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¡AQUELLOS TIEMPOS DE CÁRCELES…!

¡AQUELLOS TIEMPOS DE CÁRCELES…!

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Viendo correr la impunidad a galope tendido por la piel de toro, sin bridas ni freno que la detenga, espoleada por políticos y sin obstáculos sociales, ni sentencias judiciales condenatorias, ni estancias en alojamientos penitenciarios, sólo cabe añorar la década de los años noventa cuando pasaron una temporada a la sombra personajes de mejor catadura de los que ahora sonríen a los ciudadanos desde la tribuna de la impunidad.

Pusieron sus huellas digitales en la ficha de internos carcelarios, algunos privilegiados dirigentes que hoy no pasarían a la trena porque las togas andan lentas y los tribunales despistados desde que la justicia se ha quitado la venda, desequilibrando la balanza a favor de quienes no merecen favores.

Entre los huéspedes que durmieron en Alcalá-Meco estuvieron Mariano Rubio, Concha, Tamayo y Quesada, por defraudar a la Hacienda Pública a través de Ibercorp, siendo obligado el primero de ellos a dimitir de su cargo como Gobernador del Banco de España, algo que no sucede hoy.

¿Recuerdan ustedes dónde acabaron los que metieron mano en la caja pública de los fondos reservados malversando nuestro dinero? Pues eso. Si hubiera ocurrido hoy, Barrionuevo, Vera y el sinvergüenza de Roldán, estarían paseando impunemente por las calles protegidos por guardaespaldas, como hacen todos los que han estafado a los ciudadanos esquilmando las arcas públicas, sin que nadie se haya atrevido todavía a ponerle el cascabel al gato, es decir, a dictar sentencias en vez de censurar la situación a cencerro tapado.

Impunidad que disfrutarían hoy los banqueros Mario Conde, Romaní, Lasarte y Escolar, que lucieron entonces trajes a rayas por falsear documentos y apropiarse de algunos millones de euros, nada comparables con las cantidades arrapiñadas por los “cajeros” que han arruinado las Cajas de Ahorros, llevándose hasta los lapiceros y desplumando a miles de ciudadanos indefensos, que ven con desesperación como los estafadores viajan en limusina camino de paraísos fiscales.

Por delitos incomparablemente menores a los cometidos por muchos políticos que todavía permanecen en escaños, poltronas y sillones “reales”, no ficticios, el presidente cántabro Hormaechea fue condenado a seis años de prisión y 14 de inhabilitación.

Con estos ejemplos bastan para comprender la indignación del pueblo viendo sonreír en la pantalla con prepotencia insultante a los presuntos: Bárcenas, Rato, Urdangarín, Torres, Cristina,  Camps, Matas, Villegas, Encina, Rivas, Fernández, Álvarez, Iglesia, Orozco, Pujol, Blanco, Tous, Masallés, Millet, Crespo, Cuesta, Berzosa, Carrillo, Blasco, Martín, etc. etc. etc.

TRAPOS SUCIOS

TRAPOS SUCIOS

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Con el inicio de juicios a despreciables políticos, coristas, intermediarios, esposas y dirigentes locales marbellíes, ha comenzado el reguero de trapos sucios que nos espera con «gúrtel», «noos», «eres», «catalunia», «pepiños», «bárcenas», «valensia» y otros, sabiendo que lo más repugnante está por venir.

No es deseable que el pimpampún de acusaciones, declaraciones, ocultaciones y delaciones que se avecina, sea un engañabobos que despiste al personal haciéndole olvidar el mamoneo, mangoneo, politiqueo y amigueo, que han llevado presuntamente a cabo los actuales encausados.

Destapar la cloaca de mangancias, trampancias y estafancias, nos permitirá conocer a cientos de encubridores que guardaron silencio ante lo que pasaba a diario por la puerta de sus despachos y descubrir insospechados cómplices de tan despreciables protagonistas.

Los jueces deben colaborar a que la historia de la corrupción española no se escriba al dictado de tramposos que pretenden correr un tupido velo sobre sus estafas y robos, pero también deben estar atentos a delatores que pongan en marcha el ventilador y tiren de amenazadoras mantas, al grito de «y él más».

Deseamos saber la verdad por disfrazada que se encuentre, confiamos en las togas judiciales para limpiar la podredumbre que muchos han arrojado sobre las Instituciones, esperando que la justicia haga su trabajo sin quitarse la venda ni desequilibrar la balanza, porque en ello va el futuro de la democracia, el honor institucional y la dignidad de un pueblo mancillado por cuatreros de guante blanco que han robado dinero común, despilfarrado el patrimonio de todos y condenado a la miseria a muchos ciudadanos.

