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INFELIZ ANIVERSARIO

INFELIZ ANIVERSARIO

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Durante los años de mi infancia y juventud estuvimos obligados a recordar y celebrar el «Día de la victoria», algo que nunca debió ser recordado ni celebrado, porque el 1 de abril de 1939 concluyó una salvaje guerra civil entre vecinos, provocada desde los despachos como todas las guerras, sin contar con quienes pusieron los muertos.

Ese mismo día comenzó la más duradera dictadura militar en España, que tuvo fragmentado el país durante décadas entre vencedores y vencidos, padeciendo los segundos dolores semejantes a los primeros, porque nada hay más triste que una batalla ganada con sangre derramada de los que conviven juntos.

Recordamos el último parte de guerra de aquella barbarie, firmado por el “generalísimo” con su puño y letra en el Cuartel General, anunciando que el ejército “rojo” había sido cautivo y desarmado por las tropas “nacionales”, patrimonializando con orgullo una victoria de la que todo ser vivo con un mínimo sentimiento fraternal se avergonzaría, y cualquier católico evangélico con obligación de amar a sus semejantes, condenaría tal “cruzada”.

Obligados a recordar esa victoriosa victoria durante tantos años, es bueno recordarla hoy para que nunca más vuelva a repetirse semejante disparate ni reproducirse una matanza entre amigos de ciudad, pueblo o barrio, porque esta proximidad y conocimiento personal de los matarifes por ambos bandos, añade un detestable plus de vecindad a toda locura guerrera.

A LA CAZA DEL COLETAS ROJO

A LA CAZA DEL COLETAS ROJO

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Se ha planificado la caza del coletas rojo con una estrategia planificada en despachos que retemblaron la noche electoral viendo el millón doscientas mil coletas de los que quieren «poder», ondeando al viento democrático.

Esto explica los disparos verbales lanzados desde frentes políticos y mediáticos contra la incipiente organización de «poderosos» y el honor de su líder, tras las pasadas elecciones europeas.

La actitud de los cazadores revela un nerviosismo propio de políticos acríticos, prepotentes y confiados, que vuelan sobre una gaviota con el ala quebrada o se tapan las narices por el hedor que desprenden los pétalos mustios de una rosa descolorida.

Los injustificados ataques, graves insultos y profundas descalificaciones hechas a una persona cuyo delito ha sido exponer sus ideas, hace que inevitablemente mi voluntad ampare al vapuleado, cumpliendo así la vocación que siempre he tenido por las causas justas y defensa del débil.

Los perdedores electorales han puesto en marcha una maquinaria político-mediática con el único objetivo de tirar por el suelo un proyecto nuevo, refrescante, renovador y comprometido, que hace temblar las bases de un sistema que solo beneficia a quienes dirigen el cotarro, con el aplauso incomprensible de los sufridores que apoyan la causa que les perjudica.

No he votado a “Podemos”, pero los injustos balazos que están recibiendo sus dirigentes me obligan a blindar las almenas del castillo donde se están fortificando, enviándoles mi aplauso por su aparición en la vida pública y dándoles las gracias por la corriente de aire fresco que nos han enviado a los decepcionados con tanto politiquero sin agremiar que han desprestigiado a los políticos.

No hablamos de los rogelios dóciles y apijotados, sino de profesores universitarios con talento, reflejos intelectuales y destacado expediente académico, que se han tirado al ruedo sin capote ni temor a ser envestidos por un morlaco resabiado que ya ha pasado por todas las plazas políticas y ha ocupado chiqueros en consejos de administración.

Pero estad tranquilos, seudócratas, porque si los votantes son frikis, su líder Pablo Iglesias es proetarra, y el resto de la parentela son ególatras, ayatolás, populistas, chavistas, estafadores y demagogos, entonces no hay nada que temer, porque el pueblo no tiene un pelo de tonto y acabarán votándolos algunos millones más.

ADORMIDERA

ADORMIDERA

Lo que tenía que pasar, pasó. El efecto adormecedor del balompié ha hecho su tarea, bien manejada siempre en dictaduras y democracias, consiguiendo  entumecer al mismo pueblo que veinticuatro horas antes había incendiado las redes sociales con protestas por el rescate bancario que va a pagar, sin que nadie le haya consultado sobre la utilización de su dinero.

La causa del adormecimiento colectivo es una planta de la familia de las deporteveráceas, que tiene hojas alabeadas para deformar la visión de la realidad; color rojo, rojo, pero rojo de la roja, no de hoces y martillos; flores con pétalos donde colgar la frustración; y frutos capsulares indehiscentes para esconder en ellos la indignación entontecida.

La planta de la que hablo es originaria de occidente, se cultiva en jardines televisivos y por escisiones con tijeras recortantes en las cápsulas rojas de su fruto se extraen los goles causantes de la sedación universal, aunque esta vez el corte no haya sido profundo, impidiendo rescatar totalmente al pueblo de la postración en la que se encuentra por abuso del Gobierno sobre el patrimonio común.

Han fallado los balompédicos atletas, y el desconsuelo de la marea roja empatando con la squadra azzurra, ha empañado con decepción la victoria que usureros, desahuciados, politiqueros, empresarios, parados y trabajadores, habían anticipado con excesivo optimismo, mientras pastaban juntos en el césped , llevados por la necesidad de un rescate moral.

Habría bastado un regate acertado, un cabezazo en su sitio, una portería más grande o  un puntapié afortunado, para que el balón rompiera la red donde nos ha pescado el Gobierno, porque no damos la medida que exige la justicia social para la pesca de la especie desprotegida a la pertenecemos todos los ciudadanos, menos el privilegiado grupo de engañabobos que nos esquilma, depredadores que nos devoran y politiqueros que nos engañan.

La sangre roja social viene estos días tiznada con maniobras de distracción y amarillismo, el otro color de la enseña nacional, porque no sólo de disgustos y realidades vive el hombre, sino de sueños que benefician a los jugadores con multimillonarias «primas» que pagamos los «primos».