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CONFIDENCIA NAVIDEÑA

CONFIDENCIA NAVIDEÑA

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Como le sucedió al poeta de Tábara, a mí también me han dormido con todos los cuentos y llegué a saberme de memoria todos los cuentos, creyéndomelos en la infancia, dudando de ellos en la juventud y negándolos al llegar la madurez a la vida, dando paso a una incredulidad más creíble que las creencias de los crédulos cuentacuentos.

Tuve que oír extrañas historias en todas las bocas que me rodeaban, fueran estas escolásticas, familiares o eclesiásticas, consoladoras de carencias irremediables y contingencias indeseables, hasta que la razón vino a poner las cosas en orden con argumentos contradictorios a leyendas, doctrinas y creencias, transmitidas por educadores, padres y catequistas, sin fundamento alguno que no fuera apuntalado por axiomas de fe.

Así fue como deshincharon mi pensamiento, lo lavaron, plancharon, plegaron y colocaron ordenadamente junto al de todos los que conmigo fueron aseados y limpiados de sucios argumentos divergentes a la doctrina impuesta en Occidente por emperadores, papas, instructores, clérigos, parientes y vecinos.

Sobre tan delicada nube viajé por los campos de la vida con el zurrón de las creencias a la espalda, hasta que un golpe de Luz diluyó en la razón el vapor que sostenía las adivinanzas, cayendo al suelo la fe arquitecturada con catecismos, sermones, incienso, amenazas y bendiciones.

INDEPENDENCIA PERSONAL

INDEPENDENCIA PERSONAL

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Nacemos destinados a la independencia personal, pero la vida nos obliga a pegajosas adherencias que aceptamos sin posibilidad de renuncia, siendo manejada nuestra voluntad por invisibles manos, doctrinas y tradiciones que nos impiden satisfacer el autogobierno vocacional que merecemos.

Juego peligroso para nuestra libertad, en el cual participamos empujados por extrañas fuerzas externas que moldean nuestra conciencia, nuestra ideología, nuestras creencias, nuestras aficiones y nuestras fobias, llevándonos por caminos que nunca transitaríamos si la inevitable socialización no determinara las concepciones que nos han sido impuestas.

Pero aún es tiempo de borrar el disco duro mental donde se guardan todos los archivos que agentes externos han introducido en nuestro pensamiento, y reescribir de nuevo la página en blanco de nuestra futura historia personal, con principios de libertad que dan vida a la independencia mental que podemos apuntalar en nosotros mismos.

Libres de toda dependencia para escapar de cárceles afectivas o ideológicas.

Libres de patrias que reclamen la vida que nos pertenece.

Libres de sentimientos que distraigan nuestra mirada.

Libres de la ciencia que nos aleje del descubrimiento de nosotros mismos.

Libres de virtudes impuestas que nos impidan descubrir vicios que no lo son.

Libres de nosotros mismos para encontrarnos a nosotros mismos.

Libres de toda religión y doctrina contraria a nuestra experiencia personal.

Libres, en fin, para poder reservarnos el derechos de admisión.

INDEPENDENCIA PERSONAL

INDEPENDENCIA PERSONAL

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No hay actitud más cercana al ejercicio de la libertad personal, como mantener independencia de criterio frente a toda injerencia externa que pretenda interferir en la intimidad moral de cada cual, con insinuaciones, amenazas o mentiras, para conseguir objetivos que sólo benefician a los interventores.

A la independencia personal se llega por el camino del sacrificio, la renuncia, el compromiso y la verdad. Servicio a la verdad por encima de todo beneficio externo, porque basta la satisfacción que produce la lealtad a sí mismo, aunque tan noble testimonio lleve aparejado el desencuentro con quienes buscan complicidad para doblar la vara de la justicia, engañar ignorantes, manipular argumentos y disfrazar la realidad en beneficio de los censores.

Hoy, más que nunca, es necesario proteger la autonomía individual de los ataques subliminales procedentes de quienes pretenden someter la voluntad ajena a la propia, doblegando los principios éticos de conducta personal.

Hoy, más que nunca, se necesita emancipación mental que distinga el grano de la paja, la verdad de la mentira y la objetividad de la manipulación, para evitar encadenamientos a servidumbres y esclavitudes indeseables.

Hoy, más que nunca, debemos mantener autodeterminación subjetiva para librarnos de las maliciosas comadres que nos fustigan tras los visillos de las ventanas sociales con  doctrinas, consignas, ideologías y credos.

Hoy, más que nunca, hay que saber leer un periódico, oír un discurso, escuchar una declaración pública, presenciar un espectáculo y atender promesas, con mente despierta que delate el engaño que ocultan los estafadores mentales.

Hoy, más que nunca, es preciso imponer el propio juicio sobre criterios ajenos; dominar los sentimientos y tener voz propia ante la despersonalización  que pretenden imponer quienes juegan con la voluntad de los demás.

Hoy, más que nunca, necesitamos aunar voluntades independientes de toda imposición externa, para limpiar el sistema de tumores y adherencias, liberándonos de dictados de conciencia ideológicos, sociales o políticos.

Hoy, más que nunca, la independencia es la gran presea de la individualidad, lo que justifica nuestra libertad, nos define y particulariza, alejándonos del redil donde el gran pastor cobija a las ovejas sin criterio propio, ni personalidad definida.