INVITACIÓN AL BIERZO

INVITACIÓN AL BIERZO

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Acercaos a Foncebadón, amigos, y cruzad la frontera que separa la Maragatería del Bierzo, para entrar por la puerta grande en un vergel que os recibirá con bendiciones en la Cruz de Hierro y recreará vuestra alma con placenteras ofrendas del espíritu hasta Cebreiro.

Entre ambas cumbres se extiende la hoya berciana, lugar de leyendas narradas al abrigo nocturno de castillos templarios que custodian el alma de un territorio privilegiado, nutrido de encanto y grandeza histórica. Tierra fértil, saciada de verdores y aromatizada con pastizales, fruta madura y humo de chimeneas domésticas alentadas de reconfortantes fogones, donde el buen yantar de manjares propios y templado libar del zumo de sus cepas es compartido con ciudadanos hospitalarios, que un día reclamaron una república independiente para su tierra.

Recogeos, amigos, en esta cuna del monacato español; viajad en el tiempo a lomos de una herrería medieval; caminad por sendas inolvidables; contemplad una joya escondida del arte mozárabe; asombraos de la arquitectura rural en sus pueblos; y comprobad que la tebaida ermitaña no es quimera de iluminados monjes medievales abandonados a la oración en el ensoñador valle del Silencio.

Encontraréis en esta isla de paz interior lo inalcanzable en otras latitudes donde el bullicio enturbia la vida. Acercaos, pues, a descubrir el encanto de rudimentarios museos pespunteados de nostálgicas pallozas, donde encontraréis personajes singulares y humildes artesanos que brindan sabios consejos populares sin demandar nada a cambio.

Dejaos llevar por “la guiana” hasta el asombro de las bodegas y escuchad viejos recuerdos de pañuelos blancos anunciadores de vino nuevo que congregaba a vecinos y foráneos en torno al “senado” o “la abuela”. Y no olvidéis pasear por sus arterias montañosas para contemplar el milagro de ver transformada la codicia romana en caprichosas formas de un país encantado.

Subid luego al mirador de Corullón para contemplar el asentamiento donde se inspiraron los escritores sagrados para describir el paraíso terrenal surgido en las riberas del Burbia, porque en ese valle oiréis crecer la hierba en primavera. Deambulad por los claustros de sus monasterios y sentaos a la mesa con los bercianos a degustar botillo regado con vino de la tierra, acompañado de cantos a la regente de la Encina pidiendo que la lluvia riegue los pimientos, porque el aprecio de los bercianos, la grandeza de su alma y la nobleza de corazón que atesoran, merecen el abrazo y la gratitud que desde aquí les envío, en recompensa por todo el afecto recibido.

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