CASCOS, LA CASCA

CASCOS, LA CASCA

La decisión del exministro, exdirigente y exmilitante del Partido Popular, Francisco Álvarez Cascos, de poner en manos de los pinceles de Antonio López el retrato que decorará las paredes del Ministerio de Fomento, me parece un error lamentable y creo que Cascos la casca con esa decisión.

No por los 194.000 euros (33 millones de las futuras pesetas) que tanto han escandalizado al personal, por considerarlo un nuevo exceso político de los populares en tiempos de crisis, que viene a dar la razón a los que no pueden  apretarse el cinturón y bajarse al mismo tiempo los pantalones.

No es por eso, no. Se trata de una cantidad de dinero insignificante para la causa, teniendo en cuenta las hazañas realizadas por el homenajeado  para merecer semejante regalo de los ciudadanos, entre las que destacan los encargos que hizo a la galería de arte de su tercera esposa cuando estuvo al frente del Ministerio, que ascendieron a 748.000 euros (125 millones de las futuras pesetas).

Ese no es el problema. El problema es que mi admirado Antonio López es un pintor hiper-realista, que lleva la realidad por encima de sus límites, mostrando la imagen del objeto que pone en su punto de mira más allá de lo que es, descubriendo a los observadores aspectos que estos no perciben a simple vista.

Quiere esto decir que el retrato de Cascos será utilizado por los padres para amenazar a los hijos pequeños que se nieguen a tomar la sopa; provocará pesadillas nocturnas y diurnas en los empleados del Ministerio; no podrá mostrarse a los visitantes sensibles a la belleza;  y se prohibirá la entrada en la sala a los enfermos cardiacos.

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