinvergüenzas y politiqueros que construyen su vida sobre la ruina ajena. Hoy el que tiene resuelta su vida disfruta de ella sin importarle la basura humana tirada al borde de la acera. Hoy nadie lucha por invertir el giro de la tierra y poner vertical el horizonte.

Hoy somos muchos los que echamos de menos a Rosa Parks al ver que hay más ciudadanos dispuestos a vivir de rodillas que a morir de pie.