ECONOSUYA

ECONOSUYA

Viendo las escenas de apaleamiento policial a jóvenes valencianos por demandar tonterías como calefacción en las aulas y tiza en la pizarras, – mientras Fabra y Camps siguen pisando moquetas públicas y ocupando sillones oficiales de tercipelo -, tomo papel, lápiz y calculadora para hacer cuentas sobre la econosuya de estos líderes democráticos. Sólo dos gastos, ya que para muestra vale con un botón y dos ojales.

Quiero preguntar a los votantes populares del país valenciano si prefieren disfrutar paseando por un aeropuerto inservible y aplaudir carreras de Fórmula-I o tener cubiertas necesidades básicas elementales. Y se lo pregunto por si se les ocurre acercarse a los colegios electorales para meter su papeleta en las urnas  en  próximas elecciones.

Supongo que todos los ciudadanos levantinos saben que ellos pagaron 180 millones de euros por el aeropuerto de Castellón y 244 millones por las siete carreras de Fórmula-I que allí se celebraron. Pero lo que tal vez no sepan es que con esos 424 millones de euros se podían haber construido 7.000 viviendas de protección oficial de 100 metros cuadrados útiles, cada una. O que hubieran levantado 40 hospitales con servicios fundamentales para atender a 20000 habitantes; o 100 residencias para albergar a 120 mayores de 65 años, cada una; o 170 colegios de Primaria para 675 alumnos; o 90 Institutos de Secundaria con ESO, Bachillerato y Ciclos para 1500 alumnos cada uno; o que hubieran repartido 200.000 becas de ayuda compensatoria para familias necesitadas; o que hubieran creado 70 centros de investigación y desarrollo en comunicaciones, por ejemplo.

Si alguien quiere seguir haciendo cuentas, les recuerdo que otros 120 millones se fueron por las alcantarillas de la trama de basura y urbanismo en Alicante; 40 millones en la empresa de depuración de valenciana; 30 millones en la visita del Papa; 15 millones en la maqueta de Calatrava; ¿sigo con el parque de atracciones, los estudios de cine, la Ciudad de las Artes, etc?

Digo esto por si los levantinos quieren tenerlo en cuenta dentro de unos años cuando tengan que elegir a sus representantes y administradores públicos. Estas son las cuentas, y no otras. Esta es la realidad, y no los cantos de sirena que ahora entonan quienes les piden sangre, sudor y lágrimas.

ANULACIÓN DE SENTENCIA

ANULACIÓN DE SENTENCIA

He leído con atención el texto manuscrito de 16 folios correspondiente al acta del jurado en el que se declara inocente a Francisco Camps por cinco votos contra cuatro y he quedado estupefacto con la lectura del escrito.

La escritura iletrada, la torpe caligrafía, la carencia de horizontalidad en los renglones, la dispersión de signos de puntuación, la defectuosa redacción, la ofuscación conceptual y las faltas de ortografía, evidencian un analfabetismo en los nueve miembros que firman el escrito, digna de formar parte del libro Guinness de records anticulturales.

Espantado ante lo que terminaba de leer me fui directo a la Ley del Tribunal del Jurado para informarme de los requisitos exigidos a los miembros y la forma de nombrarlos, comprobando en su Art. 2 .1 que el jurado se compone de nueve miembros y un Magistrado integrante de la Audiencia Provincial, que lo presidirá. Y su Art. 8 informa que para ser jurado se necesita, entre otras cosas, saber leer y escribir.

Bien, pues dos reflexiones:

1ª. Pedir sanción para el Magistrado presidente del Jurado por permitir que semejante bazofia literaria saliera de la reunión.

2ª. Anular la sentencia porque los miembros del jurado no cumplían el requisito de saber leer y escribir.

Pasan de 40 las faltas de ortografía. Los signos de puntuación se han tirado sobre el texto desde la ventana de la ignorancia. La redacción sonroja a los ornitorrincos. Las frases patean la gramática. Y los conceptos han puesto vertical el horizonte.

En mi larguísima vida de profesor jamás vi cosa igual, ni tanto me he horrorizado. Un profundo escalofrío ha recorrido mi médula espinal al pensar que el destino de muchas personas puede depender de nueve analfabetos funcionales apoyados por un tribunal que acepta gustosamente un acta cuyo destino es el estercolero y la anulación del juicio por incumplimiento de los requisitos exigidos a los miembros del jurado.

¿ RESTABLECER EL HONOR ?

¿ RESTABLECER EL HONOR ?

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Pregunta la presidenta de Castilla la Mancha, Secretaria General del Partido Popular y miembro del selecto Club Bilderberg, quién va a reponer la honorabilidad de Francisco Camps, sin darse cuenta que la pregunta no tiene respuesta cuando el honor se ha perdido, regalo a regalo, en una ruta comercial que causará espanto en los españoles cuando se sepa toda la verdad.

Una cosa es que se hayan sustanciado las responsabilidades penales del señor Camps y otra pretender convertirle en hombre de honor, después de todo lo que hemos visto y oído en el juicio oral, donde hasta las ranas de la Albufera han enrojecido de vergüenza.

