UN «NEGRO» PALACIEGO SALVÓ EL QUIJOTE

UN «NEGRO» PALACIEGO SALVÓ EL QUIJOTE

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Que los reyes no son sabios, ignoran mucho, solo leen titulares que les recortan y no escriben sus discursos, es algo sabido por todos, por eso pagan tan buenos sueldos a los “negros” de palacio que los instruyen, dan consejos, leen por ellos y escriben extensas hagiografías reales autorizadas por los monarcas.

Pues bien, gracias a un “negro” palaciego hemos podido disfrutar durante siglos de la segunda parte del Quijote, porque fue este quien puso a la firma de Felipe III la autorización real de impresión, autorizando a Cervantes la publicación de la segunda parte de las andanzas y desventuras del hidalgo caballero.

Afortunadamente, el monarca no hizo amago siquiera de leer la obra del manco de Lepanto, porque de haberlo intentado habría llegado al final de sus días sin pasar de la primera página, pues el ritmo de lectura del monarca era de un renglón por año por cada año bisiesto que pasaba, muriendo Cervantes sin ver impresa su obra, porque sin permiso real no había impresión.

En aquel tiempo, los escritores estaban obligados a entregar sus manuscritos a tres censo-lectores: el del Consejo de Castilla, el vicario de Madrid, – que en este caso delegó en un capellán del arzobispado toledano – y el “negro” de palacio que firmaba la autorización de impresión, si la obra no contenía pasajes que atentaran contra la monarquía y las buenas costumbres del pueblo.

La autorización de impresión llegó a manos de Cervantes firmada un día como hoy de 1615, advirtiendo en su portada que se trataba de la “Segvnda Parte del Ingenioso Cavallero don Qvixote de la Mancha”, a diferencia de la primera parte en que lo llamaba “Hidalgo” porque todavía no había sido armado caballero.

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