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CAÑÓN DE LA ESPERANZA

CAÑÓN DE LA ESPERANZA

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Un amigo, que compartió conmigo sinsabores de orfandad y ahora degustamos juntos en la distancia las mieles de la amistad, me dice que lleva sobre los hombros del alma el cañón de la esperanza, siempre dispuesto a lanzar obuses contra todo aquello que pretenda limitar su felicidad.

Amante de la vida, optimista, viajero, enamorado y pacense catalán, lleva su paisanaje hasta los límites de la razón, el buen sentido y la solidaridad, que sus vecinos han olvidado en páginas de la historia alejadas de la realidad vivida por el país hermano, donde habita y comparte buen yantar y mejor libar con amigos del juvenil colpicio.

Cañón de la esperanza que defiende a cañonazo limpio, sabiendo que esa artillería le protege de cualquier ataque a la buenaventura que merece, tras pasar una vida luchando contra el infortunio y esquivando las piedras que la vida puso en su camino, desde aquella malhadada jornada en que la parca hizo presa en su corazón infantil.

Cañón de la esperanza que ofrece a quienes lo necesitan, con la donación que otorga el espíritu generoso de su sonrisa, la bondad acogedora de sus palabras, el estímulo del ánimo que transmite y el deseo de bienestar hacia los que con él se cruzan en la red virtual, pidiéndoles que se cuiden y guarden de la desgracia.

ISAAC DÍAZ PARDO

ISAAC DÍAZ PARDO

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Isaac Díaz Pardo fue un pintor, porcelanista, diseñador, empresario, intelectual y galleguista vocacional que hoy cumpliría 93 años, si la parca no se hubiera detenido a la puerta de su casa hace año y medio, cuando este santiagués aún mantenía pícara sonrisa ante las faldas, agudo sentido del humor, espíritu libertario y ganas de vivir, como acreditan sus entrañable arcángeles custodios, Ángeles y Maite.

Este soñador del arte, creador de belleza, padrino de Sargadelos y antifranquista, oyó sobrecogido los disparos del pelotón de fusilamiento que perforó el cuerpo del pintor y escenógrafo Camilo Díaz al comienzo de la guerra incivil, dejando huérfano a Isaac, en plena adolescencia, cuando media España sojuzgaba España entera.

Quede su biografía en las páginas de la historia, la medalla de oro a las Bellas Artes en la estantería y déjenme recordar con sus palabras que Picasso no hizo nunca porcelana, sino cerámica, considerando el artista gallego que la cerámica del siglo XVIII era arte de repostería con tantas flores y encajes, blandos y artificiosos, que le restaban el valor que pretendían darle los artistas de Sèvres, Limoges, Dresde y Copenhague.

Opinaba Isaac que la pintura nació en el Renacimiento italiano con Massacio, Fra Filippo y luego Tintoretto, valorando a Goya como el más grande entre todos y estimando a los impresionistas franceses, pero sin conceder mérito ni respeto a Salvador Dalí, de quien hablaba literal y reiteradamente diciendo que “tenía más cuento que Calleja”.

Pintor de hermosos cuadros y porcelanas de increíble belleza, fueron los retratos un tormento para él. Pero pocos saben que su hermanamiento con la porcelana fue casual, pues sin pretenderlo, ni buscarlo, se encontró con ella mientras iba detrás de la cerámica, añadiendo al caolín de Castro algo de cuarzo en su pazo de Samoedo, cuando no había cumplido los treinta años.

Hombre honrado, luchador por la libertad, defensor del galleguismo, valiente, comprometido y solidario, que fue engañado por su hombre de confianza y retirada su foto de los corazones familiares cuando esperaba en la estación término la llegada del tren para el gran viaje.

TRAIDORES TRAÍDOS

TRAIDORES TRAÍDOS

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Muchos políticos que trajeron la democracia a este país, se encuentran hoy en paradero desconocido y alejados de poltronas institucionales, dedicados a otros oficios, hartos de ver miseria debajo de las alfombras oficiales, gozando de la jubilación política anticipada, aquejados de alguna enfermedad o desaparecidos tras la visita inoportuna de la parca.

Hoy mamonean en la teta pública muchos políticos que eran niños cuando los demás ponían el despertador a la democracia; otros estaban escondidos en las alcantarillas sin dar la cara, preparando el arnés de trepadores; y muchos de los actuales politiqueros fueron traídos por la democracia a las Instituciones públicas.

La diferencia entre quienes trajeron la democracia y los que fueron traídos por ella, es que en los primeros dominaba el interés por la democratización del país, y entre los segundos predomina la afición al chupeteo político, a la mentira institucional, al insulto permanente y al desprecio democrático.

Podría dar nombres de viejos luchadores por la paz, soñadores de libertades y defensores de derechos ciudadanos, a quienes el compromiso político les salió demasiado caro en el terreno personal, con quebrantamiento de su patrimonio y menguando ingresos, obligándoles a dejar clientes a la puerta de los despachos y pacientes en la sala de espera, al tiempo que renunciaban a privilegios que hoy disfrutan quienes no los merecen.

