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Etiqueta: luces

NOCHEMALA

NOCHEMALA

Hagamos público esta Nochebuena nuestro recuerdo a quienes vivirán otra nochemala, sin haber nada para merecerla, por culpa del azar que los trajo a la vida en pobre cuna, o por capricho del injusto destino que embridó su historia personal, encristalándola en espacio de dolor, abandono y soledad.

Apaguemos un minuto las multicolores luces artificiales que iluminan las calles, para ver la penumbra de las velas en los campos de refugiados, enlodados por lluvia mezclada con llanto de los expatriados.

Vaciemos por un minuto los presuntuosos escaparates de superfluo lujo, y pongamos sobre ellos la manta cálida del recuerdo a quienes duermen en portales, bancos municipales, andenes de estaciones o chabolas al descubierto.

Acallemos los mostradores comerciales dominados por la extravagancia del despilfarro, y pongamos sobre ellos el rostro de los sinrostro, enlagrimado de dolor y miedo a la subsistencia más allá del siguiente minuto de su vida.

Silenciemos los altavoces que jalean con zambombas y panderetas villancicos que cantamos un día con quienes se anticiparon a nosotros en el gran viaje, y saquemos de los cajones las fotos en sepia para abrazarlos.

Pongamos sordina a los brindis por la salud, y acerquémonos al silencio opaco de los hospitales donde se apiñan familiares en torno al enfermo cuyas enloquecidas células caminan sin rumbo, poniendo en entredicho su vida.

Demos, finalmente, continuidad a esta noche de fraternidad compartida, que llega a nosotros con billete urgente de vuelta a la inevitable realidad de cada día, sin renunciar a sentar en nuestra vida a quienes no tienen mesa donde sentarse, ni afanes que compartir, ni amigos para estrechar, porque el amor ha pasado de largo por su puerta negándose a habitar entre ellos.

EMBAUCADORAS LUCES Y ESCAPARATES

EMBAUCADORAS LUCES Y ESCAPARATES

Ya lucen arcos multicolores las calles con caprichosas formas, jugueteo de campanas, espirales, palmeras y nevadas lágrimas cayendo desdibujadas en la niebla, junto a luminosos escaparates comerciales seduciendo con guiños las voluntades de infantes, jóvenes y adultos, que rompen a golpes antojadizos la hucha extraordinaria de Navidad.

Se avecinan días consumistas, herederos directos del sempiterno gasto navideño, albaceas de antiguas bonanzas económicas y testaferros de créditos bancarios para alcanzar lo inalcanzable con escalera prestada, pretexto de veleidades propias de tiempos bíblicos de vacas gordas.

Están llamando a la puerta las mojigangas, los protocolarios deseos de felicidad y las teatrales escenas navideñas con figurantes ridículos y extravagantes alardeos de solidaridad, mientras la realidad desnuda de la miseria merodea los arrabales, zulos y chabolas, soportando el desprecio de los escaparates.

Banal consumismo que nos invade en tiempos de penuria para tantos frustrados vecinos, sin opción a participar en el teatro de vanidades, donde muchos se deslizan por el tobogán sobreabundante del despilfarro con crampones familiares, dispuestos a subir la pared congelada que acecha tras el dominico Raimundo de Peñafort.

La prestigiosa dramaturgia hispana se encontrará en pocos días afectada por febril ataque de compulsivo dispendio, sin moderación, cordura, ni estilo, porque los genes y hábitos adquiridos durante años obligan a ello, aunque muchos terminen colgados del abismo en la vertical de enero.

Pocos detectarán las “morcillas” en los textos publicitarios, porque lo más real será el espectáculo de títeres y marionetas que representaran a diario quienes se dejan manipular por los tramoyistas que mueven entre bambalinas los hilos de sus incondicionales polichinelas.