RECORTAZO AL TASAZO

RECORTAZO AL TASAZO

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El Ministerio de Justicia acaba de anunciar una reducción del 80 % en las tasas judiciales que arbitrariamente nos había impuesto, según ha comunicado por carta el fiscal Gallardón a la Defensora del Pueblo. Noticia que celebramos con amargura porque viene oscurecida con negra sombra de decepción, pues exigimos la abolición de la presurosa Ley 10/2012.

No obstante, debemos satisfacernos con la rebaja del ministro aunque no comprendamos lo sucedido, porque si las cantidades impuestas en dicha ley eran las justas, no debían reducirse; y si no lo eran, jamás debieron imponerse.

La decisión del ministro alivia parcialmente temores, evita lamentables injusticias y protege parcialmente la indefensión, pero tiene el sabor amargo del más radical totalitarismo en el seno de una seudocracia que lleva años esperando convertirse en democracia. Lo sucedido hace pensar en una perversión del sistema consistente en introducir cada cuatro años a los ciudadanos en las urnas, reteniéndolos en esa jaula el tiempo preciso para promulgar leyes de caza, cargar las escopetas y disparar contra ellos.

La actitud del ministro es paradigmática de lo que no debe hacerse en democracia, por mucho que Gallardón se considere investido de divinos poderes, similares a los del papa cuando habla excátedra.

Alguien tendría que decirle a este fiscal revenido a concejal, senador, diputado, presidente de comunidad, alcalde, ministro y déspota, que los ciudadanos no somos perdices en el coto privado de sus caprichos vesánicos. Ni cobayas de experimentación para sus ratos de ocio. Ni muñecos de chocolate con los que alimentar su prepotencia. Ni siervos resignados para satisfacer su vanidad. Ni juguetes distractores de su incompetencia.

Alguien tiene que decirle a don Alberto que antes de disparar, conviene apuntar. Que antes de tomar decisiones que afecten a otros, hay que consultar a los afectados. Que para recibir aplausos conviene evitar provocaciones. Que la prepotencia y el despotismo son propios de regímenes absolutistas. Y que la prudencia, el respeto, la cordura y el sentido común deben guiar las actuaciones de los  mandamases.

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