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Etiqueta: inquisidores

PRIMER AUTO DE FE

PRIMER AUTO DE FE

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Un día como hoy de 1481 se enfrentaron por primera vez inquisidores y herejes en una plaza sevillana, para que estos adjuraran de sus pecados y se reconciliaran con la Iglesia Católica, como testimonio aleccionador para los osados creyentes que se atrevieron a decir algo en contra de la doctrina oficial.

Si las justificaciones del acusado durante el Auto de Fe no satisfacían a los oyentes que presenciaban tan humillante, injusto y temible espectáculo, el reo era conducido ante el tribunal inquisidor que sentenciaba al culpable a tortura, hoguera o estrangulamiento por malpensante y hereje.

Tan detestables ceremonias debieron resultar divertidas a los inquisidores y asistentes al deplorable espectáculo, pues esa primera experiencia fue repitiéndose por diferentes ciudades y pueblos durante siglos, para regocijo de inquisidores y monarcas abducidos por la religión católica.

Aquel primer Auto de Fe celebrado en Sevilla acabó con seis herejes acusados de un gravísimo delito contra la Humanidad, pues eran falsos conversos judaizantes, es decir, despreciables hebreos que habían fingido convertirse al catolicismo, pero mantenían sus costumbres, ritos y tradiciones judías.

Uno de los ajusticiados en la horca de Buena Vista fue el conspirador millonario Diego de Susón, delatado por su hija Susona, pagando con su vida el dinero y los bienes que le fueron confiscados por la Iglesia tras ser ejecutado, mientras su hija confesaba arrepentida su pecado y se retiraba a un convento, mereciendo su recuerdo una calle en la toponimia urbana junto al Real Alcázar de Sevilla.

DEJÉMOSLOS EN PAZ

DEJÉMOSLOS EN PAZ

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A la pesadumbre sobre el futuro que soportan los jóvenes, se añaden pequeñas aflicciones provocadas por familiares y amigos con la mejor intención, pero cargadas de pretensiones inútiles porque los sufridores de las amables presiones harán con sus vidas lo que les parezca bien, ya que sólo a ellos pertenece, por mucho que algunos nos empeñemos en lo contrario.

Así, al joven soltero y sin novia se le requiere con insistencia la necesidad de tener una compañera; pero si la joven interrogada es mujer treintañera, la pregunta adquiere tonos de exigencia que van más allá de lo admisible, porque se les pasa el arroz. Sigamos.

En caso de estar cubierto el espacio amoroso por un acompañante, la pregunta se dirige a la fecha de boda entre machaconas sonrisas, hasta que se cumple el deseo de los preguntones, por libre voluntad de los contrayentes, claro.

¿Acaban ahí los interrogatorios?, pues no. Ahora toca preguntar por el hijo que no acaba de venir, hasta que el bebé llega al hogar, sin terminar de complacer con ello a los entrometidos, que insatisfechos con un solo infante, comienzan a demandar el segundo. Y si éste llega, requieren a la pareja el tercero, porque ya viene con el pan bajo el brazo, haciendo numerosa la familia.

El tercer grado amistoso-familiar se complica si el divorcio llama a la puerta, pues las respuestas a las preguntas hechas por los observadores recibirán inicialmente división de opiniones: la separación les parecerá bien a los parientes y amigos de una parte, y mal a los de la parte contraria. Y tiempo después, las actitudes que tome cada uno irán acompañadas de un gesto censor, porque si rehacen la vida con otra persona, algunos observadores dirán que ha sido demasiado pronto. Pero si se retrasan en el tiempo, el reproche vendrá porque están perdiendo oportunidades.

Dicho todo lo anterior, no queda a los sufridores otra opción que mandarnos a fabricar puñetas a todos los inquisidores que les aburrimos con nuestras preguntas, aunque los interrogatorios estén cargados de buenas intenciones.

Dejémoslos, pues, en paz, aunque nos resulte imposible.

CARTA ABIERTA A «ESOS» ¿POLICÍAS?

CARTA ABIERTA A «ESOS» ¿POLICÍAS?

Me gustaría encabezar esta carta con una frase de saludo como es habitual, pero no voy a hacerlo porque a ustedes ni les quiero, ni les estimo, ni les respeto, sino todo lo contrario, les detesto, subestimo y menosprecio, por traerme el recuerdo de 1967 cuando fui salvajemente golpeado por los «grises» en el descampado del Paraninfo de la Ciudad Universitaria por pedir libertad y derechos civiles secuestrados en la dictadura.

No merecen ustedes lucir el uniforme que visten porque sus actitudes pertenecen a otra época y sus comportamientos están más próximos a la chulería y abuso de proxenetas, que a garantes de la seguridad pública como les enseñarían en la academia de Ávila, aunque faltaran a clase ese día por estar durmiendo la borrachera de prepotencia que todavía les dura.

Son ustedes mercenarios de un poder político en decadencia, aunque mantenga la capacidad para explotar el temor, comprando sus voluntades con platos de lentejas. Son ustedes verdugos ejecutores de órdenes dictadas por los mismos inquisidores que les condenan a la pobreza. Son ustedes la mano de hierro de quienes jamás se quitan los guantes blancos. Son ustedes el instrumento que utilizan los beneficiados del sistema para protegerse del pueblo que clama justicia. Son ustedes los que custodian el blindaje económico, social y político de quienes acabarán arrojándoles a las tinieblas.

