PERCEPCIONES

PERCEPCIONES

PERCEPCIONES

Desde hace más tiempo del preciso,  reciben los sentidos  imágenes y sensaciones extrañas que impresionan retinas, tímpanos y dendritas, dejándonos el amargo sabor de la decepción, la contrariedad de la frustración, la impotencia de la derrota y el convencimiento de la inevitable ruina social, porque las pancartas han sustituido a la rebeldía, y la resignación se ha hospedado en los corazones heridos, ahogando toda capacidad de respuesta.

Ver a patrones subidos a lomos de sus obreros fustigándoles los ijares obliga a pensar que los capelos han modificado a gusto de los jinetes la doctrina, decretando que el mandato evangélico de amarnos los unos a los otros se haga realidad amándonos los unos sobre los otros.

Comprobar la categórica respuesta de los tribunales de justicia con quienes han hurtado un lapicero, contrasta con la indulgencia mantenida por las togas con políticos y corruptos que se protegen con guantes blancos para ocultar sus podridas manos por la ambición, como sepulcros blanqueados condenados al desprecio en el libro sagrado.

Observar los privilegios, ingresos económicos, dietas y jubilaciones de los políticos – muchos de ellos sin titulación, méritos, ni capacidad -, representa un insulto a la inteligencia de los que pagamos tales prebendas con nuestros impuestos; una afrenta a los trabajadores que sudan para ellos; una burla para los desempleados que se muerden los puños de impotencia; una ofensa para la democracia que pervierten; y un agravio al sentido común, que exige una llamada al voto en blanco, a la quema de fueros inmerecidos y a las barricadas electorales.

Quienes mantienen la sartén por el mango y el mango también autorizan la protesta civilizada, dentro del orden establecido por ellos y sin permitir que la violencia deslinde el marco legal dictado por su dedo índice.  Pero ha llegado el tiempo de dar un paso hacia delante, conculcando normas que sólo a ellos benefician.

Mi querido Benito, buen amigo adolescente en el Infanta, me ayuda a cerrar la carta de hoy con las palabras que me ha enviado, escritas por Ayn Rand en 1950, premonitorias de la que se nos viene encima:

“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican, no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias mas que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada”

 

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