CONFIDENCIA NAVIDEÑA

CONFIDENCIA NAVIDEÑA

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Como le sucedió al poeta de Tábara, a mí también me han dormido con todos los cuentos y llegué a saberme de memoria todos los cuentos, creyéndomelos en la infancia, dudando de ellos en la juventud y negándolos al llegar la madurez a la vida, dando paso a una incredulidad más creíble que las creencias de los crédulos cuentacuentos.

Tuve que oír extrañas historias en todas las bocas que me rodeaban, fueran estas escolásticas, familiares o eclesiásticas, consoladoras de carencias irremediables y contingencias indeseables, hasta que la razón vino a poner las cosas en orden con argumentos contradictorios a leyendas, doctrinas y creencias, transmitidas por educadores, padres y catequistas, sin fundamento alguno que no fuera apuntalado por axiomas de fe.

Así fue como deshincharon mi pensamiento, lo lavaron, plancharon, plegaron y colocaron ordenadamente junto al de todos los que conmigo fueron aseados y limpiados de sucios argumentos divergentes a la doctrina impuesta en Occidente por emperadores, papas, instructores, clérigos, parientes y vecinos.

Sobre tan delicada nube viajé por los campos de la vida con el zurrón de las creencias a la espalda, hasta que un golpe de Luz diluyó en la razón el vapor que sostenía las adivinanzas, cayendo al suelo la fe arquitecturada con catecismos, sermones, incienso, amenazas y bendiciones.

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