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Año: 2011

LENGUAJOLLE

LENGUAJOLLE

LENGUAJOLLE

No se puede negar que haya otros mundos en este que vivimos, y parece una memez – por obvio – reconocer la existencia de diferentes idiomas reglados de comunicación. Incluso puede aceptarse el mestizaje de lenguas como patentizan quienes hablan el hispaninglis con gran soltura.

También satisface el enriquecimiento del castellano con vocablos profesionales pertenecientes a los distintos gremios, algo que incrementa dignamente el diccionario, de manera especial en el campo de las nuevas tecnologías informáticas.

Evitando referirnos al lenguaje empleado por grupos específicos como mercheros, gitanos, roqueros, punkis, y otros sociodialécticos marginales, quiero referirme al lenguajolle, es decir al nuevo lenguaje que los jóvenes utilizan en la calle para comunicarse con sus coleguillas en presencia física o a través de las microondas de sus teléfonos móviles, utilizando palabras capadas a su gusto para agilizar la comunicación y ahorrar el tiempo que luego tiran por la ventana.

El vocabulario de los jóvenes se reduce a pocos términos, entre los que destacan: tío, vale, rollo, ya, paso, jo, guay, corta, tronco y poco más. También manejan con facilidad palabras como manifa, masoca, fumeta, monki, pijiguáis, pseudogrunge, porreta, travelos, buseto, truño y toda la serie de los “ata”: pegata, cubata, drogata, y bocata. Metiendo antes de papear, después de abrirse al  kely.

Igualmente, utilizan frases de dos o tres palabras como comer el coco,  parkear la troca, estar rayado, dar el cante, echar la peta, tirarse el folio, quedar tuti, chico estuche o porfaplis, que es una asociación simbiótica, lingüística y reiterativa.

A todos ellos, – a estos jóvenes, claro – quiero dejarle este mensaje de móvil para que no me olviden:  Ns vms dsps o ns vms mñn tmb, xo ntp m da xq tkm. A2. xD :p

Terminemos con los extranjerismos, moda dominada por el anglosajón que ha infestado el vocabulario juvenil con términos innecesarios de difícil asimilación, que tienen su correspondiente en el diccionario de la lengua española.

A sí, por ejemplo, quiero deciros que llegué jet-lag del viaje al spa con mi personal trainer de hacer business  y car wash. Como shopping victim que viste fashion fui al oulet con la baguette de backstage  haciendo trekking , donde estaba una blackberry anunciando overbooking porque había talk-show en prime time y carencia de lignerie. Bye

 

REFLEXIONES PRE-ELECTORALES

REFLEXIONES PRE-ELECTORALES

REFLEXIONES PRE-ELECTORALES

En voz baja y sin pretensiones de ser escuchado, pero con la conciencia tranquila de proclamar a los cuatro vientos mi pensamiento, sugiero a los candidatos que no intenten confundir a los electores porque la inteligencia colectiva es avispada y no se deja embaucar con manipulaciones informativas ni quiméricas promesas, por muy firme que sea el poder ejercido por los medios de comunicación. Tal vez por eso, inaugurar obras públicas inconclusas o poner primeras piedras en el vacío durante el periodo pre-electoral, contribuye a desviar el voto de los indecisos hacia la facción opuesta.

Ocultar información, mentir o decir medias verdades es tan deshonesto como peligroso para los intereses propios. Igual que limitar las entendederas a privados dividendos, porque no beneficia ni produce réditos a quien sólo comprende aquello que le conviene.

Responder con evasivas a preguntas concretas, contestar sobre aquello que no se interroga, pretender justificar lo injustificables, aludir a lo que no corresponde y criticar al ausente, no sólo es de mala educación, escaso gusto y poca sensibilidad, si no que además resta papeletas electorales.

La prepotencia y presunción de victoria, puede desterrar a las tinieblas a todos los primos de zumosol por muchas elecciones que hayan ganado hasta ahora. Y debe tenerse en cuenta que limitar libertades, poner cruces en la frente de los disidentes y señalar públicamente con el dedo a los librepensadores, conduce a la rebeldía de los estigmatizados.

Hablar claro obliga a decir la verdad por dura que ésta sea, y es momento de advertir a los votantes que la verdadera crisis no ha empezado, que todos debemos apretar los dientes, que la bonanza no volverá en muchos años, que la salida pasa por trabajar con sacrificio, que debemos estar despiertos ante los especuladores sin escrúpulos y que todo ello será posible si ocupan los escaños los mejores y más capacitados, sin importar el sexo, la militancia ni los juegos de poder individuales o colectivos, sino criterios de competencia profesional, liderazgo natural, conocimientos y experiencia, por encima de todo amiguismo, compraventa de favores o interesadas presiones.

