Sueñan los emigrantes al sur del Sahara con tierras de promisión que alejen sus estómagos de la hambruna y terminan desgarrados en concertinas, colgando en ellas el sueño redentor de la indigencia. Su delito: nacer en el sur. Su ambición: sobrevivir. Su pecado: ninguno. Su error: dejarse engañar. Su ingenuidad: confiar en otros hombres. Su esperanza: comer algo cada día. Su destino: la pobreza. Su realidad: el fracaso en la redención de la injusta indigencia que los condena, en un mundo sobrado de alimento recursos para todos.

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