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PEATONALIZACIONES

PEATONALIZACIONES

Aunque haya poco más que decir, pues lo evidente no necesita explicación, conviene recordar que Salamanca es ciudad renacentista Patrimonio de la Humanidad y Capital Cultural Europea, hecha para pasear y concebida para conversar y pensar deambulando entre sus calles y plazuelas, por mucho que la prisa urbana y los vehículos impulsados por motores de combustión interna de dos o cuatro tiempos se empeñen en lo contrario.

Esta degustación artística del céntrico casco antiguo de la ciudad, exige alejar del salmantino museo al aire libre que exhibe nuestra ciudad, las máquinas que todo lo contaminan y trastornan con sus ruidos, humos y vibraciones, salvando los vehículos dedicados a servicios públicos, suministros y transporte de enfermos, así como el acceso restringido a ciudadanos con aparcamiento propio en esa zona.

Ya se han dado los primeros pasos en tal sentido con más timidez que valentía, siendo el momento de pedir un segundo esfuerzo en la peatonalización total del distrito central de la ciudad, porque la Salamanca monumental es uno de los museos al aire libre más importante de todas las urbes del orbe.

Tal museo hay que cuidarlo, porque la piedra dorada responsable de esa belleza, no aguanta todo lo que se le eche encima ni está para más humos, temblores y atropellos; porque la ciudad puede recorrerse andando de un extremo a otro en media hora; y porque los motores de combustión son artilugios que deben usarse para los fines que fueron concebidos y no para contaminar la salud, zarandear el patrimonio artístico común y perturbar la pacífica convivencia ciudadana.

“¿Y las bicicletas que van por libre en zonas peatonales?”, -preguntaba un amigo en la tertulia donde hablábamos de estas cosas mientras paseábamos por la Gran Plaza, cuando un biciclo nos embistió. “Pues que no tendrán carril propio en esas zonas hasta que se lleven por delante a un imprevisible infante o torpe anciano, a las portadas de los periódicos o cabeceras de los noticieros, con el luto en la solapa”.

DICTADURA EMPRESARIAL MOTORIZADA

DICTADURA EMPRESARIAL MOTORIZADA

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El dominio que tuvieron durante muchos años los caminos de hierro por donde circulaban trenes y tranvías, dio paso a la dictadura del motor de cuatro tiempos, cuando se abrazaron Henry Ford, Harvey Firestone y Rockefeller, sellando un pacto para desterrar los railes e imponer el dominio del asfalto para los vehículos que salieran de sus fábricas de motores y neumáticos.

Lo que en principio fue un negocio menor, se multiplicó cuando se unieron a ese trío de fabricantes las empresas productoras del petróleo, encargadas de extraer y transformar el crudo en combustible para ser quemado en los motores que salían de la Ford Motor Company, rodando sobre neumáticos de caucho procedente de Firestone Tire and Rubber Company.

El resultado de aquel abrazo empresarial es bien conocido desde el Ártico al Antártico: infinitas millas de carreteras, surtidores de gasolina en el Cañón del Colorado, millones de kilómetros de autopistas, contaminación atmosférica progresiva y más muertos que en la guerra del Peloponeso.

La British Petroleum se puso a la cabeza en el ranking mundial de grupos industriales, seguida por la General Motors americana, dominando ambas los gobiernos, Universidades y entidades bancarias, al tiempo que coagulaban cualquier proyecto de investigación alternativo a sus motores y explotaciones petrolíferas, que hicieron megamultimillonarios sus beneficios empresariales.