Los aspirantes han de saber que la humildad les llevará más lejos que la soberbia; que el diálogo evitará la confrontación; que la negociación esquivará el rechazo que produce la imposición; que el control evitará la oportunidad del pelotazo; que el sectarismo es preludio de discriminación; el monólogo político, la antesala del cesarismo; el despotismo, comienzo del ocaso; el engaño, fuga de los titubeantes; la manipulación, preámbulo de rebeldía; y el adoctrinamiento certificado de defunción de la libertad de pensamiento y de la razón.

 

OSAMA

OSAMA

OSAMA

Que nadie confunda el prenombre de Bin Laden con el ¡Hosanna! de los Salmos que significa, “sálvanos, por favor”. Pero que todos se pregunten quiénes y por qué pidieron la salvación al fundador de Al Qaeda, pues en la vida lo realmente importante no son las cosas que se hacen, sino el porqué se hacen.

He condenado siempre la muerte de cualquier ser humano a manos de su vecino, luchando contra el empeño de la sinrazón por dominar a los seres racionales que poblamos este territorio común, devastado por guerras desde su nacimiento.

Digámoslo de una vez: el oficio más antiguo no es el de puta, sino el de soldado.

La historia de la Humanidad está jalonada de guerras que amenazan no terminar nunca. Guerras provocadas por demenciados líderes carismáticos que envían jóvenes al matadero, pidiendo cada uno a su Dios la bendición de los estandartes y su intervención en la victoria para aniquilar más fácilmente al enemigo.

No, no me alegra el asesinato de Bin Laden, ni me complace las felicitación de mi gobierno a su homólogo americano porque tenemos abolida la pena de muerte, incluso para el mayor asesino que pudiéramos tener entre nosotros, y porque mi confianza en la redención me impide aplaudir la muerte de un ser humano a manos de otro, por merecido que el condenado tenga ese castigo. Además, el asesinato de Bin Laden no producirá beneficio alguno, sino todo lo contrario, como podemos ver en las caras de los neoyorquinos, de los embajadores y de los viajeros.

Quien considere que con la muerte de tan detestable y mortífero líder va a erradicarse el terrorismo islámico, está equivocado, porque ninguna violencia ideológica concluye con la muerte del líder, que es inmediatamente sustituido por otro de similar condición.

La única forma de terminar con todas las guerras y con el terrorismo es educar a los terrícolas, porque sólo la cultura hará posible el milagro de la reconciliación perpetua. Y hacer esto es fácil: basta dedicar los presupuestos de defensa de todos los países a construir la paz, levantando escuelas y promoviendo industrias donde la miseria tiene su territorio y la ignorancia campa por sus respetos.

Quimérico, ya lo sé, pero dejadme soñar en un mundo feliz, sin hambre ni guerras.

Y tened en cuenta que mientras haya un solo ciudadano convencido que tras su muerte va a disfrutar de una vida eterna junto al dios que determina su creencia, no habrá nada que hacer contra el terrorismo fundamentalista. Y si, además, ser mártir de la causa concede al inmolado privilegios adicionales sobre el resto de los creyentes, siempre habrá alguien dispuesto a rodear su cintura de explosivos para ganar la recompensa divina.

 

ERNESTO SABATO

ERNESTO SABATO

ERNESTO  SABATO

Todas las crónicas han cometido el error de anunciar la muerte del escritor Ernesto Sabato, – al que todos llamamos Sábato -, porque el autor de “El túnel”, “Sobre héroes y tumbas” y “Abaddón el exterminador”, había fallecido ya hacía tiempo, dejándonos su obra literaria colgada en las estanterías domésticas.

Lo que no han voceado bastante los pregoneros ha sido el compromiso ético de este provinciano bonaerense, ejemplo de honestidad y de lucha para que aparecieran los desaparecidos.

Pero este anarcocristiano también ha desaparecido, para desgracia de la raza humana, dejando perpetuamente decapitada la Comisión de Desaparición de Personas, aunque vivan para siempre y mantengan eternamente su vigencia las páginas que dejó escritas en el informe “Nunca más”.

No encuentro mejor forma de expresarle mi respeto y gratitud por su testimonio y fe de vida, que difundir aquí el poema que a él dedico con el título “Mayo tiene una plaza”, que podéis encontrar en la página Poemario de este blog.

