VIRGEN CONDECORADA

VIRGEN CONDECORADA

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El señor Fernández, a la sazón católico ministro del Interior y supernumerario de la Obra de Dios, ha tenido a bien conceder la Medalla de Oro al Mérito Policial a la Virgen Nuestra Señora María Santísima del Amor, maridando así creencias personales con gestión pública, obviando la aconfesionalidad del Estado y contraviniendo la Ley sobre Condecoraciones Policiales, aunque la distinción otorgada tenga carácter honorífico.

Dicha Ley establece en su artículo 4 que para recibir tal medalla es preciso ser miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado o hacer actos relevantes en defensa del orden, de las personas o de la propiedad. Condiciones que dicha Virgen no cumple, salvo que el ministro demuestre al pueblo lo contrario, teniendo en cuenta que los milagros y la intransferible fe religiosa personal no validan intenciones ministeriales.

Por otro lado, en su artículo 5, dicha norma jurídica exige que los receptores de la Medalla concedida a la Virgen, hayan muerto en acto de servicio, sufrido mutilaciones, heridas graves, deformidades o inutilidad, incluyendo también el haber realizado servicios trascendentales que hayan puesto de manifiesto excepcionales cualidades de patriotismo, lealtad y abnegación, actuando ejemplarmente con valor, capacidad, eficacia y extraordinario mérito. Algo sin constancia pública de que haya sido realizado María Santísima del Amor.

Teniendo en cuenta que esta Virgen no reúne los requisitos exigidos por la ley para merecer esa Medalla, parece conveniente retirarle la máxima distinción policial otorgada y entregársela a cualquiera de los policías que se juegan la vida y dejan la piel en su trabajo con esfuerzo, solidaridad y sacrificio, velando por nuestra seguridad y la del templo donde se venera la imagen virginal.

El libro de cabecera de los miembros pertenecientes a la Obra les recuerda en el pensamiento 499 que María Santísima quiso siempre pasar inadvertida, como una más entre todas las mujeres de su pueblo, por lo que rechazaría el protagonismo social y las distinciones políticas. Igualmente, en la reflexión 507 advierte el santo José María a sus seguidores sobre la humildad de la Madre Santa María que no se dejó ver entre las palmas de Jerusalén.

Además, la palabra de Dios desautoriza el maridaje entre leyes humanas y divinas, ordenando a los creyentes (San Mateo, 22,21) dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, por lo que debe resultar poco complaciente para la Virgen esta medalla honorífica, pidiendo la Madre de Cristo a sus fieles que mejor cumplan la doctrina de amor al prójimo predicada por su hijo, donde no tienen cabida las concertinas, ni las mentiras, ni las exclusiones, ni los hacinamientos, ni la represión de quienes piden pan y justicia social evangélica.

4 comentarios en «VIRGEN CONDECORADA»

  1. Yo voy a ser un poco irreverente. Vamos a ver. Para que coño necesita esta Santa Señora Virgen del Amor una tal medalla? No serà el principio de una mas de esas tantas donaciones camufladas tan de moda en nuestro país? Porque supongo que esa gran distinción conlleva una cierta suma anual. A quien beneficia?
    Totalmente de acuerdo contigo Paco. Dar a Dios lo que es de Dios y a Cesar ni una puta perra. iQue se la gane!

  2. Mis queridos amigos: Paco y Urruchi, me vais a permitir, que aún estando a groso modo en total acuerdo con vuestros argumentos, yo no quiero ser irreverente, cuyo significado creo que es, ser respetuoso con las cosas respetables y para mi las «cosas religiosas» son especialmente respetables (me refiero a cualquier confesión religiosa cuyos principios básicamente sean el amor y la solidaridad compartida, de manera especial con todos los semejantes, sin distinción) otra cosa es la aplicación y la buena práctica de «esas cosas», es decir de esos principios, por lo que una vez no cumplidos dejan de ser respetables. Dicho esto, y prescindiendo de argumentos legales yo daría no una medalla, sino todas las medallas y todos los honores mundanos ( metafóricamente hablando) a todas las personas cuya conducta tiende cumplir esos principios sin los cuales la convivencia humana no sería posible, y para mi estaría entre ellas la madre que dio ejemplo de humildad y sencillez conjuntamente con su hijo llamado El Nazareno. No me cabe la menor duda que la Virgen receptora de esa condecoración, din por milagro nos hablara diría: No perdáis el tiempo con halagos con mi persona, gastar el dinero y el tiempo en ayudar mis amigos los necesitados, pero sobre todo sacarles de la pobreza porque vosotros sois los culpables de ella.

  3. Como expolicía y como ser humano debo decir que D. Francisco Blanco Prieto se ha limitado a una exposición acertadísima de lo que la Ley sobre Condecoraciones Policiales decreta. Su punto de vista, además de contar con una exquisited lingüística, alude a una verdad que no necesita de místicos creyentes, mientras que la ignorancia del Ministro del Interior o la santidad de Nuestra Señora María Santísima del Amor cobra fianz en el primero de los implicados o me hace fluctuar en la imagen condecorada.

  4. Prometo ser más consecuente en el futuro con mi ESQUISITEZ ortográfica. Pido perdón a todo el que se haya podido sentir molesto por semejante desliz y muy especialmente al Profesor.

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