A los ciudadanos nos queda el consuelo de saber que son minoría entre los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Y sabemos también que ocultan su maldad bajo el cobarde pretexto de la obediencia debida. Pero no engañan a nadie, porque el ensañamiento con que ustedes han actuado, la arbitrariedad de sus detenciones y el abuso de autoridad ejercido, no se justifican bajo el amparo de ninguna orden, por déspota que sea quien dirige sus voluntades.

Los jefes que les pagan el sueldo cada mes con el dinero de los apaleados conocen sobradamente sus limitaciones neuronales. Saben bien que a ustedes les falta valor y les sobra fuerza bruta. Y saben también que carecen de la sensibilidad que les rompa el corazón cuando arrastran por el suelo a un anciano, estrangulan a una joven, pisotean con sus espuelas la mano de alguien ya reducido, aplastan el ojo de un esposado en el suelo o le rompen el tabique nasal a un vecino que lucha por sus derechos.

Derechos constitucionales que están siendo barridos sin justificación alguna, con su inestimable ayuda. Derechos básicos que le llevarían a ustedes y sus familias a tener una vida digna, hoy en peligro porque se la están robando aquellos por los que ustedes le parten la cara a los demás, mientras los responsables brindan con Moet Chandon, sin importarle el llanto indignado que cruje a la puerta, porque ya se encargan ustedes de secar las lágrimas a garrotazo limpio.

Han demostrado con sus actuaciones una incapacidad manifiesta para el ejercicio de la función que tienen encomendada. Han evidenciado una falta de respeto a los derechos ciudadanos merecedora de sanción. Y han castigado tan desproporcionadamente al «enemigo» que ya no hay camino para la reconciliación, por mucho que ahora la obediencia debida hiera sus conciencias, por escasa que sea la moral que profesan.

Avergüenzan ustedes a la gran mayoría de sus compañeros de profesión, porque han hecho estremecer al país con las brutales imágenes de apaleamientos a ciudadanos cuyo delito era pedir justicia, democracia y empleo. Sonroja ver el linchamiento indiscriminado de ciudadanos que esperaban un tren, paseaban por la calle o hacían su trabajo periodístico. Y abochorna ver a sus jefes aplaudir la barbarie que ustedes han protagonizado.

Por ello, merecen el desprecio de los parados, el abucheo de los funcionarios, la crítica de los periodistas, el ultraje de los obreros, la ira de los indignados, las pedradas de los jóvenes, el zapatillazo de las madres, la condena de los desahuciados, la repulsa de los profesores, el desaire de los jubilados, la indiferencia de los médicos y la sentencia de los jueces, pues el ensañamiento de sus actuaciones les excluye de la raza humana.

Quiero recordarles finalmente que la Ley Orgánica 4/2010, de 20 de mayo, del Régimen disciplinario del Cuerpo Nacional de Policía, tipifica como falta muy grave en su Artículo 7, apartados c), d) y o): el abuso de atribuciones que cause grave daño a los ciudadanos; la práctica de tratos inhumanos, degradantes, discriminatorios o vejatorios a los ciudadanos, y la obstaculización grave al ejercicio de las libertades públicas. Y les advierto que estas faltas, según el Artículo 10 de dicha Ley, pueden llevarles a la separación del servicio, a la suspensión de funciones y al traslado forzoso.

Pero ustedes saben que no pasará nada de esto porque los políticos beneficiarios de su violencia les protegerán injustamente con la impunidad que no merecen.

INVERSIÓN DE DOMINIO

INVERSIÓN DE DOMINIO

Se viene diciendo hace años y pocos lo han creído, que a partir del próximo siglo el mundo estará gobernado por mujeres, con lo cual ganarán mucho las generaciones futuras, porque la vida será más amable, habrá mayor bienestar social y estará asegurada la paz.

Pasados los tiempos de dominio de la fuerza bruta. Olvidadas las religiones que condenan las faldas al segundo plano.  Desterradas las leyes que someten las mujeres al macho, llegará la hora del talento, la sensibilidad, la lealtad, la libertad y el dominio de las féminas, aunque hoy todavía se continúe apedreando la infidelidad conyugal de las mujeres en ciertos ámbitos, por confundirla con la infelicidad forzada.

Las sucesoras de quienes fueron estigmatizadas por no llegar vírgenes al matrimonio, hoy consumen anticonceptivos sin esconderse de los inquisidores.

Las descendientes de  mujeres objeto que protagonizaban anuncios en el intermedio de las competiciones, hoy ganan más medallas olímpicas que los machos protectores.

Aquellas que la ley divina ordenaba cortar las manos que agarraban a un hombre por los testículos en defensa propia, hoy responden a las agresiones con leyes civiles.

Las herederas de las despreciadas por parir una hija que eran castigadas con 80 días de suciedad, hoy son un ejemplo de tenacidad y valor.

Las nietas de abuelas que no podían votar ni moverse por el mundo sin autorización de los maridos, hoy defienden la libertad de los hombres.

Las declaradas impuras durante la menstruación, acusadas de transmitir impureza a quienes las tocaran, hoy exhiben orgullosas su disponibilidad a la maternidad.

Las que todavía tienen hoy que demostrar ser doblemente mejores que los hombres en sus puestos de trabajo, lograrán un día desplazarlos de los sillones.

Las romanas que Cicerón sometía a los guardianes masculinos por la debilidad de su intelecto, hoy destacan en las actividades que requieren pensamiento, razón, constancia y reflexión.

Aquellas que para Aristóteles tenían menos dientes y cerebro que los hombres, hoy aprietan los dientes en su lucha por las libertades, con una inteligencia muchos siglos despreciada.