CAMALEÓNIDES

CAMALEÓNIDES

Los humanos hemos imitado costumbres de animales a lo largo de la historia, pero nunca como ahora se han reproducido actitudes camaleónicas con tanto vigor y fidelidad, por parte de los camaleónides.

Cubrirnos con pieles, golpearnos el pecho implorando el “mea culpa”, guturalizar sonidos y aparearnos al aire libre, son costumbres imitadas que han pasado a segundo plano, desde que los camaleones han tomado posición en jaulas domésticas y terrarios escolares, contaminando de camaleónides los escaños parlamentarios y consejos de administración.

Saurópsidos escamosos que modifican el color de la piel a su antojo para ocultarse, mueven los ojos en todas las direcciones en busca de la presa y alargan con rapidez su pegajosa lengua para cazarla.

De tan pacíficos animalitos, muchos han aprendido a cambiar de chaqueta política según convenga a la cartera. Se han mimetizado en la selva social en busca de carne fresca para alimentarse, nutriendo con ella sus ambiciones de poder y dinero.

Hoy se llama culto a quien mejor oculta el dinero y la miseria moral que le invade. Hoy se dedican vítores y aplausos a culturetas disfrazados de intelectuales. Hoy se venera a predicadores del lenguaje ambiguo, creyendo sus palabras, sin poner atención en los comportamientos que manifiestan y aceptando el falso testimonio de vida que disimulan engolando la voz en púlpitos y tribunas sociales.

Hoy se admira a los usureros condenados en sentencia firme, desviando la vista de su doble contabilidad. Se inclina el tronco ante sujetos que practican doble moral. Se elogian sotanas y capelos de profesionales de la virtud, sin ejemplaridad alguna.

Es hora, pues, de abrir la veda y lanzarnos, ética en mano, a la caza moral de los camaleónides que infestan las Instituciones y las cúpulas sociales.

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