 

ANASTROLÁCICO

ANASTROLÁCICO

ANATROLÁCICO

Agradezco en esta entrada al infantil vecino de la pedanía valenciana de Borbotó su esfuerzo por aumentar nuestro vocabulario, ya que las palabras, gestos y actuaciones de este abogado venido a más por el milagro político, ponen en evidencia las limitaciones de nuestro léxico, obligándonos a definir nuevos términos en el diccionario que expliquen sus comportamientos.

La anástrofe es una inversión en el orden de las palabras de una oración para conseguir un determinado efecto, pero si la finalidad pretendida es inducir a error o engañar haciendo afirmaciones falsas con apariencia de verdad, entonces las cosas cambian. Es decir, cuando se intenta hacer bueno un razonamiento falso, la trampa se llama falacia. Por eso la nueva figura literaria que define la actitud de este sofista de nuevo cuño recibe el nombre de anastrolacia, y él, como practicante modélico de tal doctrina polítiquera, que ejerce su oficio ataviado con adefesios benefactores de intereses propios camuflados en donaciones inexistentes, merece llamarse anastrolácico, paradigna del cinismo y la cara cementada.

Para que nos entendamos, si este politiquero en cuentión silogiza con dos premisas diciendo: yo soy político y doy dinero para luchar contra la corrupción, es fácil cometer el error de concluir que quien lo dice es un político honrado, aunque no lo sea, como parece intuir el juez que le investiga, por mucho que el silogismo se empeñe en engañarnos.

Venga, no vamos a ocultar más la noticia. La decisión del presidente de la Generalitat valenciana de enviar seiscientos mil euros a Sudamérica para luchar contra la corrupción, ha provocado un colapso en los centros sanitarios de la comunidad que dirige, bloqueando los servicios de urgencia de los hospitales porque a medio país valenciano se le han desencajado las mandíbulas por las carcajadas que ha provocado su decisión. Y la otra mitad de ciudadanos, incluyendo a sus tiralevitas, están en tratamiento psiquiátrico por la irritación que les ha producido un insulto de tamaña magnitud, habiéndose quedado los sanatorios de la ribera del Turia sin camas libres.

Así son las cosas y así tengo que contarlas a quienes abren cada día esta ventana con la esperanza de encontrar comentarios menos desgraciados, porque a nadie le agrada saber que miles de conciudadanos están en un estado de shock de consecuencias impredecibles.

Ahora queda por saber cuál va a ser la reacción de los afectados cuando recuperen la movilidad de sus mandíbulas y el entendimiento. Pero la lógica mental, el sentido social común y el respeto a uno mismo debería condenar a galeras la arrogancia y el desprecio con el que Paco Enrique fustiga la inteligencia de sus administrados.

No estaría mal que los votantes botaran de una vez a semejante botarate y los militantes populares salvaran la dignidad de un partido que este dirigente no ha sabido mantener, aunque siga gobernando el país de las flores, de la luz y del amor, que tanto ama y disfruta periódicamente quien esto firma, en compañía de los buenos amigos que allí tiene.

 

INMIGRANTES

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INMIGRANTES

La entrada de hoy iba dedicada a una realísima boda de la que no hemos tenido noticia alguna. Ya estaba escrita con ironía y ánima republicana, cuando se cruzó en mi camino el relincho de una señora enviando a su país a dos repartidores extranjeros que buzoneaban propaganda en los portales para llevarse un mendrugo de pan a la boca.

Pedí simplemente a la madama respeto a las personas y al trabajo que hacían, marchando a casa cabizbajo recordando mis largos años de emigrante de lujo y las penalidades sufridas, a pesar de tener asegurada vida fácil, buen salario, apoyo institucional y protección oficial.

Quisiera haberle dicho a tal señora que bajo la piel de aquellos inmigrantes  circulaba su misma sangre, latía idéntico corazón y su alma guardaba los mismos sentimientos. Le hubiera hablado del instinto de supervivencia, del hambre que reseca la piel y le hubiera recordado que algunos de ellos han venido con sus mujeres e hijos. Otros con un amigo para compartir juntos las penas. Y gran parte llegaron solos, huyendo de una obligada bulimia, de enfermedades endémicas y de perpetua miseria en sus países de origen, donde el azar les había condenado a vivir, porque nadie decide la cuna ni expresa siquiera el deseo de venir al mundo.

