ES HORA DE HABLAR

ES HORA DE HABLAR

La inevitable asistencia a clase diaria en la escuela de la vida, no facilita el aprendizaje de actitudes comprometidas con la verdad, sino todo lo contrario. Aprendemos en cabeza ajena que la victoria de David sobre Goliat es un cuento bíblico que nada tiene que ver con realidad.

Así, sabemos que combatir con desiguales fuerzas sólo conduce a la derrota del más débil, porque la diferencia se resuelve siempre a favor del corpulento, por mucho que el primero corra o se enrosque impotente en el rincón, mientras el equipo de matones al servicio del patrón le rompe los huesos a puñetazos.

Quienes han sufrido flagelaciones injustas, saben bien de qué hablo, pero los que no hayan sido todavía abofeteados han de saber lo que sufre el fustigado cuando el poder agrieta cínicamente la vida de un honrado ciudadano y además envía a la papelera las réplicas del ofendido ocultando al público su verdad, al tiempo que sigue apaleándole hasta dejarlo noqueado en el suelo sin concederle la palabra, envuelto en la mayor indefensión y lamiéndose las heridas con impotencia y dolida frustración.

Sabed todos que la coz al aguijón concluye siempre con la cojera perpetua del ingenuo mentecato en su intento por dañar el puntiagudo acero de la maldad contenida en el poderoso, que no tolera ni el roce de la más leve insinuación.

Enseña la vida que la denuncia pública del trampero concluye siempre con la ruina del monigote. Pero también advierte que la manipulación es preludio del insomnio porque la vileza de quien la practica sólo merece el descanso eterno.

A pesar de tales riesgos, ha llegado el momento de levantar las alfombras institucionales y desempolvar la verdad, aún a costa de los latigazos que espera a quienes lo hagan.

Es tiempo de convertir la mentira oficial en verdad pública, mostrando al mundo la mierda oculta en bastidores, porque el engaño sólo beneficia a quien practica tan detestable oficio, merecedor del mayor desprecio por parte de la gente honrada.

Es tiempo de liberar temerosas cadenas que someten la voluntad de los débiles a la fuerza de los dominantes, ahogando en el mutismo sus denuncias.

Es tiempo de airear la podredumbre, corrupción, cambalaches, maldades y envidias, que deambulan por mesas de negociación, redacciones de periódicos, consejos de administración y despachos políticos.

Es tiempo de señalar públicamente con el dedo a los protagonistas de la miseria moral que se extiende imparable por la sociedad, con una impunidad que sorprende al espíritu más ingenuo.

Es tiempo de pedir a los medios de comunicación que rompan el pacto de silencio y abran las ventanas al pueblo para que éste pueda  arrojar al vertedero la porquería que guardan en los cajones.

Es tiempo de confiar en que los honrados militantes de los partidos rompan la disciplina y levanten la veda que les prohíbe denunciar las corruptelas internas, dejando al pairo a compañeros enviciados que tanto daño hacen a la honradez de muchos.

Ha llegado la hora de que honestos vecinos pierdan el miedo a la fumigación por decir palabras elevadas en decibelios, más allá de lo autorizado por quienes dominan la sociedad.

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