ECONOSUYA

ECONOSUYA

Viendo las escenas de apaleamiento policial a jóvenes valencianos por demandar tonterías como calefacción en las aulas y tiza en la pizarras, – mientras Fabra y Camps siguen pisando moquetas públicas y ocupando sillones oficiales de tercipelo -, tomo papel, lápiz y calculadora para hacer cuentas sobre la econosuya de estos líderes democráticos. Sólo dos gastos, ya que para muestra vale con un botón y dos ojales.

Quiero preguntar a los votantes populares del país valenciano si prefieren disfrutar paseando por un aeropuerto inservible y aplaudir carreras de Fórmula-I o tener cubiertas necesidades básicas elementales. Y se lo pregunto por si se les ocurre acercarse a los colegios electorales para meter su papeleta en las urnas  en  próximas elecciones.

Supongo que todos los ciudadanos levantinos saben que ellos pagaron 180 millones de euros por el aeropuerto de Castellón y 244 millones por las siete carreras de Fórmula-I que allí se celebraron. Pero lo que tal vez no sepan es que con esos 424 millones de euros se podían haber construido 7.000 viviendas de protección oficial de 100 metros cuadrados útiles, cada una. O que hubieran levantado 40 hospitales con servicios fundamentales para atender a 20000 habitantes; o 100 residencias para albergar a 120 mayores de 65 años, cada una; o 170 colegios de Primaria para 675 alumnos; o 90 Institutos de Secundaria con ESO, Bachillerato y Ciclos para 1500 alumnos cada uno; o que hubieran repartido 200.000 becas de ayuda compensatoria para familias necesitadas; o que hubieran creado 70 centros de investigación y desarrollo en comunicaciones, por ejemplo.

Si alguien quiere seguir haciendo cuentas, les recuerdo que otros 120 millones se fueron por las alcantarillas de la trama de basura y urbanismo en Alicante; 40 millones en la empresa de depuración de valenciana; 30 millones en la visita del Papa; 15 millones en la maqueta de Calatrava; ¿sigo con el parque de atracciones, los estudios de cine, la Ciudad de las Artes, etc?

Digo esto por si los levantinos quieren tenerlo en cuenta dentro de unos años cuando tengan que elegir a sus representantes y administradores públicos. Estas son las cuentas, y no otras. Esta es la realidad, y no los cantos de sirena que ahora entonan quienes les piden sangre, sudor y lágrimas.

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