La señora debe saber que muchos hicieron el viaje en cascarones funerarios, llegando a nosotros con ojos enrojecidos de tanta lágrima, tanto mar y tanto viento, buscando una patria redentora que les redimiera de la pobreza, trayendo sus costumbres, sus canciones, sus bailes, sus juegos, sus dioses, sus imperfecciones, el olor de su tierra y la torpe pericia de un oficio aprendido de sus padres para sobrevivir en un ambiente hostil, donde se abren paso siendo muchos de ellos explotados por mercaderes del infortunio.

Son los inmigrantes trabajadores aptos para cualquier trabajo no cualificado, sin especialidad alguna, ni título acreditado. Expertos en el sacrificio diario y en la renuncia permanente al mínimo lujo, llegando incluso a perder sus nombres al ser deformados en boca de vecinos, patrones, policías y vendedores.

No debe importarnos de donde vienen sino hasta donde podemos llegar juntos, compartiendo el mismo cielo, el mismo pan, el mismo vino, el mismo aire y el mismo suelo, con la misma entrega que nuestros hijos comparten juegos, sonrisas, aficiones y esperanzas con los de ellos, hasta llegar a conquistar unidos el futuro, respetando nuestras mutuas diferencias.

Han venido hasta aquí acortando el indigente camino del dolor a través de océanos y desiertos, con la obsesión de regresar a la tierra que les vio nacer, pero muchos compartirán cementerio con nosotros, siendo llorados por sus compañeros en el idioma natal que conservarán siempre, sin llegar jamás a aprender bien el nuestro, salvando a los que vienen del cono sur americano.

Aquí tendrán hijos y nietos, que curaran a nuestros hijos, proyectarán nuestras casas, fabricarán muebles y cultivarán el trigo que llevará el pan a nuestra mesa, terminando por hermanarse con la tierra de acogida sin olvidar su procedencia y recordando con admiración al abuelo que un día se jugó la vida en la patera o la deportación en la aduana para darle a ellos el futuro que la suerte les había negado.

 

PERIOCISTAS

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PERIOCISTAS

Podemos estar de acuerdo en calificar de escritor/a a toda persona escribe, – aunque muchas de ellas merecerían ser llamadas escribidoras -, porque no existe titulación alguna para actividad tan estimulante y digna.

Pero esto no ocurre con el periodismo, cuyos titulados soportan estoicamente un intrusismo profesional desconocido en otros oficios, viendo como se autocalifican de periodistas personas que no han pisado las aulas, y otras con diplomas universitarios que nada tienen que ver con el periodismo, aunque ejerzan dignamente su trabajo.

Pero no es a estos honrados entrometidos a quienes voy a referirme, sino a los periocistas. Es decir, a los desvergonzados suplantadores de verdaderos periodistas, acrediten o no la titulación exigida para ejercer tan noble ocupación, ya que para desgracia de todos tienen en sus manos un micrófono, una pantalla o una página, desde donde clavan rejones a la sensibilidad y cultura de propios y extraños.

Me refiero a quienes desde la tribuna pontifican con ignorancia, insultan sin reparos, desprecian a disidentes, pervierten argumentos, condenan el pensamiento divergente y ocultan información que no beneficie a sus patrones y/o a ellos mismos, con un descaro que espanta y una impunidad que irrita.

Hablo de los “creadores de opinión” que agitan los peores sentimientos en televidentes, oyentes y lectores, sin tomar nota de las consecuencias que esto tiene para la convivencia social, porque cuando se calienta la sangre de un fanático es difícil encontrar un extintor que apague el fuego fatuo que se propaga entre las cisuras cerebrales por donde circula el éter del resentimiento, la frustración y la venganza.

Aludo a quienes patrocinan y dirigen programas donde los argumentos de los contertulios son silenciados por las interrupciones continuas de los periocistas que comparten la mesa, impidiendo que los adversarios expongan sus razones. Programas donde el grito cobra fuerza de persuasión y el desprecio a otras ideas y opiniones es norma de conducta.

A estos fascistas de nuevo cuño me refiero, y a cuantos los sustentan, porque en una sociedad democrática, que presume de culta y civilizada,  no tienen cabida las soflamas, los libelos, las descalificaciones, los insultos, las injurias, los engaños, las manipulaciones informativas, el cinismo y todo aquello que dificulta el entendimiento, aunque resulte imposible llegar a él, porque no todo vale, a costa de nada.

En su particular cruzada contra el infiel, estos “pequeños talibanes de sacristía” no reparan en gastos y tiran por la ventana todo lo que les estorba, aunque se trate de la dignidad de las personas y de su honor, con una falta de vergüenza que avergüenza, ensartando el estoque hasta la bola, sin valorar las graves consecuencias que sus soflamas pueden tener, al no dejar títere con cabeza que no piense como ellos.