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CONFIDENCIA NAVIDEÑA

CONFIDENCIA NAVIDEÑA

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Como le sucedió al poeta de Tábara, a mí también me han dormido con todos los cuentos y llegué a saberme de memoria todos los cuentos, creyéndomelos en la infancia, dudando de ellos en la juventud y negándolos al llegar la madurez a la vida, dando paso a una incredulidad más creíble que las creencias de los crédulos cuentacuentos.

Tuve que oír extrañas historias en todas las bocas que me rodeaban, fueran estas escolásticas, familiares o eclesiásticas, consoladoras de carencias irremediables y contingencias indeseables, hasta que la razón vino a poner las cosas en orden con argumentos contradictorios a leyendas, doctrinas y creencias, transmitidas por educadores, padres y catequistas, sin fundamento alguno que no fuera apuntalado por axiomas de fe.

Así fue como deshincharon mi pensamiento, lo lavaron, plancharon, plegaron y colocaron ordenadamente junto al de todos los que conmigo fueron aseados y limpiados de sucios argumentos divergentes a la doctrina impuesta en Occidente por emperadores, papas, instructores, clérigos, parientes y vecinos.

Sobre tan delicada nube viajé por los campos de la vida con el zurrón de las creencias a la espalda, hasta que un golpe de Luz diluyó en la razón el vapor que sostenía las adivinanzas, cayendo al suelo la fe arquitecturada con catecismos, sermones, incienso, amenazas y bendiciones.

MARTES Y TRECE

MARTES Y TRECE

Unknown

Si pudiera, hoy me casaría y embarcaría rumbo al estrecho de Magallanes, para convencer a los supersticiosos de que nada ocurre casándose o embarcándose un martes y trece como hoy, porque las supersticiones son creencias absurdas, irracionales y falsas, por mucho que la tradición popular siga imponiéndolas a los ingenuos, con la misma fuerza que las promesas electorales.

A las supersticiones se añaden otros supuestos hechos que mueven la fe de las personas o determinan sus sentimientos, por muy tozuda que sea la realidad mostrada por la historia durante los milenios que la Humanidad lleva caminando en sentido contrario a las increíbles creencias de algunos bienintencionados vecinos.

La evidencia científica y la vida real no bastan para convencer a los supersticiosos del sinsentido y la falta de racionalidad que acompaña a sus credulidades, por mucho que la realidad de los hechos demuestren diariamente lo contrario a sus convicciones, corroborada por la propia historia personal de cada cual.

Pero bueno, como no puedo casarme ni embarcarme, aseguro que hoy romperé un espejo, pasaré debajo de escaleras apoyadas en las paredes, derramaré sal y aceite, invertiré el pan en la mesa, buscaré un gato negro, me reuniré con doce amigos para sumar trece contertulios, abriré un paraguas en mi casa y, si fuera mujer en menstruación, haría mayonesa, regaría las plantas y daría de comer a los animales.

Lo que no haré hoy ni nunca será apagar la vela que tengo encendida a San Pancracio, ni omitiré a “Jesús” en los estornudos, ni dejaré de santiguarme al salir de casa, ni mataré golondrinas, porque estas fueron quienes le quitaron a Jesucristo las espinas de la corona cuando fue crucificado en el Calvario….

MAYORÍA DE INFIELES

MAYORÍA DE INFIELES

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No es cierto que los 4.000 millones de asiáticos representen la mayoría de los 7.000 millones de terrícolas que habitamos la tierra, ni que los chinos estén a la cabeza de las poblaciones o que los tokiotas lideren el ranking de gentilicios, porque lo que más abunda en el mundo son infieles, aunque estén ausentes de todas las estadísticas hasta que alguien se tome la molestia de contarlos.

Las diferentes creencias que hay repartidas por el mundo, determinan la fe de cada cual en función del lugar de nacimiento, salvo excepciones de insumisos que reniegan de las creencias impuestas en su infancia pasándose a otra religión, negando todo Dios o declarando inaccesible su entendimiento a todo conocimiento divino que trascienda la experiencia real.

Bueno, pues todos ellos son considerados infieles porque como tales quedan definidas las personas que no profesan la fe considerada como verdadera en el país donde habitan, diferenciándose de los herejes que niegan dogmas establecidos en la religión que practican y de los apóstatas que reniegan de la fe cristiana recibida en el bautismo.

Siendo esto así, cobra fuerza la afirmación inicial de liderazgo mundial de infieles, porque los católicos serán infieles en países musulmanes; los mahometanos lo serán en países cristianos; musulmanes y cristianos serán infieles en Israel; todos los ya citados serán considerados infieles en países bajaístas; y entre católicos y protestantes ocurre igual.

Es decir, si todos los infieles del mundo se reunieran en asamblea para discutir sobre infidelidades y creencias, tal vez llegarían a la conclusión que todos estamos pensando, quedando liberados de lastres derivados de recompensas celestiales, temores infernales, misteriosas reencarnaciones y supervivencias imposibles a la parca.