Los desencantados con esta pseudocracia que han impuesto los traidores llegados a la política por la democracia que conquistaron quienes lucharon por ella, van por el mundo cabizbajos, indignados y decepcionados con las actuaciones antidemocráticas y opacas de los sustitutos, que dilapidan el patrimonio de honestidad y entrega legado por el romanticismo militante de los viejos políticos.

IN MEMORIAM

IN MEMORIAM

Seguirá siempre con nosotros el novelista mexicano Carlos Fuentes, aunque la parca detuviera ayer los pasos de forma inesperada a la puerta de su casa, para llevarse de un tajo los 83 años de vida que pasó boxeando con las palabras.

No ha muerto Carlos Fuentes por mucho que las agencias de noticias se empeñen en difundir la mala nueva de su fallecimiento, las notas necrológicas inunden los periódicos y la red quede bloqueada con recuerdos a él, como el que hoy ocupa mi bitácora.

En la historia de los premios Cervantes y Príncipe de Asturias quedará la memoria del mejor novelista que México ha dado a la Humanidad y su obra hará inmortal el pensamiento de quien “hubiera matado a Hitler con gusto”.

 El sureño barrio de San Jerónimo enmudece hoy y las colas a la puerta de su casa hablan de la resurrección en la memoria colectiva de quien nos contó como nadie supo hacer, “La muerte de Artemio Cruz”, hablándonos de “Terra nostra” para hacer de su tierra la patria común de todos.

Amó tanto a su país que mantuvo la crítica al nacionalismo oficial durante años, censurando todo aquello que no beneficiaba a su patria adoptiva, tierra de sus padres, y supo mantener la dignidad del pensamiento hasta que sus esperanzas se diluyeron en la hemorragia interna que se lo ha llevado por delante.

Vivirá Carlos Fuentes entre nosotros mientras haya ojos que lean, mentes que piensen y corazones que sientan. Vivirá y nuestra gratitud será eterna, porque inmortal es su legado.

AMÉN

AMÉN

El valor de esta palabra semítica cierra todas las oraciones, plegarias y devociones de los oradores, para que sus alabanzas, peticiones y súplicas se cumplan, rogando a quien corresponda que “así sea”.

Pues eso, que así sea, ya que no puede ser de otra manera, por mucho que nos mordamos el alma de dolor ante la despedida final de una vida, sin que a la “enemiga fiel” le importe demasiado el eterno deseo humano de sobrevivencia, tan socorrido para distintas religiones.

El poeta de Tábara sabía pocas cosas, y era verdad. Pero tuvo como cierto que el miedo del hombre había inventado todos los cuentos, y que con cuentos enterramos los huesos de los vecinos, como no hace mucho tuvimos que hacer un grupo de amigos con alguien que se nos fue.

Inoportuna es toda muerte, pero más cuando la propia vida apenas ha comenzado a florecer en el capullo que la parca siega sin consideración alguna, ebria de vanidad, y exhibiendo un poder inmerecido que a todos fustiga.

Pero no se lleva la peor parte quien viaja hacia la nada de donde procedemos, sino los desheredados que aquí quedamos ocupando un asiento en la sala de espera de la estación término, a la que llegamos en el mismo instante de nuestro nacimiento.

Traidora, que no anticipa su presencia para sorprendernos como hace siempre, la muerte merece desprecio y censura por su mala educación. No es propio de señoras que se precien, entrar en casa ajena por la ventana y llevarse lo que a otros pertenece, sin pedir autorización a los propietarios de las vidas que hurta impunemente.

Por eso, cuando la parca golpea la piel de un alma desprevenida, no hay redención posible. Sólo dolor apenas consolado unas horas por la compañía de los amigos que lloramos nuestra propia muerte, sabiendo que todos estamos a la puerta del abismo, sin atrevernos a dar el paso definitivo hasta que el destino nos empuje, según dice el cuento, a la felicidad eterna.

¿Por qué entonces tanto dolor, si quien abandona este mundo lo hace por voluntad divina para gozar eternamente de la más inalcanzable felicidad? ¿Por qué tanta lágrima si en tiempo breve volveremos a encontrarnos con los desaparecidos  en inimaginables paraísos, permaneciendo ya juntos varias eternidades? Si alguien tiene respuestas que nos las dé, porque de lo contrario seguiremos dudando de inescrutables designios celestiales y pensando que la historia humana está jalonada de cuentos alojados en la sinrazón de una credulidad increíble.

Tal vez por eso, cuando alguien se nos va llega a nosotros San Manuel Bueno con el hisopo en la mano dispersando agua bendita sobre su propio escepticismo y recitando una plegaria, mientras el ejecutivo se afloja nervioso la corbata; el vagabundo levanta desconsolado la cabeza del escaño; el solitario busca una huella en sentido opuesto; el carcelero olvida las llaves en la celda que vigila; el mendigo anota la hora para calcular el tiempo de espera; el militar, arrepentido, se quita las espuelas; el arzobispo, decepcionado, cede su báculo; el enamorado desespera por la desesperanza que le espera; el intelectual dispersa las palabras del libro sagrado; el moribundo baja resignado la escalera; el maestro, al fin, cierra el catecismo en silencio,  ….y calla.