Juicio en el que un ciudadano, ¡un sólo ciudadano!, ha decidido la inocencia del acusado, porque si uno de los cinco votos a favor se hubiera ido al otro plato de la balanza, estaríamos hablando de algo diferente. Pero así es la justicia y así la acatamos quienes creemos en el Estado de derecho, aunque algunas sentencias nos obstruyan las glándulas sudoríparas con el sarpullido.

No puede reponerse el honor de quien mintió en las Cortes valencianas y reiteró varias veces la mentira a sus votantes, a los ciudadanos, a los ángeles y a los arcángeles, afirmando no conocer al conseguidor, cuando hemos visto que era su “amiguito del alma” al que quería «un huevo».

Esto lo ha comprendido muy bien su compañero en el banquillo de los acusados al no expresar la alegría que con torpe descaro mostró Camps al oír la sentencia, sin tener en cuenta el desprecio que la población honrada ha sentido oyendo sus conversaciones telefónicas con el “bigotes”, apenas consolado por las “hostias” que le ofreció a este “gilipollas”.

Como dijo Pedro Crespo, el honorable alcalde de Zalamea, “el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios”, obligando Yahveh en su octavo mandato a quienes invocan su nombre, – como hizo Camps al oír la sentencia -, a no decir testimonio falso ni mentir.

Ser o no ser, dijo el príncipe de Dinamarca, y el expresidente valenciano ha demostrado “no ser”, porque un hombre de honor no miente ni engaña, dice la verdad, no falsea la realidad y da la cara aunque se la partan.

Los políticos siguen empeñados en convencernos que en la sociedad no hay más reglamento que el código penal, olvidando que somos millones los que seguiremos defendiendo que por encima de la ley jurídica están los códigos éticos y morales que ellos pretenden desterrar.

No, señora Cospedal, Francisco Camps no puede ser rehabilitado ni puede entregársele gratuitamente el honor que ha perdido, sencillamente por eso, porque lo ha perdido y nadie sabe dónde está.

ÉL ES ASÍ, SEÑORES DEL JURADO

ÉL ES ASÍ, SEÑORES DEL JURADO

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Así es el pobre Paquito Camps, un hombre enamoradizo, de corazón fácil e ingenuo afecto, que se enamora tiernamente del primero que se cruza en su camino, sin pedirle credenciales de honradez, porque los sinvergüenzas no necesitan pasaportes para el amor fraterno cuando los regalos llaman a la puerta, aunque se aparente desconocer quién ha tocado al timbre.

“Te quiero un huevo” declaraba don Francisco Corleone al bigotudo sastre sin conocerlo, simplemente porque el expresidente es una persona enamoradiza, cariñosa y pródida en adjetivos entrañables. Un ligón, para entendernos, pero incapaz de ligar los trajes que ha lucido a las facturas de los mismos, porque éstas jamás son requeridas por él en las compras que realiza.

Así ha planificado su abogado la defensa de este acusado “porque él es así”, cercano, dicharachero, enemigo de documentos que acrediten pagos efectuados pero amigo, muy amigo, de recibir dádivas, primicias y regalos, a cambio de nada. Siendo, además, capaz de “contar durante toda la vida con la fidelidad” del primer desconocido que le saluda por la calle.

Él es así, señores del jurado, un hombre de letras que no sabe nada de números, aunque haya sido el máximo responsable de la economía pública valenciana.

Él es así, señores del jurado, muy tacaño y racanillo como dice su letrado, que va de gorra por la vida, sin soltar un duro para nada y menos para trajes, claro.

Él es así, señores del jurado, un millonario que sólo ha pagado con tarjeta de crédito una vez en su vida mientras esperaba en el aeropuerto camino de Bruselas.

Él es así, señores del jurado, un hombre que lleva siempre los pantalones caídos debido al peso de las monedas que lleva encima para hacer efectivos los pagos.

Él es así, señores del jurado, “amiguito del alma” de cuantos se mueven a su alrededor, aunque sea la mismísima abogada de la acusación.

Él es así, señores del jurado, un cínico profesional que negó más de tres veces conocer al bigotes, hasta que una grabación y dos fotos evidenciaron su mentira.

Él es así, señores del jurado, un prepotente sin reserva alguna que se ha enfrentado al juez y al fiscal, porque se “entusiasma” con las preguntas que le hacen.

Él es así, señores del jurado, y nadie puede creerse que se haya vendido por “tres trajes”, ya que fueron 12, más zapatos y otros enseres por valor de 14.021 euros.

Él es así, señores del jurado, un político que lleva años insultando el sentido común de todos los ciudadanos desde Finisterre hasta Gata.

Él es así, señores del jurado, un caradura de tomo y lomo al que hay que partirle la cara de una vez para reblandecérsela con una sentencia ejemplar que ayude a regenerar la vida política y aleje de nosotros el pestilente hedor que destila.